Diario de Westen




  • Soy Vodemir, Rey de todas éstas tierras que puedes admirar ahora. En este preciso instante estamos pisando la tierra de la capital del Reino, Pimigrad, y si corres tu cabeza hacia el este podras oler los aires de Rivang y Thigorthad.
    Para que entiendan un poco como yo lo veo… la vida de un Rey no es fácil en tiempos donde las traiciones son más comunes que el trigo. Desde que fui electo, el objetivo de mi gente fue expandir nuestros campos y nuestras llanuras, también bosques como cumbres nevadas. La Corona anterior no supo hacer las pases con sus vecinos y algunos creen que mejor es el Rey que no derrama sangre alguna, pues al Este de Westen tenemos las bastas tierras del soberano Inopep. Su reino es mas amplio que el nuestro y disponen de ocho o más ciudades. Sin duda tendrán más brazos y piernas que nosotros, a veces es cantidad a calidad…
    Una mañana del mes de Mayo me junté con mis hombres de confianza en el Castillo de Pimigrad -así lo llamo yo aunque aún no disponemos de uno- y pensamos que lo mejor sería enviar algunos de nuestros buques hacia el Oeste, con suerte encontraríamos tierra firme luego de unos días. Mis servidores creyeron que la idea no estaba nada mal, pues el anterior Rey nunca quiso ir hacia el Oeste influenciado por falsas historias y mitos de taberna -vaya cretino- Al cabo de unos días ultimando detalles, la tripulación de los tres navíos ya se mostraba lista para la aventura. Buscamos las mejores armas y las más afiladas, también armaduras y cascos decentes junto a algunos escudos viejos que; a pesar de los años, aún seguían tan fuertes como el primer día.
    A continuación les enseñaré algunos dibujos de los soldados que partieron hacia el Oeste. Cada una de estas unidades de infantería fueron creadas por quien escribe estos textos. Puedo decir que siempre confié plenamente en los herreros de la región.
    1er Embarcación Ojos de Toro

    2da Embarcación Toro Metal

    3ra Embarcación Jarúes

    Cada navío fue preparado para llevar cincuenta soldados de cada clase, provisiones para diez días en el mar y suficiente cerveza como se pueda cargar.
    Este es un consejo que les daré como soberano de Westen; si pretenden que personas de carne y hueso peleen para ustedes, procuren que la diversión no cese. Para eso está la cerveza y el tabaco. Ah, aquí les dejo dos dibujos de las unidades de infantería que dejamos en las ciudades para no dejar desprotegido ningún rincón de nuestro país. En nuestros cuarteles quedaron unos seiscientos cincuenta soldados. Ojo Serpiente

    Ojo Búfalo

    ¿Otro consejo más?
    Nunca dejes pelear a tus hombres sin la presencia del Rey.
    Sin duda ésto motiva a cada uno de los hombres que están dispuestos a luchar por ti, la moral en el grupo es todo lo que importa a la hora de la batalla.

    Vodemir, Rey de Westen

    Partimos al Oeste con más de una esperanza. Una era que el Senescal que dejé a cargo se ocupe de mi gente allí en Pimigrad, Rivang y Thigorthad, y la otra siempre fue encontrar tierra firme antes de los seis o siete días, sino, no nos quedaría comida para volver en caso de fallar nuestra travesía.
    Ahora que lo pienso, no les he contado muy bien el por qué de no ir hacia el Este.. como sea.
    Inopep, nombrado al principio de éste texto es el soberano de Golia y aunque tenemos un muy buen trato con éste Rey (Inopep), se rehúsa a que mis tropas tengan derecho de paso por sus tierras, por lo que todo el mar del océano se mantendrá calmo mientras no quiera pisar sin su permiso parte de su soberanía. ¿Me explico?

    Westen, obligado, ha tenido que encontrar la manera de expandir su territorio y si hay algo que estoy seguro compañeros… es que ni el Norte ni el Sur es propicio; sino, **hacia el Oeste.

    Hoy (Miércoles) la seguiré.
    Espero les guste esta introducción**


  • Game Master Direccion del Foro

    Genial Fito, como siempre tus relatos, los que incluyen imágenes, son amenos y gratos. Me entusiasma verte nuevamente por rol dejando muestras de tu talento!



  • Gracias Iri, me alegra verte por acá cada vez que vengo jaja!

    -Segunda Parte-

    Al cabo de tres días -puedo decir con suerte- pudimos divisar que algunos peces acompañaban los tres navíos. Saltaban desde el agua y chocaban contra los cascos de madera reforzada de nuestros barcos; parecía que tocaban los tambores debajo nuestro.

    -¡Señor, veo árboles!

    Mi rostro se iluminó, finalmente habíamos roto todo pronóstico.
    Los barcos se hundieron en la tierra mojada de la orilla y mientras bajábamos nuestras fachadas iban tomando forma acorde a la situación.
    La geografía del lugar era bastante simple, se veían praderas bastas con tierra fértil y algunos árboles mal acomodados.

    -Jarúes, armen cuatro grupos de diez arqueros cada uno y vayan más allá, queremos saber qué nos espera mañana. Los soldados se miraron y pensaron -¿Mañana? Uff…- -Infantería se quedará aquí cerca de la orilla, esos árboles vamos a hacerlos leña,necesitamos cerrar un poco el paso aquí.

    Pasaron horas y con mi gente armamos unas barricadas muy humildes en caso de un ataque desconocido, con ésto logramos centrar el foco del ataque en un solo lado.
    Mientras hacían guardia, ya de noche, un grupo de Jarúes que envié apenas arribamos, llegaron con noticias interesantes.

    -Vodemir, hemos visto como es más allá, interceptamos unos granjeros y les hicimos algunas preguntas; parecían gente buena y sincera.
    -¿Que saben?

    El arquero con mucho ímpetu me acerca un trozo de papel que el granjero le brindó, no podía creer, era un dibujo de la zona sin tantos detalles.

    -Mi Señor, estamos precisamente en Relring, tierras de Madduwatta, Rey de Arzawa. A unas horas de aquí estaremos en tierras de Constantinopla, su Rey es Aurelio.
    -Aurelio… he oído ese nombre antes.

    Estuvimos algunos días en Relring, al parecer éstas tierras están vacías de granjeros o guardia alguno. Podemos decir que desde ahora es Relring de Westen. Si Arzawa no viene a por ellas entonces no las necesita tanto como nosotros.
    Levantamos el campamento y seguimos avanzando pero ésta vez hacia el Sur-Oeste, cuidadosamente y a pié, algunos arqueros iban adelante del resto para prevenir peligros.
    Caminamos durante unas seis horas y sin más preámbulos… lo peor que podríamos encontrar. Un fuerte.

    -Señor, Jarúes dicen que hay un fuerte a varios metros de aquí. Afuera no se ha visto a nadie y suponemos que saben de nuestra llegada.
    -Lo dudo mucho, hemos sido cuidadosos. ¿Los granjeros que dieron la información?
    -Ellos eran gente adulta, casi viejos mi Señor, no parecía que pudieran moverse con facilidad.
    -Entonces aún no saben que estamos aquí.

    Hice que los soldados parasen su marcha para poder pensar el ataque al fuerte. Estoy seguro que los soldados no creían que atacaríamos ese lugar, pero no estaría nada mal para pasar algunos días ahí bien resguardados, al fin y al cabo tenemos unos cincuenta arqueros y cien soldados de infantería. Ese fuerte era un buen lugar para ponerse a tiro y hacer diplomacia con los reinos aledaños.
    -Quiero que veinte arqueros se acerquen desde el frente del Fuerte cubiertos por cuarenta Ojo Toro. Estos últimos harán formación para cubrirse mientras los Jarúes se encargan de disparar. El resto vendrá conmigo, nos acercaremos desde atrás hasta llegar a tocar el fuerte y una vez ahí nos acercamos hasta la entrada para acompañar a los demás.

    Desde afuera el Fuerte no parecía tan "fuerte"… valga la redundancia. Sus cuatro paredes de piedras no eran tan altos, quizá tenían unos tres metros y medio de altura, mientras que la entrada era una puerta de madera doble reforzada. Yo tenía un plan para eso.

    Nos movimos con los soldados según el plan pactado, el primer grupo que atacaría la puerta estaba esperando el momento para llevarse la atención y que nosotros podamos entrar en batalla desde atrás.
    Pero algo llamó mi atención, noté un movimiento inusual de tropas dentro del Fuerte, se veía como las cabezas se movían a través de sus modestas murallas, sin duda la población aquí era mayor a lo que creíamos.
    En un santiamén noto que el primer grupo se acerca a la puerta principal, nosotros estábamos más bien a un costado de la parte trasera del fuerte, por eso teníamos visibilidad de lo que sucedía allí.
    Los Jarúes se ponen a tiro y los defensores del fuerte no responden, sólo una muralla de escudos se vio, mientras los arqueros iban detrás de los Ojo Toro que se acercaban cada vez más a la puerta principal... pero entonces los arqueros enemigos aparecieron.

    -¡Juntos! -fue el grito de un soldado- Y esa fue nuestra señal, avanzamos despacio sin hacer ruido con nuestras armaduras mientras veíamos que la concentración de soldados se hacía en la parte frontal, sin duda el plan era un éxito.
    Avanzamos hasta tocar con nuestras manos el Fuerte, entonces fue cuando hicimos fila y nos acercamos minuciosamente hasta la puerta para dar apoyo a la primer compañía. Desde el fuerte nuestra presencia no fue advertida.
    Los soldados estaban aguantando bien, al parecer los arqueros que defendían la fortaleza no eran muy buenos o eran muy pocos… como sea eran más las flechas que lanzábamos que las que recibíamos.

    -¡Me alegra verlos, mi Señor! -dijo entre flechas uno de los arqueros que estaba soportando la atención ahí- Procedimos a rodear la puerta y entre cuantos se podía, romperla.
    Costó algunas vidas poder tumbarla, pero los martillos y manguales nunca dejan a uno a mitad de camino…
    La puerta se tumbó y al instante todos nuestros hombres se juntaron para entrar, pero una lluvia de flechas nos bañó, lo que hizo que sea más dificultoso.
    Luego de unos segundos los ciento cincuenta hombres bajo mi mando se adentraron y entre golpes y gritos logramos reducir el lugar a un silencio absoluto...



  • - Tercera Parte -

    La lluvia golpeaba nuestros cascos y sonaba como los peces golpeando nuestros navíos hace algunos días.
    Mi gente se ocupó -sin orden alguna- de colocarse estratégicamente dentro del Fuerte luego de buscar objetos de valor y provisiones. Puedo decir que tuvimos suerte, dado que encontramos algunos barriles con agua de lluvia y otros con peces en aceptable estado.
    Los soldados caídos habían sido amontonados a un rincón fuera del lugar listos para su incineración. Entre las pertenencias de uno de ellos, notamos un anillo de resplandeciente luz… decir que mis ojos quemaban al verlo sería demasiado... pero brillaba tanto como el océano por la mañana...
    Mis arqueros estaban en las humildes murallas que habíamos tomado, mientras que la infantería se ocupaba de cerrar la puerta que habíamos roto. Claro está que con cerrar me refiero a ocuparla con bastos troncos y algunos muebles de peso que encontramos ahí dentro.

    Los días pasaron, creo que fueron unos dos o tres hasta que el olor a cadáver quemado se había esfumado. En un principio pensé que quemarlos sería mala idea pues la fogata gigante llamaría la atención; pero peor sería llevar a nuestras tierras una peste por culpa de estos inocentes.

    Por la mañana del cuarto día, un grito me despertó bien temprano, era un Jarú advirtiendo la presencia de diplomáticos que se acercaban en dos grupos. Detrás de ellos, alejados, estaban unos veinticinco soldados muy bien armados.
    No pensé en ellos como una amenaza, de los ciento cincuenta que habíamos pisado tierra, unos ciento treinta aún estaban con vida.
    Procuré a tomar mi martillo, mi escudo y el casco que no lo llevaba puesto, y me acerqué a la muralla para escuchar sus voces aunque desde aquí veía el estandarte de dicho diplomático.

    -Forasteros, soy Ingüil. Me ha enviado el señor Madduwatta para advertirles de la situación actual.

    -¿Advertirnos, dices?

    -Si… ¿Con quién tengo el honor?

    -Soy Vodemir, Ingüil. Rey de Westen, desde lo profundo del océano hemos venido hasta aquí.

    -Entiendo. Éstas tierras que usted está pisando, son territorio del Soberano Madduwatta. El Rey es dueño de las siguientes aldeas y ciudades:

    Deberían haberlo oído… creí que mi gente moriría de vieja aquí antes de terminar de escuchar los nombres extraños que la gorda boca del gordo hombre soltaban sin pudor ni miedo.
    Al terminar, se dignó a contar.

    -…y os avisa, que si deseáis retirar vuestras tropas de aquí sin que más sangre sea derramada, le agradecerá.

    -¿Y qué si no? -vaya boca la mía, pensé- -Si usted no desea acatar las órdenes del Rey, será perseguido hasta su capital y lo avasallaremos por la fuerza.

    Este tipo va en serio -me dije por lo bajo-. Después de todo… somos un centenar y un poco más... ¿Cuantos hombres tendrá este tal Madduwattu? Con todas esas tierras que éste gordo nombró, no puede tener menos de seis mil o siete mil hombres...
    El diplomático me vio balbucear, mientras miraba sin entender hacia atrás buscando la mirada cómplice de sus pocos soldados.

    -Pasaremos la noche aquí y partiremos hacia nuestras tierras. Dígale a su Rey que no volverá a tener problemas.

    -Muy bien. Será informado.

    Me miró con desprecio y se fue, sus soldados lo esperaron y siguieron el camino del hombre que andaba a caballo.
    De más está decir que ese no era mi plan, dejaríamos el lugar por la noche y nos asentaríamos en otro lado buscando una posición más favorable, por lo menos para poder pasar más tiempo en estas tierras y conocer qué esconde.

    Los soldados se veían animados pues, había contado mi plan y nadie parecía tener objeciones… creo que no sabían de la magnitud del tal Madduwatta.
    Llegó la noche y nadie dormía aún, pues envié tres Jarúes a explorar los alrededores. Algunas horas después de beber y llenar nuestros estómagos, los tres hombres que envié volvieron corriendo, pidieron paso en la puerta y se acercaron rápidamente hasta mi persona.

    -¡Mi Señor! ¡Los hemos visto!
    -¿A que se refiere soldado?
    -Están acampando aquí cerca, a media hora se encuentran.
    -Excelente. ¿Cuantos son? ¿Pudieron contarlos?
    -Son más de seiscientos soldados Señor…

    Los ojos de mi gente se volvieron tristes en ese preciso momento. Me miraron como esperando una respuesta digna. Es duro para un Rey tener que volver con las manos vacías, pues lo único que lleva consigo un soldado a parte de su filo, es la esperanza.
    -Está bien… ¿Quiénes desean volver?

    La timidez había abarcado todo el lugar, de a poco algunos comenzaron a levantar su brazo hasta que casi la totalidad lo hizo.

    -¿Cuanta comida para la vuelta tenemos?

    -Hay algunos barrilles de peces aún mi Señor.

    -Entonces la vuelta será. ¿Eso los hace felices, soldados?

    Comenzaron a gritar y a festejar, ninguno de estos buenos padres, hijos y hermanos deseaba batallar luego de escuchar tales cifras.

    -¡Preparen sus piernas muchachos, volvemos a los barcos!

    La multitud se alegró.


  • Game Master Direccion del Foro

    Me gusta mucho leer tus relatos, que tanto por los gráficos, como por los diálogos y descripciones precisas nos remonta a ese momento y ese lugar. "Lo único que lleva un soldado, aparte de su filo, es la esperanza", hermoso Fito.



  • @Irina:

    Me gusta mucho leer tus relatos, que tanto por los gráficos, como por los diálogos y descripciones precisas nos remonta a ese momento y ese lugar. "Lo único que lleva un soldado, aparte de su filo, es la esperanza", hermoso Fito.

    Gracias Iri, me apena que nadie más haya comentado, veo que la actividad cayó bastante.
    Hoy largo la cuarta parte, ya la tengo escrita tengo que arreglar algunas cositas para que quede más bonita 🙂



    • Cuarta Parte -

    La vuelta a casa fue sincera, los tres barcos que dejamos a unas horas del Fuerte que estaban ahí tal como si el tiempo no hubiera pasado.
    Algunos de mis hombres bebían cerveza mientras otros reían con fuerza de los chistes xenófobos acerca de Golia (ver primer capítulo), el imperio vecino que nunca nos dio paso…
    Al cabo de algunos días tocamos tierras de Pimigrad, nuestra capital, y las mujeres y niños estaban en el puerto felices por la vuelta de los tres navíos; y no uno o dos.
    Eso siempre significa la victoria.

    Nos dirigimos al centro de la ciudad y dimos las noticias correspondientes. El rostro de la gente parecía quieto, sin gestos, no estaban muy contentos pero tampoco tristes... sus hombres habían vuelto con vida; al menos la mayoría.
    Para un Rey, la confianza de su gente es la piedra angular, pues cualquier podría ocupar mi trono con excusas falsas y pensamientos infundados. Siempre fui de los que generan esperanza en la población para alzar su espíritu.
    El Senescal que quedó a cargo, me informó de los últimos acontecimientos en mis tierras, y una carta que trajo me llamó la atención.
    Hablaba de Rey a Rey y la firmó Thony, de Siracusa. Conocía su nombre y su majestuoso imperio… puedo decir con seguridad que ningún soberano posee más tierras que éste, supe de las grandes campañas militares que ha dirigido junto a más de diez mil hombres, imponente...
    El mensaje decía algo así:

    "Vodemir, le escribo desde lejos para avisarle que estaré camino al sur en búsqueda de tierras bárbaras para seguir con la extensión de mi nación. Sería agradable que podamos tener paso por su país para descansar algunos días, pues aún nos queda un largo viaje. Aprovecharemos el tiempo para poder conocer nuestras caras. Thony, Soberano de Siracusa"

    Estaba realmente impactado, decir que no a un simple pedido de paso por mis humildes tierras sería un desperdicio. Después de todo nuestro pueblo siempre fue hospitalario… y difícil decirle que no a uno de los ejércitos más temidos del mundo conocido.

    "Es más fácil hacerse enemigos, que cosechar amistades"

    No fue necesario respuesta, dado que ellos se darán cuenta al llegar. Si nos oponemos o los dejamos pasar por ésta isla.

    Pasaron algunos días y en la capital, Pimigrad, todo seguía ordenado. Ese viaje para olvidar de a poco estaba siendo.
    Llegaron algunos caballos de nuestras otras dos ciudades, Rivang y Thigorthad, y al parecer no han tenido problemas desde hace tiempo. La comida no escaseaba y todos hacían lo que deben.
    Hicimos un conteo de soldados de rutina, y llegamos a contar unos ochocientos ochenta y uno, nada mal para un territorio de tres provincias.
    Durante la mañana del once de abril, día domingo, los guardias de Pimigrad llaman a mi presencia rápida; Thony de Siracusa estaba a las puertas. Tomé mi mejor armadura, mi capa roja con detalles blancos y me acerqué a la puerta a pié sin compañía… pero por un instante, traté de mentirosos a mis ojos.
    No menos de mil soldados a pié estaban a las afueras y al parecer, no venían con malos ánimos, sin duda un "pueblo" como el nuestro sabría usar éstos momentos para mejorar la diplomacia entre soberanos. No puedo negar que quedé impactado por la cantidad de hombres.
    Entre tanto soldado veo un hombre alto en un caballo blanco de manchas marrones, tenía una espada larga en su mano derecha y al parecer, movía su mano saludándome mientras encogía sus hombros, como si fuéramos amigos de toda la vida.

    -¡Vodemir! ¡Al fin veo su rostro! Pensamos que jamás llegaríamos. Mover mil quinientos hombres no es cosa fácil jaja!
    -¡¿Mil quinientos?! -pensé y luego dije- ¿Thony de Siracusa? Te creí más alto…

    Nos miramos durante unos segundos con una seriedad que intentaba congelar el rostro, y de un instante a otro coloca una carcajada al cielo y se acerca como quien se seca las lágrimas de alegría.
    El hombre, Thony, que claramente era un árbol caminando -por lo alto-, coloca cada una de sus manos en mis hombros y besa una vez cada una de mis mejillas.

    -¿Descansaremos aquí, Vodemir?
    -Thony el Grande, mi gente los servirá con lo que pueda. Usted sabrá cuales son nuestras limitaciones.
    -Con eso basta Vodemir, tendremos algunos días para conocernos mejor, de soberano a soberano.

    (Aquellos que quieran jugar conmigo este magnífico juego, los invito a enviarme privado. Es de navegador y bien vieja escuela. Todo esto es una manera rolera de contar lo que sucede día a día en mi reino)



  • Muy bueno Fito, como nos tenes acostumbrados. Me da risa que sos un pibe serio y tenes un personaje que se llama "Rodolfurius" o algo asi JAJAJAJAJA, que epocas aquellas. Seguí escribiendo que me da mucho gusto leer tus relatos



  • @InS!:

    Muy bueno Fito, como nos tenes acostumbrados. Me da risa que sos un pibe serio y tenes un personaje que se llama "Rodolfurius" o algo asi JAJAJAJAJA, que epocas aquellas. Seguí escribiendo que me da mucho gusto leer tus relatos

    Gracias querido!! Jaja, qué personaje ese… 7 abajo en 35 y humano!!! jajajaja
    Hoy con suerte subo la siguiente parte, asombrosos eventos se presentaron en mi imperio 🙂



  • Fito que grande que sos, siempre me gusto tu forma de relatar y de explicarte, me haces recordar cuando fundaste rol por foro y jugabamos al D&D, se me pianta un lagrimón :'D
    Segui asi, se te extrañaba ya, espero más capitulos de esta nueva hazaña tuya ^^



  • @MO:

    Gracias Iri, me apena que nadie más haya comentado, veo que la actividad cayó bastante.
    Hoy largo la cuarta parte, ya la tengo escrita tengo que arreglar algunas cositas para que quede más bonita 🙂

    Vengo sieguiendo la historia silenciosamente, gracias por escribirla.



  • @Decimus:

    Fito que grande que sos, siempre me gusto tu forma de relatar y de explicarte, me haces recordar cuando fundaste rol por foro y jugabamos al D&D, se me pianta un lagrimón :'D
    Segui asi, se te extrañaba ya, espero más capitulos de esta nueva hazaña tuya ^^

    Gracias querido, que bueno verte por acá de nuevo. Sin duda que Rol x Foro fue un antes y un después… pero no jugábamos D&D... jugábamos RolxForo 😉

    @Zarommir:

    Vengo sieguiendo la historia silenciosamente, gracias por escribirla.

    Me alegra muchísimo verte por aca, hermosas roleadas nos hemos pegado en el pasado, comenten que no lastima!

    Hoy terminaré la siguiente parte del relato, hay mucha charla -que hará que se lea rápido- pero después viene lo lindo.



    • Quinta Parte -

    Thony de Siracusa parecía un tipo amable aunque algo "atropellado". Tenía el tono de voz de un monje en cautiverio, calmo y lento. Pero tenía una aguda obstinación en cuanto a sus ideales, rara vez podías hacerle entender un punto de vista, o incluso, disentir con algún plan militar que se le ocurra.
    Aún así, éste tipo de rara belleza, era el Rey de Siracusa, el gran imperio del globo que ha salido victorioso de las batallas más duras, y ha sabido guiar a sus guerreros a lo largo de los años directo hacia a la victoria.
    Llama mi atención su presencia aquí sólo con mil quinientos hombres, supuse que una persona de su importancia no llevaría consigo menos de tres mil.

    Luego de largas horas que fueron ocupadas en hacer lugar a los soldados de Thony, todos en la ciudad pudimos sentarnos a descansar. Los caballos fueron amarrados y aunque la comida no alcanzaba aquí, tuvimos que pedir seis carretas con provisiones desde Rivang.

    Al fin solos y con una jarro en cada mano, pudimos sentarnos a dialogar con nuestra grata visita.

    -Entonces… Vodemir, tu eres el Rey de Pimigrad, Rivang y Thigorthad. ¿Sabes? Desde que oí de tu país, siempre supuse que seríamos aliados.

    -¿Por qué lo díces, Thony? ¿Puedo llamarte Thony, cierto?

    -Puedes llamarme Thony sin duda alguna, sabrás que no buscamos tomar tus tierras ni mucho menos, reconocemos a los pequeños reyes… pero tú tienes algo; una posición privilegiada.

    Tragué saliva, ese "pequeño rey" ha sido doloroso.

    -¿A que te refieres con posición privilegiada, Thony?

    Se levanta y con el brazo que sostenía su jarro señala cada punto cardinal.

    -Al Oeste tienes a Constantinopla y Arzawa, al Este Mar Zara, al Sur Mongolia e Hispania.

    -Sé que al Norte está el Imperio Mongol.

    -Sí, estás en lo cierto Vodemir. Nada tienen que ver con Mongolia. Éste último siempre fue más amable.

    -Y al Oeste lo vimos con nuestros propios ojos, Constantinopla y Arzawa se encuentran. No has fallado en nada Thony.

    -Y no lo deseo Vodemir. Pero seré claro y conciso: Queremos atacar el Sur, Mongolia e Hispania.

    -¿Tiene soldados para atacar los dos Reinos juntos? Vaya, debo decir que lo subestimé un poco.

    -Es un error Vodemir, pero lo perdonaré por ser tan hospitalario con mi gente. Seis mil hombres partirán desde Diedwold dentro de tres lunas, por eso mi estadía aquí será tan veloz como el vivir de una mosca.

    Vaya analogía, pensé.

    -¿Necesitas hombres para tu campaña?

    Al levantarse, Thony fue torpe al beber, bañando su cara con cerveza.

    -Vodemir, eres muy amable -se seca las mejillas-, pero dudo que tus soldados puedan ayudarme más a mi que a ti.

    -Bueno, parece que necesitan quién les enseñe.

    Thony volvió a reír, y se acercó a darme una palmada en el hombro.

    -Haha! Vodemir, de haber más Reyes como tú, todos seríamos el doble de felices!

    Dejó el jarro encima de la mesa y salió acercándose a la puerta; sin darse vuelta agregó:

    -Hay dos tierras aquí que limitan contigo, Zogarbi y Peacior. Pero veo que son de Mongolia. Éstas no son mi prioridad, aunque sí Peacior, dado que exportan miel y sería un buen negocio. Zogarbi produce cereal en gran cantidad, si deseas puedes tenerla.

    -¿Pretendes que vaya a la guerra con Mongolia? Su Xenofobia me estaba cortando las piernas. Cuenta con mis hombres, te acompañaremos por lo menos en ésta isla.

    -No pretendía que nos acompañaran hasta su capital, Nazalfand, sería peligroso para tu gente. Pero puedes contar con trescientos hombres más si deseas atacar Zogarbi, dejaré esos tres centenares para que tu esfuerzo no sea en vano, claro, si tienes con qué darles de comer… jajajaja!

    Reímos.

    Los días fueron pasando rápidamente gracias a los festines que dimos en la posada, fueron jornadas de fiesta interminable para algunos, y créanme, para Thony mucho más.
    Habíamos compartido buenos días con éste tipo y no tenía malas intenciones con mi gente. ¿Por qué no creerle? Mongolia es un "pequeño" obstáculo para varios reinos… digamos que harán que coopere a la fuerza.

    El día de la partida de Thony llegó, y mi gente había quedado exhausta luego de servir a tanta gente. Los hombres que dejó el Rey a mi cargo me miraban de manera expectante, se _notaba en sus rostros que preferían la guerra a una cena caliente.

    Thony se despidió con unas palabras que no podré olvidar.
    "Vodemir, si quieres Reinar con sapiencia, conoce a tu gente pues de su sangre vendrán tus victorias"_ Sus palabras hicieron que mi cabeza dé vueltas, pero sólo una idea se quedó quieta detrás de mis ojos, y junto a los expertos en batallas y armas decidimos crear dos unidades militares que puedan caminar junto al rey.
    Procuramos que una sea montada, pues todos sabemos de las ventajas de los equinos… aunque no siempre es fácil conseguirlos.

    La primer unidad montada que creamos en este territorio se llamó Dracones Alados, la élite de Westen desde ahora, guerreros que con sólo verlo entregarás tus tesoros. La segunda fueron los Dracones de Westen, guardias defensivos y ofensivos, algunos centenares de éstos causarán temor desde Constantinopla hasta Ejipto (Lo escribo así pues así se llama él último)
    Dracones Alados
    Y la segunda unidad, ésta de infantería se nombró

    Dracones de Westen Sin duda estábamos marcando un antes y un después en Westen.

    Hace tiempo que nuestros herreros no tenían tanto trabajo, se fundió todo el hierro que teníamos, la mejor madera se transformó en escudos tipo Bizantino y los caballos que habían se vistieron de gala con un pesadas vestiduras, placas de hierro fino.
    Sin duda, una carga de estos caballos podrían matar a cualquiera.

    La gente de Pimigrad me preguntó sin miedo el por qué de éstas ideas.
    Yo sólo respondí.

    "En el ajedrez, como en la vida, la mejor jugada es la que se realiza"

    Mientras los herreros trabajaban a diez manos, los mensajeros iban hasta Thigorthad y Rivang llevando las fórmulas y detalles para la creación de éstos nuevos equipos de guerra. Esto les tomó algunas horas.

    La gente parecía entusiasmada, el Rey planeaba algo grande, y luego de la venida de Thony todos habían quedado obnubilados ante tanto poder, habían sentido que sus hijos y nietos estarían protegidos de por vida.
    Por la noche una reunión en castillo tuvo lugar, para dar el siguiente anuncio oficial a los ciudadanos.

    -Pueblo de Westen, tenemos una semana para crear tales objetos. Luego partiremos a Zogarbi y Peacior para acompañar el ataque de Thony al territorio de Mongolia. Según me dijo, Hispania está en batalla también, así que será una victoria asegurada. ¡Finalmente podremos caminar al Este sin murallas Mongolas, su xenofobia se acaba aquí!
    Una vez tengamos Zogarbi, nuestra población crecerá y explotaremos el recurso principal de dicho lugar, el cereal. A nadie nunca más le faltará comida en la mesa.

    La gente se alegró de manera desmedida, nadie perdió un segundo de su tiempo para ayudar a herreros y sastres.

    MAPA: http://sketchtoy.com/66916379


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