¡Resultados! Rol literario. Gran premio TDS.


  • Banned

    ¡Buenas!

    Llego el final de la competencia, y vengo a presentar los resultados, agradecemos a los participantes por presentar sus relatos, y al jurado por leerlos, analizarlos y puntuarlos.

    Sin mas palabras, felicitaciones al ganador del Torneo.

    ¡Puesto Nro° 1!

    Calificación: 9,66.

    "Detrás de las apariencias" Mel.

    Llegó a la nota máxima ya que su relato logró crear incertidumbre durante lo largo del mismo creando una atracción en todo momento, sobre todo en el desenlace donde toma forma y llega de forma suspensiva al final del relato. Felicitaciones por el primer puesto.

    ! @Mel:
    ! > Cuentan los bandidos más valientes del bosque, que a la caída del sol, se siente una brisa pesada, no por humedad, sino por almas de guerreros que perdieron vida en la batalla de Kontupeg.
    ! @Mel:
    ! > Kontupeg, el nombre de una batalla que parecía no tener fin, ya habían pasado diez largos años donde todo había cambiado, las tierras lejanas del sur ya no eran como las conocíamos, la gente desconfiaba, temía, ya no existía esa paz que las caracterizaba. La luz y la oscuridad nuevamente se encontraron en la batalla y se demostró que no todo es siempre lo que parece ser.


    Todo empezó en un frío pero bello día de invierno, esa mañana, todos los habitantes de Banderbill estaban trabajando arduamente para que todos los preparativos de la celebración estuvieran listos. El Rey y la Reina de Banderbill darían a conocer su primogénita, Gilraen. Era obvio que el destino de esta pequeña niña era brindar felicidad al Reino pero las cartas del destino decidieron tomar otro rumbo. Algo sucedió, algo que colapsó con todo motivo de festejo…
    “Gilraen” fue lo único que logró pronunciar el Rey cuando se percato de que algo estaba mal. Rápidamente se dirigió a la habitación donde se encontraba la pequeña, observo el delicado Moisés, quizás un segundo, o quizás diez, pero la niña ya no se encontraba allí, la ventana estaba bruscamente abierta y el viento soplaba. En el piso se hallaba un pergamino con la palabra “Venganza” en él, escrita de una forma tan perturbadora que sólo podría provenir de un solo ente, el Demonio.
    Desde ese entonces, el Rey no descanso hasta poder recuperar a su pequeña, es más, se volvió un hombre frío y sanguinario, con sólo pensar en el paradero de su pobre niña, una elfa que podría ser digna de las más magnificas riquezas y poderes. Día y noche sin descansar, mandaba a todos los soldados del ejército real en busca de su hija, aunque era muy probable de que se encontrase en Ciudad Oscura en manos del líder de las fuerzas del mal, no se descartaba la idea de que estuviese en cualquier otro rincón del planeta, sollozando volver a su hogar. La pregunta era por qué, por qué tal acto de crueldad, secuestrar a una pobre criatura, indefensa. Si bien es algo sabido que el bien y el mal nunca podrían concordar, hace tiempo que las cosas se habían apaciguado, o al menos eso parecía…
    Ya se cumplía un año sin saber del paradero de la princesa y la Reina no paraba de atormentarse con sucesos de su pasado…
    [FLASHBACK]
    Ambos estaban juntos en un bosque muy apartado y solitario. Era bellísimo, habían árboles y flores de todas las variedades. Los animales jugaban, los pájaros cantaban, todo era paz y serenidad.
    Sus miradas lo describían todo, ese amor tan puro que sentían el uno por el otro, ganas de vivir, de estar juntos, de acompañarse mutuamente.
    -Abaddon, que mágico es este lugar –dijo ella, admirando el hermoso paisaje.
    -Supuse que te gustaría, Amaurea, los elfos realmente saben apreciar y amar a la naturaleza, aunque no entiendo el porqué –contesto él

    • Hmmm… Eso se debe a que surgimos de los bosques y en ellos pereceremos. La madre Tierra nos brinda todo lo que tenemos, vegetación, fauna, flora y todo es maravilloso. –contestó y sonrió.
      El rey de los demonios estaba fascinado con la bella sonrisa de Amaurea, una joven elfa, su inocencia, pureza y alegría lo enternecían.

    Esa noche durmieron juntos y sus cuerpos se hicieron uno por el amor, se complementaron en una noche de besos, caricias y pasión. Al terminar el acto que definiría lo que uno sentía por el otro, estas fueron las palabras de Abad-don:
    -Amaurea, eres sólo mía.
    -¿Qué dices? –contestó ruborizada en sus brazos
    -No quiero ni imaginar que alguien más te toque, me perteneces –dijo con firmeza y le dio un dulce beso.
    -Yo tampoco Abaddon, te quiero. Sólo te pertenezco a ti, por y para siempre.
    Ella sabía que aunque el Demonio fuera un ser frío y sanguinario sus sentimientos eran verdaderos y fieles, no importaban las palabras, importaban los hechos, todo lo que él hacía por ella, como dejar su orgullo de lado para amar a un indefenso ser como era ella, era suficiente.

    -¡Princesa Amaurea, te encontramos! –los gritos de la Guardia Real se escuchaban a lo lejos junto a los caballos galopando.
    -¿Cómo? ¿Princesa? –Preguntó el Demonio horrorizado.
    -Lo siento, en verdad lo siento, puedo explicarlo… yo no quise…
    Los caballos se acercaban y Abaddon se escondió en la copa del árbol más cercano.
    -¡Aquí estas! El rey se enfadará contigo ¿Por qué te escapas? Tu boda será dentro de unos días.
    La elfa no dijo absolutamente nada, sólo se subió a un caballo intentando no mirar atrás.
    Abaddon se encontraba devastado, su frío y oscuro corazón había sido herido, por ella, la que le prometió una vida mejor y lo lleno de lindas e ilusorias expectativas. ¿Princesa? No tenía ni la más remota idea de que ella era la hija de su más gran enemigo el Rey de Banderbill, y mucho menos de que se iba a casar y convertirse en la reina. En sus ojos ya no se veía amor, esta vez inspiraban rabia, mucha, su sed de venganza era insaciable, la oscuridad se había apoderado de él.

    [FIN DEL FLASHBACK]

    De repente, la magnífica y gran ciudad de Banderbill se torno oscura e inexplicablemente y la temperatura bajo drásticamente. Los ciudadanos se encontraban aterrados, nada bueno se avecinaba. De las sombras surgió Abad-don, lleno de ira con algo extraño en las manos que el pueblo no podía descifrar.
    -¡Canalla! Hasta que apareciste, devuélveme a mi niña –Le grito furiosamente el Rey.
    -Justamente eso vengo a hacer.
    El rey extrañado, no supo que contestarle ¿De verdad venía a devolverle a su hija? Y si era así ¿Dónde estaba?
    Amaurea que se encontraba observando todo desde el palacio, dio Gracias a los Dioses porque él se encontraba allí, devolviéndola sana y salva, o al menos eso era lo que ella creía.
    El demonio destapó lo que tenía en sus manos y dio a conocer lo que tenía; el cadáver de una criatura, putrefacto y no apto para gente sensible. Sí, Abbadon había asesinado a la princesa. La reina no pudo evitar dar un grito al ver tal escena, el dolor era tan inmenso que parecía que iba a morir en ese instante, y así fue. No tuvo mejor idea que arrojarse desde el balcón, no pudo soportar el dolor y se suicido. Ambos amantes, al percatarse de esto, fueron rápidamente hacia ella.


    Esa cara, esas lindas y perfectas facciones, su boca, su nariz, sus ojos, aún me enamoran, aunque tengan un aspecto frío. Aún estando muerta sigues provocando esas cosas inexplicables en mí, ojalá nunca te hubieras cruzado en mi camino, esto es lo que soy, un monstruo sin corazón y esto es lo que te llevas. Pero de algo estoy seguro, ahora podrás descansar junto a nuestra niña siendo libre y no respetando los estúpidos protocolos de este estúpido reino. Te quise como a nadie Amaurea, algún día nos veremos en el infierno, allí podremos ser felices. Por ahora sólo me queda luchar, luchas por ti, por todo lo que no pudiste tener, invocó una guerra contra el Reinado de Banderbill. Juro que entrenaré a todos mis soldados lo mejor que pueda para acabar con la maldad, todo a costo de la felicidad de las futuras generaciones. Todo por la infelicidad que te toco vivir, mi querida Amaurea.

    Fin

    ¡Puesto Nro° 2!

    Calificación: 8,83.

    "Caminando sobre ancestros" NACHIN~.

    ! @NACHIN~:
    ! > Caminando sobre ancestros.
    Soy el único y el último de mi nombre. Hace cientos de años mi familia fundo Ngirsu. La vida allí, no era demasiado prospera, fue por eso que mis antecesores decidieron hacer un pacto con los dioses, bendiciones a cambio de sacrificios.
    La tierra de la villa sería la más prolífica de la región, lo que ayudaría a que se pueda cultivar, para poder vivir; y habría inmunidad frente a la peste. A cambio, los dioses pretendían cinco almas de niños recién nacidos en Ngirsu, y cinco más cada vez que una generación se renueve, durante toda la eternidad. Al cerrarse el acuerdo, los dioses anunciaron a mis ascendientes que esta componenda claudicaría cuando un alma pura de su linaje les entregase la misma conscientemente. Desde ese día Ngirsu es regocijo, prosperidad y una de las ciudades más pobladas del reino.
    Aquí estoy, en medio de la nada, caminando hace ya veintinueve soles y veintiocho lunas, pues para lograr comparecer ante los Dioses en mi ciudad de origen, debo atravesar el valle de Sippar en el cual luego de un extensa llanura, se alzan imponentes las montañas de Eridu, las que me son sólo posibles de cruzar logrando ascender hasta su ápice, pues no hay manera de ladearlas más que desviarse cincuenta leguas hacia el este, con el peligro de luego no encontrar el camino que me lleve hasta los bosques de Ešnunna y Kontupeg detras de los que se encuentra el río Sardes, que deberé de ladear y al desembocar en su estuario desviarme hacia el oeste, continuar en esa dirección hasta divisar a lo lejos, entre la neblina, bajo la luz de la luna, bajo un sol deslumbrante, o quizás durante un hostil diluvio los grandiosos pilares que sostienen las puertas de Ngirsu.
    Dormí bajo un árbol, la mañana amaneció impecablemente clara y fresca. Tras el extenso valle de Sippar veo a lo lejos las montañas, llenas y a su vez límpidas frente a mi, algo de niebla alta y entre medio una fría luna diurna, visible a medias, frente al sol. Camino atravesando el espacio entre todo lo que he dejado atras, y todo lo que hay por delante, es conmovedor. Me detengo, doy media vuelta y observo el árbol bajo el cual dormí, el humo frío de la fogata ya prácticamente extinguida subiendo calmo y recto. A través de ese magnifico eufemismo logrado a partir de la naturaleza y mis ansias por lograr hacer la noche lo más cálida posible, pude darle un significado a mi caminar. Entendí entonces que la maldición que cinco familias sufrían cada que su generación se renovaba, estaba por apagarse. Y eso me motivo a seguir andando, pues, aunque sabía que el costo era mi vida, también tenía en claro que no pretendía morirme con esa carga en la conciencia.
    Se me hizo muy dificultoso llegar hasta la cima de las montañas, desde allí tuve una vista panorámica del reino, ¿cuan hermoso podría llegar a ser?. Mucho más de lo que ninguno de ustedes se imagina, desde las rocas en donde estaba erguido, hasta el horizonte más ínfimo alcance a divisar todos los colores diseminados a lo largo y a lo ancho de mi perspectiva, allende la ladera, el bosque de Ešnunna. Desde la altura todo parece más cercano, pero me llevo casi dos lunas poder llegar hasta su umbral. Atravesarlo, es agradable. De día, la luz natural perfora la tupidez de las copas de los árboles con una timidez casi única. Y por las noches sólo se oye a lo lejos el sonido de algún pájaro inquieto que es arrastrado por el viento a través de las hojas , lo cual hace que descansar dentro de sus límites sea fortalecedor.
    Al salir de Ešnunna, me encuentro con un horizonte totalmente llano, largos días me supondran alzar la vista y ver el bosque de Kontupeg. A mi alrededor, un paisaje atiborrado de una bruma espesa a la altura de la cintura, le da cierto aire espectral al paisaje. El astro circular que habita en el cielo es mi única fuente de luz y compañia. El amanecer parece que está queriendo asomar, cobarde en mostrar su esplendor apenas si un halo ilumina el cielo completamente oscuro. Continuo andando, y ya con varias tercias1 de luz solar sobre mis espaldas alzo la vista y veo a lo lejos, mi siguiente parada, el bosque de Kontupeg. Hace muchos años, ese sitio fue purgado por los dioses y hoy es absolutamente franqueable, pero según cuentan nuestros ancestros cuando el sol cae, y le da paso a su contraparte, dentro de sus confines se palpa una brisa densa, no por la humedad de su tierra, o por el mismo frío que supone la llegada de la noche si no porque ahí residen las miles de almas de los guerrereos que perdieron la vida en la batalla de Kontupeg.
    Estoy exhausto, necesito la corteza de un árbol donde dormir. Por suerte he alcanzado a llegar hasta la embocadura del bosque, mañana será un largo día, deberé atravesar Kontupeg y si es posible alcanzar el rio Sardes.
    Otra mañana impoluta. Ideal para andar, comienzo a caminar entre los árboles, las ramas caidas, las hojas secas, el fango que luego de superado, deja mis botas pesadas como dos piedras. Encontré una lanza, antigua, estaba atada a una liana que colgaba de un árbol. Me sería de útilidad, no en mi camino en el que no hay peligro de encontrarme con animales salvajes, pues, son regiones en las que no habitan este tipo de bestias, al no tener como alimentarse migraron de estos bosques hace ya mucho tiempo, hacia el sur del valle de Sippar. Si le daré uso al llegar al rio, para cazar algún pez y poder alimentarme con algo diferente que los frutos de los árboles, o las plantas que he encontrado en mi senda hasta aquí, y de aquí a lo que queda. Otra vez se está haciendo de noche, y no logre salir de Kontupeg, descansaré aquí, y con la primera luz partire al encuentro del Sardes.
    Desperte con el sonido del viento silbando entre las ramas de los árboles, el cielo mostraba un gris presagioso de lluvia, la cual no llegó. Me levante, y emprendí nuevamente el viaje, antes de que el sol logre su máxima ascensión ya me encontraba mojandome los pies en el Sardes, a mi propósito le faltaba cada vez menos para abordar su concreción. Use mi lanza para conseguir algo de alimento, y mientras me aseaba en las aguas calmas del río observaba el horizonte detrás del cual está Ngirsu, detrás del cual acaba mi existencia.
    Decidido y convencido parto en dirección a mi ciudad, el último tramo de este viaje que duró más de cuarenta soles. Al avistar a lo lejos los pilares, y las puertas de ingreso, el corazón me estallo de euforia, después de tanto estaba aquí.
    Subo con entusiasmo las escalinatas, cruzo las puertas, unas 2 leguas más adelante, el templo, el lugar donde debía convocar a los dioses para concluir con este pacto. Y que nadie sufriera más ninguna pérdida.
    Avanzo, sin temor. Sabiendo que lo que estoy haciendo es lo correcto. El templo se alza imponente sobre mi y me invita a ingresar.
    Por un breve y delicado momento algo dulce atravesó mi cuerpo repleto de cansancio. Será la muerte.

    • Flavus.

    1 Tercia se le llamaba, al no existir el sistema sexagesimal, en la antiguedad a la tercera hora luego del amanecer.
    ¡Puesto Nro° 3!

    Calificación: 8,50.

    "Sin titulo" DIDRAKUS.

    ! @DIDRAKUS:
    ! > Cuentan los bandidos más osados del bosque Negro, aquellos que tienen el coraje para adentrarse lo suficiente en la espesura, que a la caída del sol se siente una brisa pesada, no ocasionada por la humedad que invade el lugar, sino por las almas de los guerreros que perdieron su vida en la batalla de Kontupeg.

    La brisa, que para algunos está formada por el vestigio de la magia utilizada en el combate, no sólo dificulta la vista, sino que configura paisajes diferentes para cada viajero, haciendo del bosque un verdadero laberinto, una trampa ilusoria con sólo una salida: La muerte.

    En esta frondosidad los animales perecieron y la vegetación no es alimento alguno para ningún ser que se adentre en ella. Los cuervos y otras aves de rapiña sobrevuelan las copas de los árboles a la espera de la lenta agonía de los descuidados visitantes y, con un descenso en picada, recogen retazos de carne y pican sus ojos velozmente, para luego volver a las alturas.

    Es en este marco particular en el que Zholtan se encontraba. Hacía horas que había huído de sus captores corriendo en la oscuridad. Sin darse cuenta, lo que originalmente era un bosquecillo, adquirió espesor. Los haces de luz lunar dejaban ver que se encontraba rodeado de vegetación, árboles milenarios que no dejaban ver en ninguna dirección. Ahora se encontraba en la bruma, en la terrorífica bruma que los juglares cantaron noches atrás cuando todo era paz, cuando todavía Zholtan no había tenido que escapar ante el asedio a su aldea.

    El silenció se apoderó del ambiente. Podía oír el resquebrajamiento de las ramas de los árboles, los más antiguos, que parecían advertirle que no era un lugar seguro. Pero siguió caminando, esquivando los peligros del monte, cada vez internándose más y más en la espesura. De pronto, el joven de cabello oscuro, de aspecto desgarbado y poco atlético, divisó un árbol que se asomaba por sobre la alameda que constituía ese fragmento del bosque. Rápidamente, impulsado por quién sabe qué, corrió hacia él. Al llegar, contempló al enorme álamo que se erguía a la altura de cien hombres. Era realmente un ejemplar único y algo que nunca había visto en su vida. Al pie del gigante de madera reposaba una empuñadura seguida de una hoja que se incrustaba en una gigantesca raíz que se perdía entre el humus. Detrás de ella una inscripción tallada en la corteza rezaba: “Soy vuestra mano, y vuestra mano es la justicia”.

    Zholtan nació hijo de un noble de la Ciudad Capital que, si bien el nunca lo conoció, prestó durante toda su vida servicio a su Rey y a su Dios, bajo el emblema de Paladín, de guardia del monarca. Su madre siempre invocaba las historias de su difunto esposo, batallas cruentas, hazañas del héroe local y demás andanzas que eran dignas de oír sentado, junto a una hoguera o bebiendo un buen trago. Entre ellas su favorita era la de Eldora, la vieja espada del paladín que había terminado con la vida de numerosas alimañas y demonios, una hoja Santa que el Rey en persona había entregado a su guardia predilecto y que la misma representaba soberanía y derecho al trono. El Rey no tenía prole, puesto que su heredero debería estar justificado por algún medio que no sea la sangre. Tristemente Gutlaf, el padre de Zholtan, perdió la vida en la batalla de Kontupeg y la espada nunca volvió a aparecer. Su madre sólo recordaba que ella tenía una serpiente tallada en el pomo.

    Alguien había dejado eso allí. Caminó hacia ella. Efectivamente la cabeza de un reptil conformaba su mango. ¡Era la espada de su padre!, ¡Eldora!. El joven rodeó la empuñadura con ambas manos y retiró la espada del viejo árbol. Una luz invadió el lugar, la niebla comenzó a disiparse y un camino se abrió entre la maleza. Zholtan caminó hacia él, rumbo a la salida, en busca del camino a la ciudad Capital, a exigir el legado de su padre.

    El cuerpo de Zholtan fue encontrado días después por su madre, picado y masticado por cuervos. En su mano sostenía una rama de algún árbol de la zona y en su desfigurado rostro parecía dibujarse algo así como una sonrisa.

    Puesto Nro° 4

    Calificación: 7,5.

    "Memorias de un pescador" Alexander.

    ! @Alexander:
    ! > Si usted está dispuesto a leer mi historia, se lo agradecería con el alma, joven viajero.
    A mis noventa años, he decidido dejar constancia de mis vivencias en éstas tierras de enorme belleza, a través de éste texto, que se perderá en el tiempo…
    Nací y me crie en la humilde ciudad de nix , la ciudad que amaestra novatos comerciantes y los convierte en excelentes vendedores, la ciudad que moldea el carácter, la ciudad en la que forjé amistades tan fuertes como el hierro, la ciudad en la que amé por primera vez…
    Al cumplir once años de edad, mi padre, sir Froilán (título otorgado por el emperador) me empezó a instruir en el maravilloso arte de la pesca, si bien, él era famoso por sus hazañas en batalla, su verdadera pasión estaba en el mar.
    A mis veinte años, la pesca era mi vida, me gustaba tanto estar en el océano que podía pasarme el día entero en mi vieja galera, soltando la red esperando pacíficamente la ansiada recompensa.
    Recuerdo un día de tormenta, todavía puedo sentir el crujir de los tablones de mi galera, las olas azotando sin piedad contra la proa, y los rayos cayendo sobre el agua iluminando por un segundo el abismo del océano, aunque estaba asustado he de reconocer, también estaba encantado por la majestuosidad del momento, el agua corría por mi cara y la lluvia era tempestiva, pero no quería estar en ningún otro lado, para mí, eso era el paraíso. Al regresar a puerto aquél día, recuerdo ver a mis dos grandes amigos, floky y harek.
    Debo contarles breves detalles sobre ellos, para que no queden perdidos en las sinuosas arenas del tiempo, y para que usted querido viajero, sepa que existieron, que rieron, que lloraron, y que vivieron al máximo cada día. Los dos pertenecían a una tribu del polo norte denominada dekainos, provenían de una estirpe vikinga casi extinta y eran muy conocidos en sus tierras.
    floky era alto, rubio y de ojos azules, su barba era larga de un color rojizo , siempre vestía sacos humildes con capucha y merodeaba los alrededores como buscando algo importante, siempre alegre y simpático, pintaba su cara con símbolos nórdicos que le proporcionaban un magnetismo especial, las doncellas de la ciudad no podían resistirse a sus encantos., vivía para el prójimo, ayudando a todo el que podía.
    Harek, ¡já! ¡Ese bastardo y sus bromas! Un día casi me mata del susto al decirme que sin querer se le había caído una antorcha en mi navío, ¿se imaginan, mi querida galera ardiendo en llamas? ¡No lo podría soportar!. Después de setenta años de aquélla broma, aún se me dibuja una sonrisa cada vez que la recuerdo. Harek, el bromista del pueblo, el que hacía reír a los jóvenes, enano, rechoncho, de ojos marrones, utilizaba vestimentas rústicas, de colores opacos, y unas botas en punta que lo hacían parecer un duende., en una ocasión nos encontrábamos con floky bebiendo agua miel en mi galera, y al ver que harek se aproximaba lo molesto diciéndole, ¡Maldición! Un duende floky, ¡¡¡corre por tu vida!!! , al instante floky se tiró al agua y yo lo seguí , mientras mirábamos a harek desde abajo casi muertos de risa dijo, Ahgrr qué más da? Y se tiró al agua, reíamos tanto que nos dolían las mandíbulas, supongo que fue el efecto del agua miel, pero ese momento quedará guardado en mi memoria por siempre, como uno de los días más felices de mi vida.
    Harek y floky también componían la música para el pueblo, corría el rumor de que su música era mágica, componían unas melodías tan encantadoras que podían aliviar las penas en los corazones de los hombres, cada día al levantarme para salir a pescar, escuchaba sus melodías, pero había una en particular que me llenaba de energía y vitalidad, era sublime, casi angelical, la melodía se llamaba “camino a ragnarok”, les pregunté por qué ese nombre, y me contaron que un día, un vagabundo les había entregado la flauta y los demás instrumentos, junto con la instrucción de como tocar la canción, pero floky sospechaba que algún dios nórdico había adoptado la forma de vagabundo para compartir su canción. En fin, floky y harek mis dos mejores amigos, no podían faltar en los relatos de mi vida.
    Al cumplir treinta años, las cosas cambiaron.
    Me encontraba en los muelles de nix desde bien temprano como de costumbre, el calor era agobiante, no corría brisa alguna, observaba a los pescadores secar el sudor de su frente mientras charlaban entre ellos, sin dejar de trabajar, me transmitían una sensación extraña, su esfuerzo, su dedicación, su compañerismo, su pasión por lo que hacían, provocaban en mí una sensación que no puedo describir con palabras, era glorioso.
    Al llegar el mediodía, el cielo se tornó oscuro, el viento comenzó a soplar con fuerza desde el oeste, amarré mi galera lo mejor que pude, y solté el ancla en el puerto. Luego de unas horas, la lluvia no tardó en llegar, desde mi hogar, las gotas golpeaban contra el cristal de la ventana, observaba los árboles que parecían cobrar vida con los movimientos que el viento les proporcionaba, decidí recostarme por un momento, me encontraba solo, mirando el techo mientras escuchaba las gotas de lluvia que caían sobre el tejado, cerré mis ojos por un instante y no pude evitar recordar a mi padre, ya fallecido hace algunos años, la nostalgia y la melancolía recorrían mi pecho, le estaba tan agradecido por todo lo que me había enseñado, pero nunca se lo dije, y me arrepiento tanto… pero me consuela pensar que él ya lo sabía, era el hombre más sabio e inteligente que jamás conocí, siempre te querré padre.
    Ya llegada la medianoche la lluvia continuaba cayendo sobre la ciudad, y pensé, ¿será el diluvio del que tanto hablan aquellos religiosos paganos? Bah, que más daba, solo era lluvia.
    La madrugada había llegado, mi insomnio no me dejaba dormir, me encontraba exaltado sin razón aparente, mi corazón latía con fuerza, así que decidí levantarme y prepararme alguna bebida caliente., Una vez sentado sobre la silla bebiendo una mezcla de hierbas que emanaban un precioso aroma, mi piel se erizó, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el aire se tornó extremadamente frío, de pronto, oí un grito que agudizó aún más los latidos de mi corazón, me asomé rápidamente a la ventana para intentar divisar qué había ocurrido, y allí lo vi, sobre el muelle, una figura terrorífica, portaba un atuendo negro con capucha que le cubría todo el cuerpo, se veían las garras sobresalir de sus mangas, un hedor putrefacto cubría todo el ambiente, vi al sacerdote del pueblo salir de su iglesia, así que tomé coraje y decidí salir a ayudarle, al llegar encontré al sacerdote tirado en un charco de agua y sangre con su túnica blanca totalmente teñida de rojo, la criatura se encontraba a unos metros de distancia, mirando hacia el mar, lo observé e inmediatamente se giró hacia mí, estiró su brazo derecho hacia adelante lentamente, abrió sus palmas y entre sus garras pude ver colgando el crucifijo del sacerdote, sus ojos rojos y su leve sonrisa me transmitían tanto temor que apenas podía moverme, pero atiné a preguntarle balbuceando ¿Por qué?, a lo que él respondió; Es solo el comienzo, ¡mataré a todos y cada uno de los miserables habitantes de ésta maldito pueblo!, si quieres que te perdone la vida, tendrás que ofrecerme algo a cambio, veamos… ¿Qué te parece tu alma como primera oferta?. Me quedé atónito por unos segundos, luego, me arrodillé ante él y le supliqué misericordia, al fin y al cabo yo solo era un humilde pescador y comerciante, ¿Qué podía hacer? ¿Combatir contra él con mi red de pesca?, claro que no. Me tomó del cuello con sus garras, me levanto en el aire hasta la altura de sus ojos, podía sentir como penetraba mi alma con su mirada, Y me dijo; Verás a toda la ciudad en llamas, a tus amigos y familiares muertos, y luego suplicarás nuevamente que no te arranque la cabeza del cuerpo, te dejaré vivo para que desees estar muerto.
    El temor fue tan inmenso que no lo pude soportar y me desvanecí.
    La luz del alba me despertó, me encontraba mareado, tirado en el suelo, no entendía bien lo que había ocurrido, tenía la garganta seca y mis ropas se encontraban mojadas, al levantar la mirada el horror inundó mi alma, cientos de cadáveres a mi alrededor, todos los pescadores, todos los niños, todos los habitantes de nix habían sido masacrados por aquélla entidad, entre los cuerpos que yacían sin vida logré distinguir a floky y harek, me acerqué hacia ellos y rompí en llanto, no podía entender como alguien era capaz de realizar tales actos de maldad.
    Ese mismo día juré vengar como sea la memoria de todos los habitantes de la ciudad, estaba devastado, enterré los cuerpos de mis dos compañeros de la vida y de todos los que pude hasta que no me dieron las fuerzas para seguir cavando., Al pasar un mes, había enterrado a casi toda la ciudad, pedí ayuda a las fuerzas reales, pero hicieron caso omiso a mis palabras, me encontraba totalmente solo.
    A mis cuarenta años, había pasado una década estudiando y recolectando información sobre las artes arcanas, hechicerías de todo tipo, logré descubrir en páginas de un papiro antiguo un breve texto que decía lo siguiente; "Cuentan los bandidos más valientes del bosque, que a la caída del sol, se siente una brisa pesada, no por humedad, sino por almas de guerreros que perdieron la vida en la batalla de Kontupeg.", el papiro pertenecía a mi padre, en él se describía una ardua batalla contra una entidad demoniaca que arrasó con cientos de vidas para luego desaparecer.
    Decidí marcharme a la aldea de nueva esperanza, sabía que aquél ser se vería tentado por masacrar al segundo pueblo más indefenso e inocente, y allí tendría mi oportunidad de venganza.
    Al llegar a mis cincuenta años, había esperado veinte años el regreso de aquél demonio, perfeccioné mis dotes en la alquimia y podía preparar devastadores brebajes, pociones de todas las variedades, incluso las vendía a un buen precio a los forasteros que se alojaban por breves periodos en la ciudad.
    Me mantuve veinte largos años en la espera, hasta que decidí dejar el pasado atrás y formar una familia, me casé con una bella dama llamada esmeralda, sus ojos de un intenso azul me recordaban el océano que tanto amo, su cabello de suave textura y color amarillo me recordaba a las hojas del otoño, con ella tuve tres hijos, freth margaret y beljor.,verlos correr de un lado hacia otro me proporcionaba la paz que tanto anhelaba, la que me había sido arrebatada.
    En mis sesenta años tuvo lugar un acontecimiento al que no puedo dejar pasar como algo más, me encontraba en mi habitación acostado junto a mi esposa, cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta, me levanté rápidamente, al acercarme había una carta que asomaba por debajo, espié por el rabillo y no logré ver a nadie. La carta manifestaba lo siguiente; La oscuridad se aproxima, no podrás detenerla a menos que encuentres lo que tanto busqué en vida, las aguas de arghal lo ocultan.
    El mismo día que recibí la carta, sin dudarlo ni un momento, decidí emprender el viaje hacia las tierras de arghal, viajé exhaustivamente durante cinco días, por un momento pensé que me había perdido, luego, divisé en el horizonte las tenues luces de los fuegos fatuos, señal inequívoca de que me encontraba cerca de la mítica ciudad. Al llegar, me recibió un hechicero, de aspecto anciano, portaba un gorro y se ayudaba para caminar con una vara de madera que parecía emitir cierta luminiscencia, llevaba un ropaje extraño que nunca había visto, de diferentes colores, sus primeras palabras fueron; Sé bien el motivo de su llegada señor, viene por el objeto, sígame por favor. Caminando lentamente me llevó hacia el puerto de la ciudad, mientras marchábamos me contó cómo había ayudado a levantar los muros de arghal para proteger a su gente del temible dragón que en el pasado habitaba en una isla no muy lejos, me contó cómo lo derrotaron, utilizando lo que él denominaba “magia ancestral”. Mientras me relataba su historia, mencionó; la batalla de kontupeg fue dura, si bien pudimos eliminar al colosal dragón, no pudimos acabar con él ser que lo controlaba, él último de la legión oscura.
    Me quedé atónito en ese momento, pero mis dudas se iban aclarando cada vez más.
    Ya en el puerto de la ciudad, me explicó porque no pudo intervenir cuando la entidad atacó en nix, los guardias imperiales lo encarcelaron por una pelea que tuvo con un mercader proveniente de ullathorpe, le habían sustraído su báculo sin que se percatase y no pudo escapar, cuando lo liberaron ya era demasiado tarde. Le pregunté cómo sabía que venía en busca de un objeto, y me dijo que había recibido una carta, donde le daba instrucciones para sacar el artefacto del fondo del océano y entregárselo al viajero que vendría próximamente.
    Al terminar la conversación procedió a realizar una serie de encantamientos apuntando con su báculo hacia el agua, desde las profundidades se podía observar como emergía el objeto, una vez fuera del agua, me asombré al ver que el objeto era una flauta, emitía una luminiscencia debido a su color dorado que le daba un aspecto mágico.
    Al llegar a los ochenta, habían pasado veinte años desde mi viaje a arghal, mis hijos habían crecido lo suficiente como para marcharse en busca de aventuras, yo y mi esposa pasábamos los días alegremente en esperanza.
    Ese mismo año la alegría se acabaría.
    Era un día normal como cualquier otro, la noche había llegado, me encontraba con mi amada disfrutando de una rica cena, de un momento hacía otro el aire se tornó denso y frio, mi corazón latía con fuerza, sabía que había vuelto., Inmediatamente le indiqué a mi esposa que baje al sótano y se guiara con un mapa que le había proporcionado, poseía indicaciones para transitar las catacumbas de esperanza, pocos conocían su existencia, pero por fortuna yo era uno de ellos, me despidió con un beso entre lágrimas y se adentró rápidamente en aquél pasillo oscuro.
    Al poner a salvo a mi mujer subí lo más rápido que pude las escaleras, abrí la puerta de mi hogar, y allí estaba, caminando a pasos lentos mientras devoraba los intestinos de un niño, deleitándose, se podía escuchar su risa burlona entrecortada mientras masticaba.
    Esta vez le haría frente, aunque ya el tiempo no estaba de mi lado, tenía ochenta años, mi movilidad ya no era la misma que hace cuarenta años, lo único que me quedaba eran algunos hechizos que aprendí y una vara que me había regalado aquél humilde hechicero, pero no importaba, no dejaría que el miedo me domine como lo había hecho en el pasado.
    Cogí mi vara y le grité; ¡eh, maldito, enfréntate a mí y deja a los ciudadanos en paz! A lo que él respondió; valla… mira a quien tenemos aquí, ¡el pescador más cobarde de la ciudad más cobarde!, ¿qué harás anciano, aniquilarme con tu extensa barba y tus arrugas?
    Levanté mi vara y lancé el hechizo apocalipsis repetidas veces, pero no lo afectaba, se acercó hacia mí y de un golpe me derribó, mi vara calló hacia un costado, había llegado mi hora, de repente apareció mi esposa corriendo hacia él, la agarró del cuello mientras pisaba mi pecho, mientras la miraba le rogaba que me perdone, no entendía porque no se había marchado, pero ya no importaba, con un movimiento brusco le atravesó el estómago y la arrojó al suelo.
    Le grité que acabara con mi vida totalmente rendido, sin esperanza, entre lágrimas, de pronto escuché una tenue voz balbuceante que dijo; llegó tu hora criatura, saldaré mi deuda.
    Para mi sorpresa era aquél anciano que había conocido en la ciudad de arghal, introdujo su mano en uno de sus bolsillos y sacó un sobre para luego tirarlo sobre la tierra, mientras me miraba con una sonrisa, al instante levantó su vara y realizó un hechizo que jamás había visto, el suelo se sacudía con fuerza, el viento comenzó a soplar de manera agresiva, mientras recitaba palabras que yo no comprendía un portal se abría, la entidad comenzó a dar gritos desgarradores y de un momento al otro el portal los absorbió a los dos, pero el portal continuaba abierto.
    Lo siguiente que realicé fue recoger el sobre que había dejado, transcribo literalmente lo que decía la carta; Querido amigo, utilicé magia etérea, seguramente no conozcas sobre su existencia, no está datada en ningún escrito, solo los magos iniciados en el templo del águila teníamos ese conocimiento, y yo era el último., Como podrás ver el portal continúa abierto, y tú debes cerrarlo, para ello deberás utilizar la flauta que sacamos aquél día del fondo del océano, tendrás que entonar la melodía que salga de tu alma, solo de esa manera el portal se cerrará, al terminar debes tirar la flauta al océano, confío en ti querido amigo.
    Luego de leer su carta, me dirigí rápidamente a buscar la flauta, una vez con el instrumento en mis manos, me posicioné a una distancia respetable del portal, tuve una sensación extraña, comencé a entonar una melodía que reflejaba lo que sentía en aquél momento, el portal tomó un tono grisáceo, parecía comprender el dolor que mi alma sentía, al cabo de unos segundos el portal se cerró.
    Me encontraba desolado, pero estaba tranquilo porque sabía que el ser más malvado que conocieron las tierras del sur había sido eliminado.
    Envié cartas a mis hijos relatando el terrible suceso, quienes se reunieron conmigo en esperanza para darle un funeral apropiado a mi esposa, siempre te amaré, querida mía.
    Al día siguiente, decidí marcharme a la ciudad que me había visto nacer, empaqué mis objetos y emprendí el largo viaje hacia nix.
    Al llegar, la ciudad continuaba prácticamente vacía, increíblemente mi galera todavía seguía en pie, cuidada por un hombre en harapos, de apariencia humilde, un vagabundo, apenas me vio me reconoció, no entendí como, pero me reconoció y me otorgó el mando de mi antigua galera, a la que nombré esmeralda, una vez dentro de mi barco, me asomé por la proa, decidido a terminar mi cometido, de mi bolso de arpillera saqué la flauta, y la solté lentamente mientras observaba como se hundía en el océano, no pude evitar llorar en aquél momento, cuando de pronto escuché la melodía, aquella melodía que podía sanar el corazón de los hombres, levanté mi mirada y pude observar a todos los pescadores del pasado, de forma espectral, fantasmagóricos, realizando sus tareas como si no hubieran muerto, divisé a floky y a harek, me miraban mientras se desvanecían lentamente entonando la canción que curó mi alma de tanto dolor, esa fue la última vez que los vi.
    En fin, éstas son mis memorias, si llegó a sus manos viajero, no es por casualidad, intenté contar los detalles más significativos de mi estadía en las bellas tierras del sur, espero con ansias volver a ver poblada y llena de vida a mi hermosa ciudad, mientras tanto, empuño mi red como si fuera mi primera pesca, y continúo la labor de mis antepasados.

    Yapa: la melodía que entonaban, “camino a ragnarok”.
    https://www.youtube.com/watch?v=LToOpSodMc8&feature=youtu.be

    Puesto Nro° 5

    Calificación: 7,5.

    "Sin título" Kyurem.

    ! @Kyurem:
    ! > Cinco años han pasado desde que la guerra finalizó. La ciudad de Lirceo había enviado a sus tropas hacia mi ciudad natal, Genesio, con el objetivo de dar lección a nuestro rey Aetos al romperse el pacto nupcial entre el príncipe Adrián, hijo del rey Deo y la reina Circe y la princesa Ademia hija del rey Aetos y la reina Eleonor. La guerra se llevo consigo vidas tanto de inocentes, como de valientes guerreros que dieron su vida para defender al rey y con ellas, la vida de mi padre y la de mi hermano dejándonos solos a mi madre y a mí.Mi nombre es Aro, y esta es la historia de como una enfermedad casi acaba con lo único que me quedaba en esta vida, mi madre y de como conocí el verdadero amor.Todo comenzó un triste día de invierno. Cuando me desperté, note una sensación extraña, como si algo raro estuviera sucediendo. Me apresure a ir desde mi cama hasta mi armario, los cuales eran las únicas pertenencias dentro de toda la habitación. Cuando abrí el armario encontré lo habitual, vestimentas comunes por un lado, y por el otro, estaba la armadura que pertenecía a mi padre, me la había obsequiado antes de partir a la batalla que acabaría con su vida. Me vestí como solía hacerlo una camisa de lino blanca, unas mallas de cuero color marrón y sandalias.Extrañamente, no sentía el típico olor que provenía de la fogata en la que mi madre preparaba nuestro almuerzo, deduje que la leña se había acabado y comencé a prepararme para ir por más. Cuando estaba preparándome para partir, descubrí horrorizado que mi madre estaba tendida en el suelo, pálida como la nieve, sin dar ninguna señal de vida. Ella era una mujer de mediana edad, y, al igual que yo, tenia los ojos color miel. Su cabello era de un tono rubio opaco a diferencia del mío, herede el color de cabello de mi padre, un color castaño parecido a las avellanas, pero, basta de descripciones. Levante a mi madre del suelo y corrí con ella en brazos hasta su habitación. El trayecto hasta el cuarto parecía mucho mas largo de lo que en realidad era, supongo que en esto jugaba un papel importante la desesperación de tener en mis brazos a mi madre inconsciente, hasta que por fin llegue y la recosté en su cama. Primero note que aun respiraba, por lo que estaba viva. Comencé a tratar de reanimarla, pero, al ver que no tenía éxito, salí de mi casa en búsqueda de alguien que pudiera ayudar a mi madre. Entonces recordé como los juglares recitaban sobre un joven alquimista llamado Támesis, el había ganado fama resolviendo cualquier problema que le se le presentara mediante pociones y distintos brebajes, así que partí hacia a su hogar, que estaba a 20 minutos de caminata, esperando que el pudiera ayudarme con mi problema.Mientras caminaba a paso veloz hacia la casa en la que Támesis vivía, observaba con atención hacia la fila de casas iguales a la que yo vivía, hechas de muros de piedra caliza y techos de madera, por si alguna persona se encontraba en la misma desesperante situación en la que yo me encontraba, pero, en cambio, veía familias felices, niños corriendo detrás de otros niños envidiando la alegría, la felicidad y la despreocupación en sus rostros, la cual yo había perdido hace tiempo atrás.Sin darme cuenta de cuanto había recorrido, llegue pronto al hogar de Támesis. Debido a su reputación de alquimista afamado, su casa era distinta a las demás, era más imponente que las demás además de ser del doble de tamaño, en sus ventanas aparecían de repente luces de colores extraños los cuales atribuí a la realización de alguna poción. Junto a la puerta principal había un cartel en letras parecidas al oro en la que se leía Támesis “El Alquimista”. Tome coraje por mi madre, y por lo que le deparaba el destino, y llame a la puerta.

    ! @Kyurem:
    ! > * ¡Mía! – Dijo una voz masculina que provenía desde dentro – Ve a revisar quien toca.

    Ante mi apareció una mujer cuya belleza solo podía ser comparada con Venus. Su cara parecía hecha de porcelana, sin ningún defecto, era de baja estatura por lo que aparentaba una edad menor a lo que seguramente tenía. Su cabello color rubí caía por delante de sus hombros, dándole una apariencia fuerte, pero frágil al mismo tiempo.

    • ¿En que puedo ayudaros? – Dijo la muchacha con un tono dulce en su voz.
    • Vengo a ver a Támesis, es importante. – Contesté luego de salir del trance que me había causado su belleza.
    • Esperad aquí, veré si Támesis puede atenderos.

    Y se retiro dentro de la casa, sin decir otra palabra. Aguarde lo que parecieron eones a que el alquimista apareciera, hasta que finalmente lo hizo. Frente a mi se encontraba un sujeto mayor de edad, media aproximadamente lo mismo que yo, lucia como un ermitaño, sus ropas estaban hechas harapos y manchadas, parecía gruñón, así que procure no hacerlo enfadar, u optaría por no ayudarme.

    • Decidme porqué me necesitáis, pero mejor que seáis breve, estoy ocupado. – Dijo Támesis seriamente.
    • Mi nombre es Aro, necesito vuestra ayuda, mi madre enfermó y desconozco las causas, creí que vos podéis entenderos que le sucede.
    • No puedo partir en este momento, estoy elaborando una poción muy poderosa, que necesita tiempo y concentración. Tu problema deberá esperar.
    • No tengo mucho tiempo, os suplico misericordia. Ayude a mi madre, tratare de pagaros como sea, pero por favor, haced algo.
    • Pensándolo bien… No os preocupéis, enviare a mi aprendiz, Mía, ella esta capacitada para deciros que le esta sucediendo a vuestra madre. No deberéis pagarme nada, le servirá de práctica. ¡Así que partid, y que tengáis suerte!

    Me sentí afortunado en el momento en que Mía me acompaño, no hablamos mucho en el trayecto a mi hogar, salvo por algunas preguntas que me hacia acerca de mi madre para elaborar una idea de a que se enfrentaba. Cuando llegamos, Mía se apresuro a preguntarme donde se encontraba mi madre. Le indique donde estaba su habitación y corrimos hacia allí. Una vez en su cuarto, Mía comenzó a revisar detalladamente a mi madre. Comenzó a hacer una especie de ritual que no comprendía del todo, pero eso no fue lo mas extraño, sino que sacó de su bolsa un báculo color madera el cual, en la punta, tenia tallada la cabeza de un dragón la cual empezó a brillar con fulgor. En el suelo de la habitación, apareció de pronto un círculo de color esmeralda el cual contenía símbolos que imitaban una especie de danza alrededor de Mía, entre los cuales se encontraban símbolos como estos:

    De pronto todo volvió a la normalidad, el báculo dejo de brillar, los símbolos desaparecieron, pero Mía estaba pálida, sin decir palabra, observando a mi madre.

    • Mía, ¿Qué sucede con mi madre? – le pregunte mirando su cara de preocupación.
    • Nunca antes había visto esto, necesitamos la ayuda de Támesis.

    Al oírlo decidí dejar a mi madre al cuidado de Mía mientras iba en busca de Támesis. Esta vez, el camino pareció mas largo porque solo estaba concentrado en lo horrorizada que Mía estaba mientras observaba a mi madre.Una vez que recogí a Támesis de su hogar y me acompaño, me pidieron que los deje a solas con mi madre así poder discutir su accionar.Los segundos se hacían minutos, y los minutos se hacían horas hasta que por fin Támesis salió de la habitación de mi madre seguido por Mía.

    • Malas noticias, tu madre contrajo una enfermedad poco común, puedo curarla, pero necesitareis ir en búsqueda de un objeto muy preciado. Se encuentra en el corazón del bosque de Kontupeg.

    Al escuchar el nombre del bosque, un escalofrió recorrió mi cuerpo. Kontupeg era el nombre con el que se llamo a la batalla final entre el ejército de Deo y el de Aetos, debido al bosque donde transcurrió y donde también, mi padre y mi hermano habían perdido sus vidas.

    • ¿De qué objeto se trata? – pregunte rápidamente para olvidar los malos recuerdos que ese nombre me traía.
    • El alma del príncipe Adrián – Dijo con seriedad Támesis, por lo que comprendí que no estaba jugando – esta ubicada dentro de la cueva mas profunda del bosque, encerrada en un colgante con forma parecida a las telarañas

    • Entendido, iré a conseguirlo, será fácil entrar al bosque, coger el objeto y salir.
    • Cuidado con lo que dices Aro, cuentan los bandidos más valientes del bosque, que a la caída del sol, se siente una brisa pesada, no por humedad, sino por almas de guerreros que perdieron vida en la batalla de Kontupeg. Ellas protegen el alma de su príncipe caído.

    Supuse que solo hablaba basado en supersticiones, así que no preste mucha atención a los peligros que auguraba. Ya el ocaso se aproximaba, así que Támesis me recomendó no salir de mi hogar a estas horas, pero, al ver que el tiempo se agotaba y mi madre no sobreviviría si no conseguía el alma de Adrián rápidamente, dijo a Mía que me acompañara, ya que un guerrero como yo no lo lograría sin la magia de un alquimista.

    • Necesito un momento para prepararme, volveré enseguida – dije con un tono de confianza convencido de que el viaje seria un éxito.

    Primero fui a mi habitación, abrí mi armario y cogí la armadura de mi padre. Al terminar de colocármela, me di cuenta de lo mucho que nos parecíamos, el en el momento en que se retiro a su ultima batalla y yo en ese momento, a punto de partir a una aventura para salvar la vida de mi madre. Cuando salí de mi habitación, me dirigí hacia la habitación de mi madre. Allí, sobre la pared, estaba colgado el escudo de mi padre, con su espada atravesada por detrás, creo que la razón de que estuvieran en su cuarto era representar simbólicamente con sus pertenencias, que mi padre esta cerca de ella. El escudo era circular, hecho de bronce con grabados de laureles trazando la circunferencia del escudo hechos en plata, mientras que en el centro, grabado en oro, había un símbolo que nunca entendí, pero mi padre decía que era de suma importancia, se parecían a cuatro brazos de cada lado sosteniendo el circulo interno del escudo mientras que en el centro del símbolo se formaba la letra H.

    La espada era mas simple, tenia el mago recubierto con cuero mientras la hoja estaba hecha de plata. Al observar mas detenidamente la hoja de la espada, se llegaba a leer una inscripcion en otro idioma. Parecía que formaban un nombre, , parecía mi nombre, pero eso era imposible, la espada pertenecía a mi padre desde antes que yo naciera, así que me olvide de esa idea y salí de la habitación de mi madre dando un último vistazo a su cuerpo inmóvil, deseando que resista hasta mi regreso.

    • Veo que habéis terminado de prepararte – dijo Támesis, note que se impresionó un poco de la armadura que llevaba puesta además de mis armas.
    • Si, he terminado, así que me iré ahora, ¿estáis lista Mía?
    • Si, lista – contesto rápidamente fijándose si llevaba todo lo necesario en la bolsa que tenía
    • Entonces no os entretendré más, ¡que la suerte este de vuestro lado!

    Sin más interrupciones, partimos hacia el bosque, el cual estaba a dos horas de caminata desde mi hogar. El cielo estaba tornándose cada vez más oscuro hasta que la noche lo cubrió con su manto de estrellas. La conversación con Mía empezó poco a poco a tomar interés.

    • ¿Desde cuándo eréis aprendiz de Támesis? – pregunte interesado para saber la razón por la cual una mujer tan bella como lo era ella, no estaba interesada en otra cosa que no fuese la alquimia.
    • Desde pequeña me gustó el trabajo que realizaban los alquimistas, ademáis, tu y los demás hombres creéis que por ser mujeres no tenemos poder, por eso quiero demostraros lo contrario – respondió con un tono de auto superación
    • Yo no creo eso de las mujeres – contesté pensando en la fuerza que tenía mi madre cuando soportó el dolor de perder a dos de las personas que más amo en su vida, la que hacia que cada día se levantara con una sonrisa y no demostrar debilidad para que yo no estuviera triste por nuestra fortuna.
    • Eres el primero – Note amargura en su voz, supuse que debió haberle pasado algo malo de pequeña, pero opte por no preguntar.

    Sin darnos cuenta habíamos llegado a la entrada del bosque de Kontupeg. El bosque estaba oscuro debido a las copas de sus arboles las cuales se encontraban muy cerca entre si, haciendo que las hojas taparan la poca luz que la luna proyectaba hacia él. Note muchas sombras moviéndose en lo profundo del bosque, pero acredite las sombras a los animales que merodeaban por la zona. Tomamos coraje y entramos.Seguimos un sendero que serpenteaba alrededor de algunos arboles aproximadamente unas 3 millas, hasta que el sendero se perdió en el camino. Mía abrió un mapa que Támesis le había dado con la ubicación exacta del alma del príncipe Adrián, yo no alcanzaba a ver nada, pero Mía si pudo ya me indicaba donde caminar, de que sectores alejarme, que tipos de animales vivían por las regiones por donde pasábamos, y demás. Todo estaba calmo, no había sucedido nada, salvo por nuestro encuentro con unas ardillas inofensivas, y supuse que tenia razón acerca de los mitos que farfullaba Támesis, hasta que de repente, Mía se giro en seco.

    • ¿Tú me habéis quitado el mapa?
    • Estoy detrás de ti Mía, ¿Cómo podría haberos hecho eso?
    • Entonces alguien esta cerca, y nos esta robando. – dijo mientras su cara se volvía pálida del susto, como si hubiera visto un fantasma. Justamente, mi espada estaba fuera de su funda, flotando en el aire mientras se alejaba de mí.
    • ¡Son ladrones oscuros! – grito Mía – roban a las personas sin poder veros durante toda la noche.
    • ¡¿Y como vencemos a alguien invisible?! – Pregunte desesperado para poder recuperar la espada de mi padre.
    • Entreteneros, tengo un hechizo para derrotarlos

    Fue mas fácil decirlo que hacerlo, sentía que el aire me odiaba y se materializaba para golpearme mientras que yo intentaba devolver el golpe algo que no tenía forma física a la vista.Mientras yo hacia esto, un círculo parecido al que rodeo a Mía en la habitación de mi madre la rodeaba ahora, pero en lugar de ser color esmeralda, era color violeta. Mientras Mía sacaba su báculo con cabeza de dragón recitaba una y otra vez:

    • Þjófastafur Rosahringur minni

    Cuando de pronto, un símbolo brillo en medio del suelo iluminando una silueta que antes no estaba allí. El símbolo parecía una especie de reloj con estrellas en sus puntas.

    De cada una de las puntas del símbolo comenzaron a salir enredaderas que se ocuparon de envolver a los ladrones oscuros con sus ramas. Una vez bien sujetos, los ladrones comenzaron a hacerse de a poco visibles mientras que las enredaderas comenzaban a brillar.

    • Están agotando su energía, no podéis concentraros en desaparecer malditos ladrones.
    • ¡Devolveremos todo! – comenzó a gritar el primero de los ladrones que ya era casi del todo visible. Era un ser demasiado grotesco para describirlo, pero haré el intento, primero media la mitad de lo que yo media, su nariz ocupaba dos tercios del total de su cara y tenia una sola ceja que ocultaba bastante mal que sus ojos no eran del mismo tamaño. En fin, era la criatura más grotesca que haya visto.
    • No os liberareis hasta que recuperemos nuestras cosas, así que decidme dónde están –Mia se veía furiosa.
    • Están detrás de aquellos arbustos, ¡ahora liberadnos!
    • Os dejaré así hasta el amanecer, no puedo permitiros bajar de ahí y que continuéis robándonos, alguien os encontrara y ayudara, adiós.

    Mientras nos alejábamos de la escena para recoger nuestras pertenencias e irnos de allí, oía como los enanos llorisqueaban piedad a mí, ya que Mía había sido fría y cruel con ellos por lo cual no podían razonar con ella.

    • Por favor noble guerrero, liberadnos, juro que no os molestaremos.
    • No le hables sucio enano – Mía se interpuso entre nosotros – Conozco a los de tu clase, son una estirpe de mentirosos y ladrones.

    Sin más que decir, Mía tiro de mí dejando solo a los enanos enredados.

    • ¿Qué ha sido todo eso? – Nunca creí ver tanto odio hacia un ser.
    • Un enano robo lo único que quedaba de mi familia antes de que aprenda cosas sobre la alquimia como para poder defenderme, desde ese entonces odio a los enanos.
    • Entendido – dije pero me quede preocupado en parte por Mía, ¿También había perdido a su familia como yo? Teníamos más en común de lo que creía, y comenzaba a creer que ella también lo sabía.

    Volvimos a continuar nuestra marcha pero no pude dejar de pensar en los enanos, si bien eran unos ladrones, no creo que nadie se merezca ser tratado así. Pero de pronto, comencé a creer que lo que Támesis me había dicho no estaba tan errado, muchos peligros se encontraban en este bosque, y sabía que si no dejaba esa compasión de lado, no lograría cumplir mi objetivo.Una vez que deje atrás el pensamiento de los enanos, me concentre en Mía, tan poco la conocía, pero cuando miraba sus ojos comprendí que estaba enamorándome de su personalidad, de sus actitudes, de toda ella. Así que tome coraje y pregunte:

    • ¿También perdisteis a tu familia eh?
    • Mi madre y mi padre murieron cuando era joven, Támesis era amigo de mi padre, por lo cual el me adoptó como su familia – dijo con tristeza en sus ojos.
    • Mi padre y mi hermano murieron en la batalla de Kontupeg, solo tengo a mi madre – respondí yo para que no se sintiera sola en el dolor.

    En ese momento ella me miro, por primera vez, como si fuera mas que un cliente que toco la puerta de Támesis en búsqueda de una solución, si no, como un compañero, un amigo.

    • Gracias por tratar de acompañarme en mi dolor – su sonrisa brillaba en la plena oscuridad.
    • No hay porque.

    De pronto se produjo un silencio incomodo y seguimos caminando, pero más juntos esta vez. Mía seguía observando el mapa, y por lo que decía, no estábamos muy lejos de donde se encontraba el colgante que contenía el alma del príncipe Adrián.El camino se hacia cada ves mas oscuro, cuando de pronto sentí que mi entorno se volvió mas pesado. Una niebla comenzó a correr alrededor de nuestros pies pero no importaba, allí, una milla más adelante, se encontraba la cueva que estábamos buscando. Comenzamos a correr hacia allí, cuando de repente, la niebla empezó a tomar forma, poco a poco, se elevaba del suelo formando muchas figuras, algunas de ellas tenían báculos parecidos al que tenía Mía, otros tenían arcos tensados con flechas en ellos, y otros portaban espadas, escudos y armaduras al igual que yo.

    • Son las almas del ejército de Lirceo – Mía tenia lágrimas en sus ojos, creo que eran porque pensaba que no sobreviviríamos a esto – Están protegiendo el alma de su príncipe.
    • ¿Y qué hacemos ahora? Estamos muy cerca como para renunciar.

    Comenzamos a pensar como salir de allí, cuando de pronto, mas niebla comenzó a tomar forma, pero esta vez, estaban detrás de nosotros. Nos habían rodeado. Cuando de pronto, noto que los escudos que portaban los guerreros que habían aparecido eran iguales al escudo que yo portaba.

    • El ejercito de Genesio – me aventuré a decir con esperanza en la voz.
    • Están aquí para recrear la lucha que os destruyo –dijo Mía.

    Observe al ejercito de Genesio, era tan grande como el de Lirceo, así que pensé que teníamos esperanzas ahora. Pero lo que mas llamó mi atención de todo el basto ejército, fueron dos guerreros que estaban al frente de todo. El de la derecha era de la misma estatura que yo, debería tener aproximadamente veinte años, se lo veía feliz con su arco y sus flechas, tenia rasgos faciales parecidos a los de mi madre, mientras que el de la derecha, era muy parecido a mí, alto, robusto, me doblegaba en edad mínimamente, tenia una armadura y armas parecidas a las mías, era como estar viéndome en un espejo, y entonces, comprendí quienes eran aquellos individuos.

    • ¿Padre? ¿Isaac? – dije con la voz temblando

    Ambos sonrieron, estaba feliz de volver a verlos una vez mas, aunque solo fueran las almas de mi padre y de mi hermano, nada podía arruinar este momento, hasta que un grito provino de alguno de los dos bandos:

    • ¡Vencedlos!

    Y de pronto, los dos ejércitos cargaron, dejándonos a Mía y a mí en medio de la batalla. Comenzamos a luchar contra el ejército de Lirceo. Observe a Mía, que estaba a mis espaldas con su báculo brillando conjurando tantos hechizos como podía, conjuro alrededor nuestro un círculo de protección de color parecido al oro que detendría momentáneamente a cualquier alma con intención de lastimarnos. A mi derecha, estaba mi padre, Octavian, cortando y asestando golpes a las almas de cualquier guerrero que se cruzara en su camino, mientras que a mi izquierda, mi hermano Isaac descargaba una lluvia de flechas sin cesar, no podía creer la precisión con la que mi hermano disparaba sus flechas, vivo no habría podido hacerlo tan bien, pero ahora lo notaba mas relajado en algún sentido.Empecé a imitar a mi padre, y atacar a cualquier guerrero que se acercara a nuestro círculo. No entendía como podía vencer a un alma hasta que la atravesé con mi espada. Al hacerlo, el cuerpo se disolvió y volvió a ser la inofensiva niebla que era antes de tomar la apariencia de un guerrero. La batalla parecía no tener final, y las almas de los guerreros enemigos seguían llegando una tras otra, como si nunca las hubiésemos derrotado. Entonces observe, detrás de todas las almas, como a partir de la niebla, comenzó a formarse una figura nueva y lista para atacar. Así sucedía cada vez que un alma caía derrotada a la niebla.

    • Las almas están regenerándose – deduje – ¡esta batalla no tiene final!
    • Si lo tiene – contesto Mía muy segura de lo que decía – Existe un hechizo muy poderoso que sella las almas en sus tumbas, causa que las almas desaparezcan y no vuelvan a regenerarse nunca. Pero os advierto, si hago esto, tu padre y tu hermano desaparecerán por siempre. – Me miraba como si comprendiera mi decisión que debía tomar, como si entendiera más allá de lo que alguien pudiera comprenderme, me miraba como si me amara.

    La posibilidad de volver a perder a mi familia hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, y más aun, sabiendo que la decisión de que mi padre y mi hermano murieran una vez más y para siempre estaba en mis manos. No iba a permitir a Mía hacerlo, no estaba listo para volver a perderlos, ya encontraríamos otro camino. Hasta que oí a mi padre. Como si leyera mis pensamientos me dijo:

    • Hijo es la única opción que tenéis, no os preocupéis por Isaac y por mi, estaremos bien.

    No estaba convencido de lo que mi padre había dicho. Nadie sabía que pasaría después de hacer el hechizo, no podría saberlo, pero por otra parte, tenía razón en que no hay otra opción, hay que hacerlo.

    • Comenzad a haceros, yo cubriré vuestra espalda.

    Sin más, Mía cogió un papiro de su bolsa que parecía tener más de mil años de antigüedad y comenzó a recitar las palabras que contenía. Mientras lo hacia, una variedad de símbolos se desprendían del papiro, tantos eran que no creía posible que alguien llevara la cuenta. Cuando deje de concentrarme en Mía, me giré para continuar luchando y defendiéndola, cuando me encontré con un guerrero frente a mi con su espada en alto a punto de asestarme el golpe que acabaría con mi vida, pero antes de que pudiera hacerlo, apareció en su pecho la punta de una espada, haciendo que el guerrero se disolviera en inofensiva niebla que callo al suelo, dejando al descubierto a mi padre detrás de el. Había salvado mi vida.Continuamos peleando y defendiendo a Mía para que terminara su hechizo. Luego de varios minutos, sentía que mis brazos no podrían seguir sosteniendo mi espada, y que mi escudo caería dejándome como un blanco fácil al que atacar. Por eso pregunte a Mía:

    • ¡Mía! ¿falta mucho para que terminéis ese hechizo?
    • Ya casi, solo falta termina…

    De pronto, mi entorno se volvió gélido. El circulo de protección de Mía se había esfumado. Cuando volteé para observar lo que había pasado, Mía sostenía fuertemente su vientre. Había sido atravesada por una flecha.Al estar sin nuestro escudo mágico, y sin poder defenderla ya que seguía luchando, un grupo de guerreros se acercaron y se llevaron a Mía dentro de la cueva sin que yo pudiera hacer nada. En ese momento mi padre y mi hermano desaparecieron de mi lado. Pensé que mientras observaba aquella situación, ellos habían muerto. Mi furia nublo mi juicio, y cargue hasta contra el ultimo guerrero sin pensar en lo que podían hacerme. Poco a poco, fui venciendo a cuanta alma se cruzase en mi camino hasta llegar al interior de la cueva donde el grupo de guerreros que habían raptado a Mía se encontraba allí, uno al lado del otro, formando una barricada con sus escudos, haciéndome imposible pasar.

    • No traspasareis esta defensa, guerrero, fracasareis en tu misión, y la mujer que raptamos morirá.

    Sabia que lo que decía era cierto, no había manera de ayudar a Mía ni de obtener el amuleto que salvara la vida de mi madre, le había fallado a toda mi familia, y también a Mía. Cuando estaba a punto de darme por vencido, el grupo de guerreros se disipo en el aire volviendo a ser niebla. No comprendía como aquello sucedió, hasta que vi a mi padre y a mi hermano parados al lado de Mía con cuchillos en sus manos y una sonrisa familiar en sus rostros.Corrí a mi encuentro con Mía. En ese momento me di cuenta de la gravedad en la que se encontraba, la sangre no paraba de brotar de su vientre. El olor a su sangre había inundado la cueva de olor a metal, estaba muriendo rápidamente. No creía que hubiera forma de llegar a la ciudad y poder curarla.

    • El amuleto del príncipe Adrián – dijo mi padre – tiene un poder ilimitado, si lo colocáis en la herida de tu amada, ella sanará.

    No es mi amada, pensé, o así quería creerlo, pero no era momento de ponernos a discutir por si amaba o no a Mía, así que tome el amuleto y lo apoye en su herida. Cuando lo hice, comenzó a refulgir una luz tan brillante como el sol, y en el lugar donde antes había una abertura de flecha, ya no había nada. Mía se incorporo, sana y salva en fin.

    • ¡Mía! Te encuentras bien, que alegr – antes de terminar de hablar, los labios de Mía encontraron los míos en un beso que pareció detener el tiempo, y hacerme creer que las únicas personas en el mundo éramos nosotros dos.
    • Te amo – conteste
    • También yo – respondió ella con una sonrisa en su rostro.

    No quería que ese momento terminara, pero debía hacerlo y le pedí que continuara con su hechizo, y así lo hizo, dándome el tiempo suficiente para despedirme de mi padre y de mi hermano.

    • Los extrañamos mucho, ¿lo sabéis?
    • Si que lo sabemos – contesto Isaac – cuida bien de vuestra madre.
    • Lamentamos haberos dejado solos, pero quiero que sepan, que siempre estaremos con ustedes.

    Dicha la ultima palabra, Mía concluyo el hechizo y provino de su papiro una luz tan segadora que no dejo que viera lo que estaba sucediendo. Cuando abrí los ojos y pude ver nuevamente, todas las almas volvieron por donde habían venido, dejando la cueva y el bosque sin ninguna señal de que algo había sucedido allí. El sol se asomaba por encima del bosque cuando salimos de la cueva y nos dirigíamos nuevamente a la ciudad pero esta vez, no éramos desconocidos.Cuando llegamos a mi hogar, Támesis logro sanar a mi madre, que mejoraba día a día. Conté a mi madre lo sucedido en el bosque, y lo que mi padre y mi hermano me habían dicho. Entre lágrimas, sonrió al escudo de mi padre mientras repetía – Lo sabía.Mía volvió a casa de Támesis a seguir aprendiendo alquimia, pero nos seguimos viendo todos los días, luego de que ella terminara sus tareas, porque, después de todo, estábamos comprometidos.

    Puesto Nro° 6

    Calificación: 7,5.

    "Memorias de Kontupeg" Incertis.

    ! @Incertis:
    ! > He intentado asimilar el hecho de que ya no soy el mismo.Han transcurrido años desde aquella batalla, y debo reconocer que parte de mi vida murió en aquel pasado junto a los demás combatientes.Diariamente leo fragmentos en las comunas del pueblo acerca de Kontupeg, "La guerra fría", expresada coloquialmente por el ciudadano común.Nunca he aceptado las críticas emitidas por habitantes que no han experimentado en carne propia el acontecimiento., aún así, el tiempo me ha enseñado a respetar la libertad de expresión.
    Solo por mera formalidad hago de público conocimiento mi identidad, con el fín de brindarle al lector, el testimonio de alguien que ha sido espectador de la esencia del caos, y solo la espada que me tocó blandir puede dar pruebas fehacientes de ésta veracidad.Mi nombre es Therion, hijo de Zeidón.Me crié en los aposentos de las Torres de Bleir, bautizadas así por el Rey Fenistias, cuyo mandato perduró a través de su familia desde que tengo uso de razón.
    Los Dioses me han puesto a prueba en mi edad prematura, y tan solo con 12 años tuve la desgracia de ver fallecer a mis padres.Enlistado en la Armada desde jóven aprendí la defensa cuerpo a cuerpo, el arte de usar la daga y adquirí diversidad de estilos en la pelea.Me otorgaron múltiples reconocimientos por mi habilidad con el arco, la precisión más certera que las flechas de un soldado podía obtener.El ejército se regía por un sistema estricto, encabezado por un líder llamado Methran, quién a su vez era subordinado en segunda jerarquía por dos comandantes de la Elite, Naywen y Térodis.Nuestro líder provenía de los jardínes de Luán, comunmente conocidos por pertenecer a territorios élficos.La guerra contra las sombras presentaba una amenaza para la edad media, y por ende, no reparábamos en diferencias raciales.Humanos, Elfos y Enanos unidos por una sola causa .. la subsistencia.
    Claro está que eramos sometidos constantemente a la autosuperación, y como toda presión moral inculcada por estrategas perfeccionistas, terminaba por quebrar el orgullo de unos pocos llevándolos a la renuncia., por supuesto que eso era visto como traición y la pena se pagaba con creces.Los traidores eran exiliados hacia bosques inóspitos adyacentes a Kontupeg, demacrados por heladas extremas en donde la nieve todo lo cubría.Desprovistos de alimentos y protección funcionaban como peones, enviando mensajes hacia Bleir sobre las tropas oscuras ( sus armamentos, estrategias para la batalla y demás)., éstos desertores de la Armada, llamados "bandidos" por el mismo Fenistias, solo contaban los días para que sus almas fuesen arrebatadas por los impuros.Cabe aclarar que ninguno de nosotros consentía el exiliamiento de nuestros compañeros, como un destino propenso a la muerte., pero el solo hecho de cuestionar a los líderes podría hacernos perder la cabeza.
    Amaneció turbio el día, nublado y borrascoso.Había llegado el momento de emprender nuestro viaje, cargábamos con la melancolía a hombros de vislumbrar al mañana como un azar incierto, nuestros corazones sollozaban en silencio, advirtiendo que muchos jamás volverían a reunirse con sus allegados.Las primeras semanas fueron duras, nuestros enemigos se mostraban incesantes, fundidos en un odio que los enceguecía .. nada parecía poder detenerlos.Nos vimos en la obligación de reforzar nuestras tropas reiteradas veces, y hasta el día de hoy creo que la fé y la persistencia fué lo que nos hizo vencer.Nuestra vida estaba en juego, y no vacilamos en esbozar hasta el último suspiro de nuestro aliento.
    Lunas eternas ataban ocasos delirantes, anunciando nuevos soles ., y así transcurrió el tiempo que en mis arrugas hoy descansa.Cerca de mi vejez aún conservo un trozo de papel, un recorte que he extraido en el retorno a mi hogar.Volcado en tinta de liris como todo documento histórico y de sus bordes amarillentos se vierte el polvo al levantar el papel .. en el centro la declaración que marcó el espíritu de los hombres:
    "Cuentan los bandidos más valientes del bosque, que a la caída del sol, se siente una brisa pesada, no por humedad, sino por almas de guerreros que perdieron vida en la batalla de Kontupeg."

    Pronto llegará el momento de abandonar éste mundo y anhelo que mi testimonio sea conocido para entonces.Que en nuestros brindis los soldados sean recordados, que nuestros cánticos se agiten vivando en su honor!! ..

    Therion Ahngnam.
    ! *Tuvo errores gramaticales.

    Sin nada mas que decir, en breve me comunicare con los ganadores, para coordinar la entrega de premios, felicitaciones a todos, y en especial a la ganadora.

    PREMIOS.



  • Felicitaciones a meeeeeel, muy bueno su relato! y a todos los que participaron ^^

    en el próximo torneo quizás entre huehue


  • Banned

    Felicitaciones aleksandra.



  • **Felicitaciones a todos. Me pegue una leída rápida sobre el de nachin porque me llamó la atención el título y la verdad es que me encantó ese relato.

    Espero otro torneo, quizás no participe, pero me gustaría leer los relatos de los demás 😃

    También felicitaciones a Zair y Ale por hacer el torneo, se la re bancaron**


  • Game Master

    Gracias y felicitaciones a todos!



  • Felicitaciones. Y si me gane algo, se lo dono al que gano el primer puesto, no juego al TDS ya, y no me sirve. Participe porque tenía ganas de escribir algo nada más.


  • Banned

    @'[RodRi:

    ;2176632']**Felicitaciones a todos. Me pegue una leída rápida sobre el de nachin porque me llamó la atención el título y la verdad es que me encantó ese relato.

    Espero otro torneo, quizás no participe, pero me gustaría leer los relatos de los demás 😃

    También felicitaciones a Zair y Ale por hacer el torneo, se la re bancaron**

    Gracias, hay muchos torneos pensados, pero creo que ya no me van a tener en cuenta jaja.

    Cualquiera que tenga una duda sobre la puntuación de su relato, que me lo pregunte.


  • 👑 Ejército Real 👑

    _**Felicitaciones a todos

    Hermosos relatos!**_



  • Felicitaciones Mel! Congratz querida! Y felicitaciones a los demás también!


  • Game Master Direccion del Foro

    Felicitaciones a todos, les agradezco a todos los que organizaron y premiaron este evento en rol, me gustaron muchísimo los relatos!



  • Te felicito nena y felicidades a todos los que participaron y a los que se pusieron el evento al hombro.



  • Felicitaciones a todos!


  • Banned

    Felicitaciones a todos!



  • Felicitaciones a Mel y a los demás ganadores! se ve que hicieron un buen trabajo tanto los participantes como los organizadores del concurso.



  • felicidades!



  • Gracias a la gente que participó, a los que comentaron felicitando la organización, a [Z]air, Maax! y a el equipo de Staff por brindarnos ayuda en este proyecto.



  • Bien ahí papu. Me encanta los que no leyeron una mierda y ponen "me gustaron los relatos" gg.



  • Yo quisiera expresar mi opinión.En primer lugar felicito a todos los participantes por sus relatos, realmente veo talento, empeño y dedicación en ellos.En cuanto a los puestos quizás disiento en el orden, pero no por eso creo que mi trabajo merece una posición más alta.
    Voy a hacer una autocrítica y luego una crítica desde el punto de vista en que se juzgó.En mi historia encuentro algunas faltas de ortografía y contundencia en el desenlace.Ésto se debe a que no me tomé el tiempo necesario para corregirla metódicamente, y eso es una falta mía ya que el tiempo que se brindó para la entrega fué más que suficiente (no tienen importancia los contratiempos que me impidieron crear algo mejor).
    La crítica sería la siguiente: mi historia fué la única en donde notaron errores gramaticales y se encargaron de exponerlo al final., y ese fué un error.Desde la primer hasta la última historia se pueden ver, en mayor o menor medida, ausencias de tíldes, comas y puntos.También hay muchas palabras reiterativas.Solo me gustaría que por equidad se adviertan la faltas de todas las historias.



  • Felicitaciones a los organizadores y participantes.

    por favor dejen el topic abierto que mañana desde el laburo si me hago un espacio quiero leer todos los relatos y dar mi opinión de ellos 🙂

    No voy a hablar sin leer acerca de cómo fue el juzgamiento.


  • Banned

    @Incertis:

    Yo quisiera expresar mi opinión.En primer lugar felicito a todos los participantes por sus relatos, realmente veo talento, empeño y dedicación en ellos.En cuanto a los puestos quizás disiento en el orden, pero no por eso creo que mi trabajo merece una posición más alta.
    Voy a hacer una autocrítica y luego una crítica desde el punto de vista en que se juzgó.En mi historia encuentro algunas faltas de ortografía y contundencia en el desenlace.Ésto se debe a que no me tomé el tiempo necesario para corregirla metódicamente, y eso es una falta mía ya que el tiempo que se brindó para la entrega fué más que suficiente (no tienen importancia los contratiempos que me impidieron crear algo mejor).
    La crítica sería la siguiente: mi historia fué la única en donde notaron errores gramaticales y se encargaron de exponerlo al final., y ese fué un error.Desde la primer hasta la última historia se pueden ver, en mayor o menor medida, ausencias de tíldes, comas y puntos.También hay muchas palabras reiterativas.Solo me gustaría que por equidad se adviertan la faltas de todas las historias.

    Entiendo tu crítica, y comprendo tu enojo con el juzgado de las faltas de ortografía, puntuación y comas.

    Pero nos encargamos de leer eso, y los que tenían errores, en cantidad o pocos, fueron reemplazados por organización de texto, desenlace, final, personajes, cohesión del texto.

    Tu relato, tiene constantes errores, creo que en su totalidad tiene errores gramaticales y se te juzgo por historia (que es buena) y por tus errores.

    La puntuación es igual que el puesto 5, pero tus errores descuentan puntos..


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