El precio de la amistad



  • El precio de la amistad.

    “Las últimas personas en llegar empiezan a acomodarse en sus asientos mientras yo observo al bardo que está en el centro del escenario de “El Juglar”, el teatro más conocido de estas tierras, que con suaves movimientos empieza a desprender dulces notas de su laúd. Es la señal, el silencio empieza a reinar y acompañado de una hermosa melodía, comienza este relato…”

    Con tal solo revelar quién soy, estaría adelantando el final de mi relato, por lo
    que me lo guardaré hasta el final.

    Hace ya muchos años, en tiempos oscuros, existió una gran amistad entre dos humildes ciudadanos, uno era un guerrero novato llamado Arminio y el otro un humilde talador apodado “Wood”. La suya, era una gran amistad, sin peleas o discusiones, ni nada que la pudiera estropear. Pero los años pasaron y la sed de aventura del guerrero Arminio empezó a acrecentarse día a día, por lo que una tarde de trabajo se lo hizo notar a su compañero:

    -Wood, ya hace años que no salimos de esta ciudad, necesito un poco de aventura, mi espada está demasiada oxidada -Dijo Arminio desesperado-.

    -Ve tú Arminio, yo no sirvo para la aventura ni mucho menos para la batalla. Hay ataques todos los días a los comerciantes que son lo suficientemente valientes para cruzar los Suburbios. Las tierras se han infestado de criminales-Respondió Wood soltando un suspiro-.

    -No seas tan cruel contigo mismo Wood, vamos, ya deja esa hacha un poco quieta y acompáñame. He oído que en un bosque cercano de aquí existen unas criaturas arbóreas llamadas “ucornos”, las cuales al morir dan más leña de la que tú podrías hacer en un día.

    -Está bien Arminio.-Dijo Wood con recelo-. pero antes del atardecer debemos estar de nuevo en Nix.-Completó un tanto nervioso y emocionado por su próxima aventura.

    Ambos amigos acordaron encontrarse junto al comerciante de armaduras y una hora después partieron rumbo al bosque donde habitaban los extraños ucornos.
    Arminio llevaba puesta su vieja armadura de cuero y en su mano izquierda sostenía firmemente un escudo de madera bastante astillado por el entrenamiento, mientras que la mano derecha sujetaba la empuñadura de una larga espada, regalo de su amigo Wood. En cambio, éste iba vestía de una túnica muy remendada e iba acompañado de su inseparable hacha de leñador que usaría como arma.

    Luego de horas de caminar, perdieron las esperanzas de encontrar a los ucornos y se sentaron a orillas de un río que dividía el bosque a esperar que sus piernas se recuperaran de tan largo viaje. Cuando ya comenzaban a sentirse descansados, Arminio empezó a mostrarse inquieto, por lo que decidieron emprender el viaje de regreso de inmediato. Justo cuando Wood se percató de las pisadas que se oían cercanas, una daga atravesó su espalda perforándole el corazón y provocándole la muerte. Aterrado, Arminio observó el cuerpo inerte de su amigo mientras el criminal limpiaba la hoja ensangrentada de su daga. El joven guerrero, invadido de repente por una incontrolable furia, se preparó para la batalla desenvainando su espada cuando de repente se escucharon risas provenientes del bosque.

    Entre los árboles, un risueño ciudadano de Ullathorpe salió a paso confiado:

    -Jajaja, eliminaste a otro ciudadano más, ¿No es así Will?

    -No digas mi nombre frente a este bastardo.- Respondió el asesino-.

    -No te preocupes, dudo que nos dé muchos problemas. Estuve observándote desde detrás de los árboles, eres el mejor manejando la daga. En una exhalación este guerrero caerá como lo hizo su amigo.

    Mientras el ciudadano y el criminal discutían, Arminio echó un último vistazo a su amigo caído, ¿Cómo se me pudo ocurrir traer de aventuras a Wood?, ¿Cómo puede ser que un ciudadano sea amigo de un criminal y que siga manteniendo su estatus de ciudadano? Estas preguntas renovaron en su interior la sed de venganza, que se manifestó trazando un amplio arco con su espada dando como resultado la muerte del criminal.
    El ciudadano, asustado, empezó a retroceder hasta tropezarse con la raíz de un árbol y caer de espaldas. Arminio se acercó a su próxima víctima con la espada en alto y le dijo en un susurro:

    -Tranquilo, no te asustes, el dolor físico no es nada comparado con un alma destrozada…-

    Y dicho esto atravesó con la punta de su espada el corazón del ciudadano.


    ¿Cómo continuarán mis días? Pensó Arminio. Atrás habían quedado las tardes junto a Wood trabajando por unas pocas monedas. Todo se había acabado en tan sólo un abrir y cerrar de ojos y ahora él también era un criminal. “Para cuando descubran el cadáver del ciudadano correré su misma suerte”, pensó. Fue así que decidió escapar e irse a vivir a un bosque lejano donde nadie pueda encontrarlo.
    Los días pasaron, y junto a los días también pasaron semanas y meses. Arminio no lograba acostumbrarse a su soledad. Por momentos, se descubría imaginando entregarse a los soldados del Rey. Pero rápidamente cambiaba de idea, sabía que si se entregaba lo matarían sin miramientos.
    Fue una tarde la que todo cambió. Afilando su espada contra una roca estaba cuando su mirada lo encontró. Parecía que llevaba rato observándolo. Estaba completamente vestido de azul y en su mano llevaba un extraño objeto que despedía un brillo plateado. Poco a poco Arminio se fue incorporando, mientras su mirada no podía abandonar el extraño resplandor del objeto. Con un fluido movimiento, el desconocido dirigió el resplandor contra Arminio, mientras este continuaba hipnotizado observando como se acercaba velozmente hacia su pecho, y como el brillo iba incrementando a medida que se aproximaba. Llegó un momento, en que el objeto se acercó tanto que su resplandor lo encegueció, obligándolo a cerrar los ojos y quedarse quieto.

    Luego de unos minutos, abrió los ojos poco a poco. Y ahí fue cuando se encontró con la mayor sorpresa. Allí se encontraba Wood, sosteniendo con la mano izquierda el mango de su hacha mientras que el filo de su herramienta descansaba sobre su hombro. Lentamente, el trabajador extendió su mano derecha y con un gesto invitó al guerrero a pararse y a acompañarlo.
    Nunca olvidaré su cara, sin atisbo de sospecha se levantó de un salto y rápidamente me tomó la mano. Luego, juntos nos alejamos hacia el más allá. Y así fue cuando di por terminado mi trabajo…

    La muerte.

    _“…Las últimas palabras me resuenan en los oídos, mientras el bardo termina su relato con una melancólica tonada hasta que lo único que se escucha son el respirar de los que estamos presentes. Todos juntos nos levantamos de nuestras sillas y empezamos a aplaudir. Luego nos dirigimos hacia la salida del teatro, emocionados por saber cuál será el próximo relato de la próxima noche…”

    ¿Estarías dispuesto a pagar este precio?_



  • Gracias por aclarar el narrador, ahora sí entendí el comienzo y el final xD.


Log in to reply