[cuento corto] 24



  • **Hola, este cuento lo encontré en un .txt de hace varios años, esta tal cual fue escrito.

    Los hechos y/o personajes de esta historia son completamente reales, cualquier similitud con la realidad es lógica.**

    Miró para todos lados, se tambaleó y no supo más que hacer.
    Ahí estaba el, con su buzo negro con capucha y sus lentes negros que no dejaban ver sus ojos.
    Era de noche, de poco le servían pero a el eso le agradaba, no le veian.
    Los dedos helados, el pelo grasoso, su cuerpo era su papiro donde escribía cada alegría, cada tristeza, cada problema.
    En una plazoleta no muy grande, estaba prácticamente escondido detrás de un ombú, sin más que hacer, que intentar dormir un poco y vencer el frío invierno que caía sobre su cuerpo.
    Tenía un dolor enorme dolor en sus dedos, sus uñas comidas hasta la cutícula eran signos claves de su nerviosismo y desesperación.
    Pasó algunas horas intentando conciliar el sueño pero sin éxito, entonces comenzó a caminar en dirección alguna buscando algún lugar donde estár, que sea más placentero que una fría plaza a la madrugada.
    Llegó hasta un hotel de baja calidad, donde lo atendió un conserje de igual reputación:
    -Hola capo, me llamo veinticuatro, ¿te puedo hacer una pregunta?
    -Claro, respondió el conserje un poco confundido.
    -¿No me podrías bancar unas horas en una habitación o algo que tengas libre? Por favor te pido.
    -Dejáme preguntarle a mi jefe aver…
    Caminó hacia una habitación, donde obviamente no había jefe, y tomó el teléfono donde marcó unos números, llamando a la ley.
    Volvió con su mejor sonrisa, y le dijo:
    -Claro, andá tranquilo a esa puerta, no es una habitación, pero tiene calefacción, si viene mi jefe yo le aviso que sos amigo mio.
    -Gracias locura, te debo una.
    Caminó a la habitación que estaba oscura y con un poco de polvo... pero qué va, mejor que dormir a la intemperie era.
    Había una mesita, donde apoyó su celular, sus lentes, un revólver negro, y un envoltorio de nylon con un polvo blanco, claramente era cocaína.
    Tomó su tarjeta de colectivo con la que le dió forma de aguja a su dama blanca, que con fuerza la borró de la mesa.
    Estaba bien pues había conseguido donde dormir, se acomodó un poco y prendió el calefactor, donde puso sus manos para calentarse.
    Afuera de la habitación estaba el conserje fumando un cigarro, cuando llegó la petición que había hecho.
    Una camioneta policial arribó al lugar, preguntando al conserje que pasaba, lo que respondió:
    -Hay un flaco ahí, no me gusto para nada, tiene un olor terrible a alcohol y me vino a pedir un lugar donde dormir, está allá.
    Los dos policías que habían llegado al hotel, tocaron la puerta del muchacho con fuerza.
    El mismo adentro, preguntó ¿Quién es?... la respuesta fué logica.
    Apagó la luz, tomó sus pertenencias, y abró la puerta no dejándose ver.
    Los policias entraron con sus armas en las manos, cuando de la nada, salió el muchacho tirándolos a un lado corriendo con gran destreza, llegando a la puerta apuntó al conserje que lo miraba como si no supiera nada de esto, ejecutó dos disparos hacia la conserjería hiriendo en el cuello al mismo.
    Siguió corriendo en dirección desconocida, llegando así al patio de una casa, donde se metió sin hacer ruido alguno y se quedó.
    Móviles policiales por todo el barrio buscando al muchacho, que ahora no solo estaba prófugo, sinó que estaba siendo buscado por homicidio.
    La gente que vivía en la casa, lo vió por la ventana entreabierta de la cocina, lo cual salió a la calle y sin mucho escándalo paro un patrullero.
    La policía de nuevo y el muchacho no tenía donde ir lanzó su arma al suelo y se dejó esposar mientras lo insultaban y golpeaban con disimulo.
    En el patrullero de ida a la comisaría, mirando hacia abajo donde estaban sus zapatillas, pensó en un montón de cosas y personas, con bronca por la gente que lo traicionó y tristeza por sus seres queridos, ese muchacho que tenía claves y era duro como una piedra, dejó gotear sus ojos sin verguenza, todo estaba perdido.
    Lo despojaron de lo poco que tenía y lo enviaron sin más a la celda donde fué golpeado hasta que gritó basta.
    Días más tarde lo enviarón a una cárcel, donde pasaría sus próximos veinticuatro años de vida entre rejas y rivalidades, entre peleas y problemas, entre tristeza y sollozos...
    Las cantidad de páginas de su cuerpo crecía.
    El solo quería veinticuatro horas de tranquilidad, nada más.



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