Libertar efimera La ultima confesion VIII



  • Capitulo VIII
    (Un favor)
    Más tarde, nos asentamos en una cabaña abandonada, en la que ella había estado residiendo, a la entrada del Río Claro, que desemboca en el golfo de Duncrain.
    Descansé por ese día allí y decidí conocer la ciudad principal de Entsteig a más tardar el día siguiente; debía seguir mí búsqueda.
    Canna me sirvió la cena con mucho placer: había combinado mi jamón en pequeños trozos en un caldo, cazó un conejo, pescado y consiguió un gran trozo de pan, parecía que alguien estaba arrepentida. Me pidió disculpas por lo que paso en la mañana en el bosque, igualmente, ya las venia venir.
    -Abraham -me dijo –Tengo que pedir una gran disculpa, pero a la vez un gran favor.
    -¿qué favor?- le pregunto con intriga.
    -Esta ciudad es muy peligrosa por las noches, por lo que te pido que no te acerques al bosque al anochecer.
    -¿Qué sucede en las noches? –Le pregunté

    • Existe una bestia entre las bestias, Wendigo. Esta, es enorme y peligrosa. Aparece por las noches en este bosque y causa terror en los alrededores. Ya ha matado a bastantes ciudadanos del pueblo, por lo que quiero que no te acerques hasta que partamos mañana.
      -Este tipo de animales no suele atacar a las personas, salvo que estén en peligro de muerte, ó… estén corrompidas. –Dije atónito.
    • Abraham, ¿quieres decir que… el mal no había acabado ya?- Dijo con asombro
      -Es algo un poco complicado de explicar, luego lo haré con detalle; por lo pronto debo preparar algunas cosas, y descansar para mañana: iré en busca del wendigo.
      -Abraham, espera: muchos valientes lo han intentado, pero han perecido ante la furia del wendigo, son muy territoriales y, se rumorea que hay más de uno…-Me decía.
      -Entonces acompáñame mañana a darles muerte de una vez por todas; que mejor compañía que la tuya.
      -Te acompañare, como una buena guerrera, pero solo para que no mueras solo.
      -Ya veraz quien es el muerto, Canna. – le dije mientras me levantaba de la mesa para organizarme. Lo que me quedaba de pociones mágicas lo repartí con Canna, quien remendó mi armadura. Parecía tener un buen arco, pero estaba muy debilitado por el uso. Por las dudas se estropeara, le di una valiosa y antigua daga dorada, según mi padre, proveniente de las guerras del “cielo”, mucho antes de que él naciera, que supuestamente poseía poderes mágicos, aunque nunca supe cómo usarla, ella se había puesto muy contenta al recibir un regalo después de tanto tiempo sola. Su armadura parecía la de una amazona, por lo que deduje que sería muy resistente en batalla. Me preguntaba si ella tenía algo que ver con ellas, pero no se lo pregunte en ese momento.
      Juntos afilamos algunas flechas para ella, e hicimos gorros de cuero, con un poco que ella tenía por allí. Luego tratamos de mentalizarnos, descansar esa noche para el día siguiente ir en busca de los wendigos. En un cerrar de ojos, me dormí.
      Esa noche, desperté súbitamente. Una delicada mano de mujer me tocó el brazo. Con mi conjuro mágico, prendí mi vela, era Canna.
      -Están aquí Abraham... -Me dijo -vienen por nosotros.
      -¿pe… pero como es…?- Le murmuré.
      -No hay tiempo, ¡vamos!
      No encontré explicación al como las bestias tomaron conocimiento de nuestro ataque, solo me quedaba pensar que eso era algo fuera de mi alcance humano.

    Tome mi espada y rápidamente me puse mi pantalón y mi armadura de cuero con un corte en el pecho. Seguí a Canna, armada con su arco y su daga, por una compuerta bajo el piso de la casa.
    -¿adónde nos llevara este pasadizo Canna?
    -Hacia afuera. Sorprenderemos a los wendigos por detrás...
    Seguimos caminando por el oscuro pasadizo, y de improvisto aparecieron frente nosotros varias bestias demoníacas: eran unos diablillos, escoltados por cuatro majestuosos hombres cabra, armados como nunca antes los había visto, con armaduras de metal rojizo y cascos con visores que solo daban lugar a la vista de las bestias. Retrocedimos varios pasos con Canna, mientras tensaba su arco hacia las bestias más pequeñas, que tomaban la iniciativa al pelear, además de encontrarnos atónitos al ver demonios frente nuestro, mis miedos más bajos parecían escarbar dentro mío. Tomé iniciativa y aniquilé a dos diablillos fácilmente de dos espadazos; Igualmente, Canna, se deshizo de uno con su arco a distancia y otro que logro acercarse con su daga mágica, que liberó ante nosotros una estela de llamas al impactar que nunca había observado de aquella arma. Luego, nos acercarnos a los hombres cabra, armados hasta los dientes, que estaban parados mirando con asesinábamos a su pequeña fuerza de asalto. Nos detuvimos al ver que uno de ellos alzo su palma con los dedos hacia arriba, emanando una luz grisácea. Inesperadamente observe como los diablillos caídos volvían nuevamente a la vida, por obra de los gladiadores aquellos. No logré entender cómo era posible aquello, era algo totalmente imposible de creer; los diablillos en las guerras, acostumbraban a ser reanimados, según recordaba por diablillos más jerárquicos, llamados “chamanes”,pero lo que había observado allí era algo único, una previa a lo que nos encontraríamos más adelante en nuestro viaje.

    [capitulo 8! espero os guste]


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