Libertar efimera La ultima confesion



  • PROLOGO:
    Con el correr de los días, mi sangre fluye con menos rigor que antes, por lo cual no tengo mucho tiempo para poder contar mi relato en este reino vivo. Te Relataré mi historia, por única vez antes de que me marche luego hacia un lugar mejor. Esa es la única forma de no permitir que la oscuridad me arrebate aún la voluntad con la que respiro y que hace fluir mi propia sangre envejecida y condenada…
    Aprende tú de este suceso que pocos conocen, pero que muchos ocultan al ahora tranquilo reino de Santuario. Aprende, ya que no sabría decirte cuánto tiempo más nos queda de felicidad y paz.

    ¿Qué quién soy yo? Ahh… pues, eso lo sabrás muy pronto, tu preocúpate por escuchar lo que tengo para decirte, te hará una persona más precavida…

    capitulo I
    [ El Caza-recompensas ( introducción )]
    Año 1060 del calendario annunciano, según lo que recuerdo desde la última vez que vi uno. El nomadismo por los pueblos de Santuario me daba un sabor amargo a soledad, que con el pasar del tiempo me desalentaba cada vez más a seguir. Los largos valles de shacna alojaban su belleza como de costumbre: vastos e inalcanzables valles y sierras, en donde el cielo y la tierra se unían, gigantescas estatuas destruidas por el paso de las guerras, que daban un aire a melancolía, pequeñas alimañas y grandes oasis que me permitirían conseguir llegar a la siguiente urbe, que según mi mapa no se asentaba muy lejos. Cada grano de arena que pisaba, me agotaba constantemente, y mi espada pesaba como doce. Ya no estaba en condiciones de recorrer tan largas distancias, como en aquellos días de campaña.
    El calor golpeteaba mi rostro sin piedad, lo conocía desde hace meses, eso es lo que me permitió seguir cuerdo en el furioso camino. Solo con la compañía de los arbustos ponzoñosos, tuve que juntar fuerzas para superar un camino que ya era bien conocido por los buitres…
    Pude lograr mi cometido: La ciudad del paso de las hermanas de la Orden aklas akis. Había cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí: toda la zona adyacente a la catedral tenía un parecido a mí querida duncrain; lo único que le faltaba era un poderoso puerto por el cual resguardarse, pero todo lo demás era muy parecido, su crecimiento era impactante. Lo que antes parecía ser un delgado camino de mercaderes acompañado por casuchas de aldeanos y burdos graneros había cambiado completamente en una gran ciudad en crecimiento. Veía marchar Potentes Arpías portando grandes arcos de madera y doradas armaduras, que impresionaban ante un pasado y conocido uniforme de cuero de lobo, era evidente que mis 40 años habían corrido muy rápido. Las calles pavimentadas estaban perfectas, las aceras y las tiendas de roca maciza, todo era grandioso. Me acerqué hacia una frondosa casilla vestida de vivos colores, en la que la luz de una gran lámpara daba lugar a cantidades de quesos y panecillos, todos con un aroma especial y único. Con las pocas monedas que me quedaban decidí comprar un gran pedazo de jamón, y otro de queso para poder seguir viaje con algo que comer.
    Al salir de aquella casilla comenzó a lloviznar, y la noche se apodero de lo que antes era un cielo infernal. Tome la sabia decisión de buscar un lugar donde refugiarme.
    Al entrar en una de las calles del paso, pude detectar la molestia del silencio; nadie se hallaba fuera, salvo ciertos animalitos como ratas y lagartijas.



  • en espera de lo q falta :3


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