Dalius, el hijo de Fayme.



  • Capitulo I:

    El comienzo de una gran aventura.

    Érase una vez, una gran hechicera de las tropas reales, una de las mejores, mejor dicho, la mejor de todo el ejército. Tenía una extensa cabellera de color rojo, era tan bella que parecía que los mismos ángeles bajaron a crear una obra de arte. Tenía infinidades de hombres tras sus pies. Pero Fayme solo tuvo un gran amor, el cual le dio un precioso hijo, Dalius. Unas semanas antes del nacimiento de Dalius, su padre fue raptado por las fuerzas del mal y nunca se supo más de él.
    Ya habían pasado varias semanas de que Dalius había nacido. Fayme ya había olvidado lo de su amor oculto y se había retirado del ejército para dedicarse plenamente a su pequeño hijo. Pero un día, al anochecer, cuando todo Banderbill descansaba, incluso Fayme, unos hombres vestidos de negro entraron a su lujosa casa derrumbando la puerta. Fayme escuchó los pasos de aquellos hombres e inmediatamente corrió a una ventana que daba al parque, y estirando las manos escondió a su hijo en un refugio de madera fuera de la casa. Los pasos se acercaban. Fayme tomo su mejor túnica, su más resistente gorro, y un estupendo y único báculo y fue a enfrentarlos con un muñeco envuelto en una sabana simulando que ser su hijo. Trataba de no hacer ruido para que nadie en Banderbill supiera lo que estaba pasando en ese lugar, ella sabía que el ejército de la oscuridad volvería con más fuerzas si a la ciudad del Demonio llegaba la noticia de que han asesinado a sus hombres. La maga los había inmovilizado para así atacar con todo su esplendor, pero no parecían asustados. Lanzó el más poderoso conjuro que conocía, pero el más robusto y alto de los hombres le respondió con un hechizo que ella no conocía. Así aquel hombre encapuchado eliminó a Fayme.
    Actualmente, Thorak, un humilde carpintero, se encarga de cuidar y educar al joven, ya que él fue el elegido de encontrarlo.
    Los años habían pasado, Dalius ya tenía veinte años y era suficientemente grande para saber la verdad. Así que, Thorak, tomo coraje y le contó la verdad a la hora de la cena.

    • Todo lo que sabes de tu origen es mentira. Tú eres el hijo de Fayme…
    • ¿De Fayme? ¿La difunta gran hechicera de Banderbill? – Pregunto muy confundido el joven.
    • Déjame terminar. Lo que te voy a decir es muy importante. Yo no soy tu padre. Tu padre fue raptado por los malvados hombres del ejército del Demonio antes de que tú nazcas. No supe su nombre. Tu madre,… ya sabes lo que le pasó a la histórica Fayme. Ella te dejo en un refugio que yo había hecho pegado a su casa. Recién ahí entendí porque me apuraba tanto para que termine la obra. Ella ya sabía todo lo que iba a pasar, era muy inteligente.
    • Y.. ¿Por qué nadie sabe que yo soy su hijo? ¡Debería ser famoso!
    • Ella trato de aparentar que también a ti te asesinaron, los títeres del Demonio si supieran que estás vivo te buscarían por todas las regiones existentes. No quería que tuvieras un final tan horrible.
    • ¿Por qué mentirme toda mi vida?. Dijo Dalius furioso arrojando su comida al piso y partió a su dormitorio.
    • Espera, debes entrenar, hacer algo de tu vida, debes estar preparado por cualquier inconveniente.
      Dalius corrió hacia su dormitorio y se tiró sobre su cama con lágrimas en los ojos. Algo le lastimó la espalda. Sintió algo raro… Era un arco de madera. “Ya comprendo” se dijo a si mismo. Oyó un ruido. Thorak tocaba la puerta de la alcoba de Dalius. No oyó respuesta alguna, así que le comentó con un tono muy suave “Necesitarás esto, las estuve diseñando todo el día”.

    –-

    Capítulo II: Peligro en el bosque.

    Dalius se despertó temprano, más temprano de lo normal. Agarró su nuevo arco y abrió la puerta. En el suelo encontró unas flechas, a simple vista muy filosas. Las agarró y viajó a los bosques de Banderbill sin dirigir palabra alguna a Thorak, que estaba trabajando en el comedor de su casa..
    El día estaba soleado, perfecto para cazar y entrenarse un poco por primera vez. Caminó y caminó sin cesar. No parecía haber nada en las afueras de la ciudad. Dalius, agotado, pensó que sería bueno volver mas tarde, ya descansado de la caminata. Cuando estaba volviendo, pudo divisar una figura, o por lo menos su sombra, tras unos arbustos. Tomó su arco y un par de flechas, apuntó a los arbustos y disparó con todas sus fuerzas. La flecha no pareció llegar a su destino. Un gran lobo negro salió de los arbustos y se arrojó sobre Dalius causándole unos peligrosos arañasos. Cuando iba a dar su mordida final, una luz amarilla salió de la mano de Dalius encegueciendo y dañando a la criatura, que huyo aterrorizada.
    Las heridas lo estaban debilitando cada vez más y más. Dalius temía lo peor. Muy dolorido, se dejó caer en el frío pasto. Los ojos se le cerraban cada vez más, pero esforzandose pudo observar otra figura, pero esta mas alta. “Nunca imaginé mi muerte así...” se susurró el chico, muy asustado. Sin embargo, se empezó a sentir cada vez mejor, sus heridas se cerraban. Ya podía ver bien. Una bella chica portadora de una túnica azul pronunciando unas palabras estaba frente a él. Luego de eso, la misteriosa mujer desapareció entre los arbustos. Dalius corrió hacia su casa.

    • ¡Thorak! ¡Thorak!.- Gritó el chico.
    • ¿Qué pasa Dalius? Apropósito, ¿Cómo te ha ido en el bosque?- Le respondió muy ansioso.
    • Gracias por tus regalos, pero he encontrado mi fuerte.
    • ¿Ah si? Pues dime cual es.
    • Quiero ser un mago, como mi madre.
    • Dalius, no cualquiera puede ser un mago. Se necesita de mucho estudio y por sobre todas las cosas, es muy caro. No podríamos pagar las enseñanzas de los hechizos.
    • Pues, no se, encontraré alguna forma de conseguir dinero.- Dijo entusiasmado.
    • Joven, si ese es tu sueño, nadie te impedirá cumplirlo. Ve a la gran ciudad y haz lo que tengas que hacer. Banderbill esta llena de oportunidades.

    Capítulo III: Se cierran las inscripciones para el torneo.

    Ya el sol se ocultaba tras los montes de Banderbill. Era tarde, pero Dalius no se daba por vencido. Ya había recorrido cada rincón de Banderbill sur una y otra vez, había visitado cada lugar de Banderbill central, y le quedaba por recorrer unos edificios del norte de la ciudad.
    “Ya veo, grandes oportunidades, pero difíciles de encontrarlas en una ciudad aún mas grande que ellas” se dijo a sí mismo. Siguió caminando por los alrededores del edificio Nethral, uno de los mas importantes de la ciudad, donde los más importantes soldados van a demostrar sus habilidades en el combate. Luego de unos minutos caminando alrededor del edificio Nethral, tropezó con una baldosa fuera de lugar y se sostuvo de una pared para evitar caerse. Aquella pared tenía un cartel. “Gran torneo para menores de veinticinco años. Inscripciones al centro de Banderbill, en la antigua fuente. Premio primer puesto: diez mil monedas de oro. Organizado por el comité de Nethral”. “Parece que el destino quiere que yo me haga un verdadero mago. Pero… Me he cruzado mucha gente en la fuente, seguro todos estaban allí por las inscripciones, debo ir rápido si quiero conseguir lugar”.
    Dalius corrió como nunca antes lo había echo. Mientras corría desesperadamente, escuchaba gritos de una señora mayor pidiendo auxilio. ¡Mis pociones, mis pociones, las hurtó ese hombre encapuchado! Gritaba una y otra vez pero nadie la escuchaba. Era frenar a ayudarla y perderse el torneo, o ignorarla y seguir corriendo. Dejó de correr frenándose justo donde el ladrón pasaba corriendo. Nuevamente, unas palabras salieron de la boca de Dalius dejando ciego al perverso encapuchado. El hombre, sin ver, lanzó un golpe sobre Dalius, pero el joven lo empujó dejándolo caer en el suelo. Dalius quiso ver el rostro de aquel ladrón. Le quitó su capucha. El rostro de Dalius se torno blanco, como que había visto un fantasma.

    • Thorak, ¿Por qué? -Dijo Dalius lagrimeando.
    • ¿Dalius?... Quería pagar tu educación y tus hechizos cueste lo que cueste. Una de estas pociones puede comprar nuestra casa…-Le contestó tristemente el anciano Thorak.
    • ¿Era la forma de pagar mis necesidades?
    • Perdona querido Dalius. Sigue teniendo el honor y la bondad de tu madre, ahora vuelve a casa, se que llegarás muy lejos.
    • Yo soy el que me tengo que perdonar, Thorak. Arruinaste tu vida solo por mí.
      Los guardias vinieron de inmediato a arrestar a Thorak. “Me olvidaba, cuando sea el momento, solo cuando lo sea, revisa bajo mi placard…” dijo mientras lo arrastraban hacia la prisión.
    • ¿Ese anciano te estaba molestando? -Dijo la mujer, ya con sus pertenencias.
    • No señora. –Decía ya con toda la cara empapada de lágrimas.
    • Ese golpe no se ve bien, bebé esta poción. Apropósito, ¿Dónde ibas tan apurado? Quizás te pueda dar una mano.
    • Me dirigía al torneo organizado por el edificio Nethral, pero seguro no hay mas…
    • ¿Lugares? No, se agotaron hace un par de horas, pero te puedo inscribir si es lo que quieres.
    • ¿Cómo haría eso? Estaría eternamente agradecido. –Dijo Dalius con una sonrisa de oreja a oreja mientras bebía una poción de color rojo.
    • Soy una de las jefas del comité de Nethral. Puedo hacerte un lugar más. Pero solo si estás seguro. Habrá hombres muy poderosos y entrenados para ese torneo.
    • ¡Por supuesto que estoy seguro! ¡Muchas gracias!
    • Entonces, ve al Coliseo la próxima semana, al salir el sol. Te estaré esperando. Recuerda entrenar mucho, y no faltes.

    Capítulo IV: El entrenamiento para el torneo.

    Ya pasaron tres días desde que Dalius se inscribió al torneo. Día y noche él entrenaba en los grandes bosques y en los altos montes. Perfeccionaba la puntería con su hechizo, su poder, la velocidad con la que llega a su destino. Ese era el problema, el solo conocía un solo hechizo. De nada le serviría entrenarse tan duro sin poder lanzar otro que no sea el conjuro con el que ahuyentó el lobo hace unos días. Sabía que todos los que participarían del torneo tendrían un gran potencial y él no podrá hacer nada contra eso. Todavía estaba muy angustiado. Dalius seguía de pie nada más para no fallarle a Thorak, después de lo que hizo por él.
    Solo faltaban dos días para el torneo. A la tarde, tomó el pelaje de los lobos que asesinó y fue a venderlo al famoso comerciante del sur de la ciudad.

    • Señor, usted es famoso por lo que hace. -Dalius le dijo al comerciante, sacando las pieles de lobo de su bolso negro.
    • Así es. ¿Que necesita? –Le contestó con una voz grave.
    • ¿Cuanto dinero me daría por estas pieles?- Pronunció mientras le entregaba su botín del entrenamiento.
    • Mmm… pieles de lobos… de débiles lobos. Apuesto que los cazaste en las afueras de esta ciudad. Hasta mi hijo recién nacido es mas salvaje que una de esas criaturas. Los verdaderos lobos están en las profundidades de los bosques. Te daré cien monedas de oro por todas.
    • ¡¿Qué?! Es muy poco comparado a lo que me costó conseguirlas. -Dijo enfurecido Dalius.
    • Toma las monedas o lárgate. Tu escoges.
      Dalius tomo las monedas de oro y fue a la tienda mágica de Banderbill. Allí adentro, observó los pequeños pergaminos que exponían en una mesa. Ninguno bajaba de las quinientas monedas de oro.
      -Todo esta muy caro aquí. – Se dijo el joven mirando su bolsillo con pocas monedas dentro.
      -Si eso te parece caro, mira los hechizos intermedios en aquella mesa. –Le contestó el empleado de la tienda.
      “Inmovilizar” cinco mil monedas de oro.
      “Remover parálisis” tres mil quinientas monedas de oro.
      “Invisibilidad” Diez mil monedas de oro.
      Dalius escuchó unos pasos que se acercaban por detras de él. “Deme el pergamino que contenga el hechizo inmovilizar y otro que contenga remover parálisis. ¡Rápido, el torneo es en poco tiempo y tengo que estar listo!” Exclamó un hombre que llevaba puesta una gran armadura gris. Dalius se asustó mucho al pensar que tendría oponentes así en el torneo. “No participaré” susurró y partió rumbo a su casa. Se tiró en la cama tratando de olvidar todo y se quedo profundamente dormido.
      Se despertó muy tarde al otro día. Al ver por la ventana el sol ocultarse tras los montes, se dio cuenta que durmió demaciado. Dalius tuvo un sueño. No uno cualquiera. Era un sueño en el que vivía nuevamente el momento que arrestaban a Thorak. Volvió a tener la conversación con la mujer y con el anciano Thorak. Dalius le había prometido ir al coliseo al salir el sol. “No podría quedarme en casa. Thorak dijo que llegaría muy lejos, que tendría un gran futuro por delante, tengo que hacerle caso.”
      Solo unas horas faltaban para el comienzo del torneo. Dalius estaba muy preocupado. Pensó en ir a entrenar el tiempo que faltaba, pero se agotaría. De repente, se acordó del sueño que tuvo. “Me olvidaba, cuando sea el momento, solo cuando lo sea, revisa bajo mi placard…”, las últimas palabras que escucho de parte de Thorak. Dalius corrió a la habitación de Thorak. Empujó el antiguo placard con mucha fuerza y pudo divisar, en el piso, un pequeño compartimiento secreto. Lo abrió cuidadosamente, tratando de que no se rompa nada que esté adentro. Unas antiguas hojas en un idioma que Dalius no entendía, una carta y un báculo estaban dentro.
      Dalius:
      Cuando leas esto, yo ya te estaré cuidando desde el cielo. Ya sabes toda la verdad. Thorak fue un gran amigo mío, diseñaba mis báculos. Me imaginó que ya eres todo un hombre. Yo era la maga más poderosa de todas las tierras. Él que me quitó la vida no era cualquiera. Thorak también diseño un báculo para tí. He aquí algunos conocimientos míos que quiero compartir contigo, pequeño pero poderoso mago. Ten mucho cuidado hijo, el mundo esta lleno de sorpresas. Y acuérdate, siempre te amare.
      Fayme

    Las lágrimas corrían por el rostro de Dalius. Agarró las sucias hojas con su mano derecha, y estas se desintegrarón formando una neblina de color azul que rodeó al jovén, y después de unos segundos, la neblina desapareció. Dalius, desconcertado, agarró su báculo y esperó impaciente la hora del torneo sentado en la silla en la que Thorak solía trabajar.
    Había llegado la hora. Dalius se encontraba en la entrada del magnífico coliseo. Personas por doquier, no se podía caminar sin chocarte. Entre todas, pudo divisar a lo lejos a la anciana que lo inscribió y fue hacia ella.
    -Pensé que no vendrías. –Dijo la mujer.
    -Yo igual.


    Capítulo V: Antes de la batalla.

    Dalius, junto a los otros participantes, se encontraban en la sala de espera del gran Coliseo. Espadas, escudos, y muchas estatuas la adornaban. Desde guerreros hasta magos esperaban impacientemente sus turnos. Un elfo entró en la imponente sala y comenzó a enunciar las reglas una por una. Al terminar, les dio cinco minutos para prepararse antes de que comenzara el torneo, luego vendría a acompañarlos hasta la arena de batalla.
    “Los combates no serán a muerte, habrá experimentados sacerdotes resguardándome, no tengo de que preocuparme” pensó Dalius tratando de perder el miedo y los nervios.
    Ya habían pasado cinco minutos. "Los combates serán por orden de inscripción” dijo el elfo mientras acompañaba a los primeros combatientes. Dalius fue a examinar la sala, pues fue el último en inscribirse. “Espada usada por Thandol, el más noble paladín de estas tierras."Arco, usado por Leros, el más fuerte cazador jamás conocido.” Leía el joven muy contento al estar cerca de tan lujosas armas.

    • Apuesto que mi madre luchó junto a ellos. –Se decía Dalius.
    • No te lo puedo negar, chico. –Se escuchó desde atrás.
    • ¿Quién dijo eso? – Preguntó desesperado Dalius.
    • Mira tú mismo.
      Una resplandeciente y bella túnica de color naranja, amarillo y blanco llevaba consigo aquel hombre.
    • ¿E-eres el r-rey de Banderbill? –Preguntó confundido.
    • Correcto. Quise desearles suerte a los participantes del torneo. Desde un principio tu presencia me hizo recordar a alguien. A Fayme.
    • ¿La conoció?
    • ¿Sí la conocí? Fui su compañero en muchas batallas, era magnífica. Luego de su muerte heredé el trono de mi padre. Pero no quiero hablar sobre eso. Veo que te gustan los adornos que nos rodean.
    • Así es.
    • Conozco algo que te encantará. Sígueme. –Dijo con una sonrisa el Rey.
      Subieron unas elegantes escaleras hasta llegar a un cuarto cerrado con llave. Con su dedo índice apuntando hacia la puerta, el Rey, pronunció unas palabras y esta se abrió inmediatamente. En un estante de la pared de la antigua habitación se hallaba un báculo.
    • ¿Me quería mostrar ese báculo? Es bello pero no para superar las espadas de la sala de espera. –Dijo Dalius.
    • No se trata de lo estético, joven.Este báculo tiene un gran poder dentro de él, solo que nadie pudo encontrarlo, excepto una persona.
    • ¿A que quiere llegar con todo esto, señor?
    • Los magos más poderosos intentaron usarlo luego de que esta reliquia se quedo sin dueño, pero no hallaron el poder con el que lo manejaba su dueño. El dueño del báculo fue Fayme, tu madre. Los inigualables poderes y conocimientos que ella poseía junto con este báculo, hacían de Fayme la mejor maga. –Dijo el Rey mientras se lo entregaba a Dalius.
    • Ahora esta en tus manos. Se qué hallarás el poder dentro de él.
      El rey hizo unas maniobras con sus manos y del techo cayó una túnica azul y un gorro gris sobre Dalius.
    • Vístete, no pensarás luchar con esa ropa. Luego baja, tu turno se acerca.
    • No te decepcionaré. –Dijo Dalius.
      El rey volvió a su palco del gran coliseo y, preocupado, se dijo a sí mismo: “¿Será él el elegido?”

    Capítulo VI: Un poder oculto se revela.

    Casi era el turno de Dalius, solo faltaba una pelea. Dalius se sentó a esperar cerca de una ventana que daba a la arena. De repente, el joven escucho unos fuertes gritos que provenían del combate. Se asomó y pudo ver como los sacerdotes actuaban desesperados y rápidamente con una chica agonizante. Los sacerdotes llevaron a la chica a la sala de espera para que nadie de la gente pueda ver lo que esta pasando. “Ese rostro se me hace familiar” pensó Dalius. “Es… la persona que me salvó días atrás, cuando un lobo negro me atacó.”
    Seguido de eso, el elfo fue a la sala por Dalius y el que sería su contrincante, un temible cazador con un arco que a simple vista parecía mortal.
    Ya en la arena, Dalius estaba muy nervioso, pues había mucha gente presenciando el torneo en las grandes tribunas, sin contar que se encontraba muy asustado por lo que presenció recién.
    “A sus esquinas. Uno, dos, tres, ¡combatan!” Exclamó un gnomo sentado en unos sillones del centro del lugar. El cazador preparó sus flechas mientras se acercaba a Dalius. “Será tu fin” dijo el enano y con toda su fuerza lanzó bastantes flechas. Dalius trató de correr pero las flechas lo alcanzaron, y se cubrió con su báculo cerrando los ojos. “¿Estoy muerto?” se dijo a sí mismo. Abrió los ojos. Las flechas estaban desparramadas en el suelo. Una especie de burbuja de color rojo lo rodeaba protegiéndolo. El silencio tomo control del lugar. “Esa maniobra es conocida solo por los más expertos magos. Un joven nunca podría lanzar ese conjuro.” Murmuraban en la tribuna. Dalius enfocó la vista hacia el palco más lujoso del lugar, donde estaba el rey, y este le sonrío. Gritos halagando al chico rompieron el silencio creando un increíble barullo. “Ya me estas cansando” dijo el cazador y lanzó más flechas sobre Dalius, pero, este sostuvo firmemente su báculo, y de él salieron ardientes llamaradas que arrasaron con las flechas y formaron una tormenta de fuego sobre el cazador. “¡Apaguen estas llamas ya! ¡No puedo contra este demonio!” exclamaba el enano mientras corría hacia los sacerdotes. El elfo declaró como ganador a Dalius y lo llevo nuevamente a la sala de espera. Todos los presentes quedaron asombrados.
    -¿Dónde has aprendido eso? – Le preguntó un guerrero que salió victorioso de la primera ronda.
    -Mi madre me lo enseño. – Dijo Dalius sonriendo.
    Los combates fueron pasando poco a poco hasta llegar nuevamente al turno de Dalius, que esta vez le tocaba contra un paladín. Ese hombre tenía su armadura bañada en sangre, era el que maltrató a la maga que anteriormente le salvo la vida. Los ojos de Dalius se tornaron de color rojo. Dalius no despegaba su mirada del paladín. El elfo los acompaño hacia la arena. La cuenta regresiva para la pelea había comenzado. “Tres. Dos. Uno. ¡Combatan!” volvió a exclamar aquel gnomo. El paladín corrió hacia Dalius, pero este no parecía asustado. El joven mago lanzó con una tormenta de fuego al paladín hacia la esquina donde había empezado a correr. Aquel hombre ya tenía gestos de terror en su cara. El cielo se volvió negro, y las nubes comenzaron a reunirse por encima del paladín. Un rayo cayó lanzando al paladín al suelo, y luego, una descarga eléctrica nunca antes vista se desató sobre el hombre que no parecía dar señales de vida.
    “¡Es un monstruo, hay que eliminarlo antes de que halla más victimas!” gritó un guardia del coliseo. Inmediatamente, Dalius estaba rodeado de hombres del ejército. Lo arrastraron hasta el Palacio Real donde el Consejo de Banderbill decidiría que hacer con él. En unos minutos, ya estaban todos los integrantes del Consejo discutiendo la situación. El silencio se apodero de la sala cuando el Rey entró al Palacio y lentamente se acercó a Dalius. “Déjenme hablar a solas con él” dijo seriamente el Rey. Dalius acompaño al rey a su alcoba y este cerro la puerta con llave.

    • Dalius…
    • ¡No era mi intención, lo juro! ¡No quería que esto termine así! –Exclamó Dalius.
    • Déjame terminar, te estoy salvando la vida. Tras este cuadro, hay un pasadizo que te conducirá a un túnel que solo yo conozco. Es muy peligroso, pero viendo tu actuación de hoy no me preocupa, puedes defenderte solo. Debes ir hasta el fin del túnel. Es un largo camino, pero al final, verás al hombre más sabio de todas las tierras. Él te enseñara todo sobre la magia y también a controlar tu don.
    • ¿Crees que es un don? –Dijo intrigado Dalius.
    • Por supuesto, muy pocas personas lo poseen. Tu madre lo tenía. Ahora entra, sin miedo.
    • ¿Qué les dirás a los guardias? -Preguntó el joven.
    • De eso yo me encargo. –Contestó muy seguro el Rey.


  • Dalee contesten ;( xD.

    Capítulo VII.

    Un largo camino.

    Dalius ya se encontraba en el túnel, muy oscuro y abandonado. Mientras tanto, el rey se debía encargar de los guardias y del consejo de Banderbill. Un gran silencio había en el palacio real, y eso permitió que todos escuchasen cuando el vidrio de la gran ventana de la alcoba del rey se despedazó. “¡Auxilio, esta huyendo!” gritó el rey una y otra vez. Todos los presentes trataron de abrir la puerta, pero esta estaba cerrada con llave. Un hombre, portador de una pesada maza, sin dudarlo tiro la puerta abajo con ella, pero Dalius ya no estaba.
    -El cobarde de ese chico me inmovilizó y escapó por la ventana… - Dijo el rey aparentando estar agotado.
    -De inmediato enviaremos hombres que se encarguen de encontrarlo. –Contesto el jefe del honorable consejo.
    Ya habían pasado muchas horas de que Dalius había empezado su caminata en el caluroso túnel, y ya había terminado las pocas provisiones que llevaba consigo. Siguió caminando como pudo hasta llegar a un lugar mucho más frío que los demás. Dejó su báculo en el suelo y se sentó contra la pared. Aquel lugar era muy frío, ni en las regiones polares el frío era igual, pero a Dalius eso no le importaba, la túnica que le obsequió el rey le había dado mucho calor. Dalius empezó a oír pasos que provenían de arriba del túnel.
    -¡¿Quién osa entrar a mi trono?! – Pronunció muy enojado un hombre con una voz escalofriante.
    -Mi señor, le traigo noticias. – Dijo muy asustada otra voz, pero esta parecía de un hombre normal.
    -¿Y qué haces ahí parado? ¡Dímelas! – Volvió a hablar aquel monstruoso hombre.
    -El hijo de Fayme esta… esta…. vivo, señor.
    -¿Sabes muy claro lo que estas diciendo? Esto te puede costar tu miserable vida si llega a ser una mentira. – Pregunto muy intrigado el hombre con la extraña voz.
    -Como usted me ordenó yo estaba de espectador en aquel torneo que organizó el comité de Nethral. Había un chico con un poder increíble, la fuerza de sus hechizos me hicieron acordar a los conjuros de Fayme. Además, se parecía demasiado a cuando la hechicera era apenas una joven mujer, cuando todavía no formaba parte del ejército, y mientras combatía, miraba al Rey muy seguido, como ocultando algo.
    -¡Arghhhh! ¡Estúpida Fayme, nos engaño a todos! ¡Creí que había matado a ella y a su hijo aquella noche!… Debemos encargarnos rápido de ese joven, antes de que adquiera todo el poder de su madre. Envía gente hacia Banderbill, gente que lo busqué por todas estas tierras, pero no envíes ni a Balthier ni a su ejército, yo tengo una tarea para ellos.
    El rostro de Dalius cambio completamente. “Ese hombre es el mismísimo Demonio, y fue el que asesinó a mi madre, ahora viene por mi”. Se paró y continuó su camino por el túnel.
    Luego de un tiempo caminando, Dalius ya podía ver una luz al final del camino, así que fue hacia ella. Corrió desesperadamente, sin darse cuenta que entró en una gran sala. Algo muy pegajoso lo detuvo. No se podía mover hacia ningún lado. Dalius estaba en el centro de una gran telaraña. “Algo se mueve en el techo” dijo muy asustado sin poder hacer nada. Del techo calló una gran araña, tenía el tamaño de un golem. Sus colmillos, plagados de veneno, se acercaban hacia el chico. “Aquí es donde tengo que hacer que mi madre se sienta orgullosa” pensó desesperado pero alegre el joven Dalius. La telaraña se empezó a derretir y Dalius quedo de pie ante aquel monstruo. “¡Desearas no haber nacido!” le gritó a la inmensa araña, mientras sacaba su báculo. “¡Mi báculo no esta, lo deje olvidado debajo del trono del Demonio cuando me detuve a descansar! La araña se alejó un poco, tomando carrera para saltar sobre Dalius, que parecía no tener escapatoria.



  • Lei hasta el capitulo 2, mil disculpas llegue a casa totalmente destruido y recien me acabo de levantar para tomarme 30 minutos para ponerme al dia con el foro y a dormir de nuevo.-

    Cosas que encontre en tu relato que no podrias mejorar:

    • Usas mucho los signos de puntuacion ( comas, puntos ), esta perfecto utilizar signos de puntuacion pero cuando corresponden, es decir que hay que pensar muy bien como los utilizas y no poner de mas porque sino la lectura se vuelve tediosa y densa. Pero en la mayoria de los casos los supistes ubicar.-

    • Por otro lado la cantidad de adjetivos es muy extensa, ojo a mi tambien me ENCANTA llenar un relato de adjetivos y sinonimos mas estos… Pero por experiencia propia te comento que hay que saber cuando uno se esta exediendo en ponerle demasiados adjetivos a cosas que tal vez en el texto carecen de importancia...

    Te voy a dar un ejemplo

    • Una vez alli Toriusquedo sin habla al vislumbar el imponente porton del Castillo...

    Hasta ahi esta bien, pero un claro ejemplo de exederse seria este:

    • Una vez alli Torius quedo sin habla al vislumbra el pesado e imponente porton del lujoso y majestuoso Castillo.-

    Ojo, no esta mal poner "casualmente" gran cantidad de detalles como se ve en el segundo ejemplo, pero no cada 3 oraciones porque cansa al lector.-

    Y despues tenia otra cosa minima que criticar pero mas alla de estas pocas correcciones ( que en parte tambien van de acuerdo a los gustos de cada uno, por ejemplo a mi me encanta leer relatos con este tipo de errores ) el relato hasta donde lo pude leer esta de 10, tanto la trama como la forma de narrarlo.-


    Lei hasta el capitulo 2, mil disculpas llegue a casa totalmente destruido y recien me acabo de levantar para tomarme 30 minutos para ponerme al dia con el foro y a dormir de nuevo.-

    Cosas que encontre en tu relato que no podrias mejorar:

    • Usas mucho los signos de puntuacion ( comas, puntos ), esta perfecto utilizar signos de puntuacion pero cuando corresponden, es decir que hay que pensar muy bien como los utilizas y no poner de mas porque sino la lectura se vuelve tediosa y densa. Pero en la mayoria de los casos los supistes ubicar.-

    • Por otro lado la cantidad de adjetivos es muy extensa, ojo a mi tambien me ENCANTA llenar un relato de adjetivos y sinonimos mas estos... Pero por experiencia propia te comento que hay que saber cuando uno se esta exediendo en ponerle demasiados adjetivos a cosas que tal vez en el texto carecen de importancia...

    Te voy a dar un ejemplo

    • Una vez alli Faymir quedo sin habla al vislumbar el imponente porton del Castillo...

    Hasta ahi esta bien, pero un claro ejemplo de exederse seria este:

    • Una vez alli Faymir quedo sin habla al vislumbra el pesado e imponente porton del lujoso y majestuoso Castillo.-

    Ojo, no esta mal poner "casualmente" gran cantidad de detalles como se ve en el segundo ejemplo, pero no cada 3 oraciones porque cansa al lector.-

    Y despues tenia otra cosa minima que criticar pero mas alla de estas pocas correcciones ( que en parte tambien van de acuerdo a los gustos de cada uno, por ejemplo a mi me encanta leer relatos con este tipo de errores ) el relato hasta donde lo pude leer esta de 10, tanto la trama como la forma de narrarlo.-


    Extra: aca te marco algo muy puntual del primer capitulo que me fui facil notar que venia mal.

    […]¿La actual difunta gran hechicera de Banderbill? […]

    Lo idea hubiera sido escribir lo siguiente:

    […] ¿La difunta gran hechicera de Banderbill? […]

    Ya que en esa parte en particular donde narras eso al evitar el "actual" provocas una mayor ligeresa en el relato, imaginate si evitas todas las demas palabras innecesarias .-

    La idea de esto ultimo que te menciono es que leas lo que pusistes vos en ese parrafo y despues lo releas reemplazando esa oracion por la que te corregi yo aver cual te parece que va mejor



  • Azhrial gracias por las criticas, tenes razón en lo que decis. Pasa que es mi forma de escribir y me va a cstar no hacer lo qe decis xD pero we, copense y lean y opinen ^^.


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