Historias con enseñanzas



  • La mochila

    Se cuenta en un antiguo pueblo, que un día, Zeus convocó a todos los animales de la Tierra.

    Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.

    -¿Qué dices tú, la mona? -preguntó.
    -¿Me habla a mí? -saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!

    -Que hable el oso -pidió Zeus.
    -Aquí estoy -dijo el oso- con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole como el elefante!

    -Que se presente el elefante…
    -Francamente, señor -dijo aquél-, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí lo tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas...

    -Que pase el avestruz.
    -Por mí no se moleste -dijo el ave-. ¡Soy tan proporcionado! En cambio la jirafa, con ese cuello...

    Zeus hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.
    -Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga que sólo ve los cascotes.

    La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.
    -Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie...

    -Que pase la víbora -dijo Zeus algo fatigado.
    Llegó arrastrándose y habló con lengua viperina:
    -Por suerte soy lisita, no como el sapo que está lleno de verrugas.

    -¡Basta! -exclamó Zeus-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.

    -Precisamente -empezó el topo-, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista pero, ¿no es horrible su cogote pelado?

    -¡Esto es el colmo! -dijo Zeus, dando por terminada la reunión-. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.

    Suele ocurrir.

    Sólo tenemos ojos para los defectos ajenos y llevamos los propios bien ocultos, en una mochila, a la espalda.


    El gato y los ratones

    Sucede que había un gato que vivía atacando a los ratones, estos siempre terminaban muy alterados y no podían salir nunca de sus refugios.
    Un día, antes de que el malvado gato atacara a los ratones, un ratón, el mas viejo y sabio, dijo:
    "Esto no tiene solución, siempre viviremos atormentados por ese gato. Alguien tiene que hacer algo: yo sé qué: mientras ese gato se está distrayendo comiendo ese jamón, alguno de nosotros podría atarle una de estas sogas en su cuello"

    Todas los ratones aplaudieron al viejo ratón, todos conformes con su idea, pero… ¿quién iba a ser tan valiente como para atar la soga al cuello del gato?

    Esto siempre pasa, mucha gente pronuncia bellaz palabras y grandes ideas pero nunca se esfuerzan en lograr el verdadero objetivo.


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