Bodas de sangre.



  • Dos pequeños recortes de la novela clásica ¨Bodas de sangre¨ de García Lorca.


    Amante.

    Desde aquí yo me iré sola
    ¡Vete! ¡Quiero que te vuelvas!

    Leonardo.

    ¡Calla, digo!

    Amante.

    Con los dientes, con las manos, como puedas,
    quita de mi cuello honrado
    el metal de esta cadena,
    dejándome arrinconada
    allá en mi casa de tierra.
    Y si no quieres matarme
    como víbora pequeña
    pon en mis manos de novia
    el cañón de la escopeta.
    ¡Ay, qué lamento, qué fuego
    me sube por la cabeza!
    ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!

    Leonardo.

    Ya dimos el paso; ¡Calla!,
    porque nos persiguen de cerca
    y te he de llevar conmigo.

    Amante.

    ¡Pero ha de ser a la fuerza!

    Leonardo.

    ¿A la fuerza? ¿Quién bajó
    primero las escaleras?

    Amante.

    Yo las bajé.

    Leonardo.

    ¿Quién puso al caballo
    bridas nuevas?

    Amante.

    Yo misma. Verdad.

    Leonardo.

    ¿Y qué manos
    me calzaron las espuelas?

    Amante.

    Estas manos que son tuyas,
    pero que al verte quisieran
    quebrar ramas azules
    y el murmullo de tus venas.
    ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
    Que si matarte puediera,
    te pondría una mortaja
    con los filos de violetas.
    ¡Ay, qué lamento, qué fuego
    me sube por la cabeza!

    Leonardo.

    ¡Que vidrios se me clavan en la lengua!
    Porque yo quise olvidar
    y me puse un muro de piedra
    entre tu casa y la mía.
    Es verdad. ¿No lo recuerdas?
    Y cuando te vi de lejos
    me eché en los ojos arena.
    Pero montaba a caballo
    y el caballo iba a tu puerta.
    Con alfileres de plata
    mi sangre se puso negra,
    y el sueño me fue llenando
    las carnes de mala hierba.
    Que yo no tengo la culpa,
    que la culpa es de la tierra
    y de ese olor que te sale
    de los pechos y las trenzas.

    Amante.

    ¡Ay qué sin razón! No quiero
    contigo cama ni cena,
    y no hay minuto del día
    que estar contigo no quiera,
    porque me arrastras y voy,
    y me dices que me vuelva
    y te sigo por el aire
    como una brizna de hierba.
    He dejado a un hombre duro
    y a toda su descendencia
    en la mitad de la boda
    y con la corona puesta.
    Para ti será el castigo
    y no quiero que lo sea.
    ¡Déjadme sola! ¡Huye tú!
    No hay nadie que te defienda.

    Leonardo.

    Pájaros en la mañana
    por los árboles se quiebran.
    La noche se está muriendo
    en el filo de la piedra.
    Vamos al rincón oscuro,
    donde yo siempre te quiera,
    que no me importa la gente,
    ni el veneno que nos echa.

    (La abraza fuertemente.) Amante.

    Y yo dormiré a tus pies
    para guardar lo que sueñas.
    Desnuda, mirando al campo,
    (Dramática.) como si fuera una perra,
    ¡porque eso eso soy! Que te miro
    y tu hermosura me quema.

    Leonardo.

    Se abrasa lumbre con lumbre.
    La misma llama pequeña
    mata dos espigas juntas.
    ¡Vamos!

    (La arrastra.)


    Habitación blanca con arcos y gruesos muros. A la derecha y a la izquierda, escaleras blancas. Gran arco al fondo y pared del mismo color. El suelo será también de un blanco reluciente. Esta habitación simple tendrá un sentido monumental de iglesia. No habrá ni un grism ni una sombra, ni siquiera lo preciso para la perspectiva.
    Dos muchachas vestidas de azul oscuro están devanando una madeja roja.

    Muchacha 1.

    Madeja, madeja,
    ¿qué quieres hacer?

    Muchacha 2.

    Jazmín de vestido,
    cristal de papel.
    Nacer a las cuatro,
    morir a las diez.
    Ser hilo de lana,
    cadena a tus pies
    y nudo que apriete
    amargo laurel.

    Niña. (Cantando.)

    ¿Fuiste a la boda?

    Muchacha 1.

    No.

    Niña.

    ¡Tampoco fui yo!
    ¿Qué pasaría
    por los tallos de la viña?
    ¿Qué pasaría
    por el ramo de la oliva?
    ¿Qué pasó
    que nadie volvió?
    ¿Fuiste a la boda?

    Muchacha 2.

    Hemos dicho que no.

    Niña. (Yéndose.)

    ¡Tampoco fui yo!

    Muchacha 2.

    Madeja, madeja,
    ¿qué quieres cantar?

    Muchacha 1.

    Heridas de cera,
    dolor de arrayán.
    Dormir la mañana,
    de noche velar.

    Niña. (En la puerta.)

    El hilo tropieza
    con el pedernal.
    Los montes azules
    lo dejan pasar.
    Corre, corre, corre,
    y al fin llegará
    a poner cuchillo
    y a quitar pan.

    (Se va.) Muchacha 2.

    Madeja, madeja,
    ¿Qué quieres decir?

    Muchacha 1.

    Amante sin habla.
    Novio carmesí.
    Por la orilla muda tendidos los vi.

    (Se detiende mirando a la madeja.) Niña. (Asomándose a la puerta.)

    Corre, corre, corre,
    el hilo hasta aquí
    Cubiertos de barro
    los veo venir.
    ¡Cuerpos estirados,
    Paños de marfil!


    Está buena la novela, rápida de leer. Cada tanto te saca unas buenas sonrisas y hace sentir emociones.
    Yo la tuve que leer obligado, pero me resultó entretenida

    dalepue, suerte, saludos, blabla



  • Me paso lo mismo, en el colegio me pidieron que la tenia que leer, fue entretenida, obviamente si no me obligaban no la leía :$



  • Siempre lo odie, no quita que sea entretenido, pero por culpa de este y otros dos libros me llevé Literatura. Le hice la cruz a García Lorca



  • A mi también me lo hicieron leer y me encanto.. sinceramente no me gusta leer libros y eso pero cuando me hicieron leer este y otros mas me re gustaron son muy entretenidos.



  • Si nunca leiste a garcia lorca no fuiste a la escuela jaja



  • @Abella.-:

    A mi también me lo hicieron leer y me encanto.. sinceramente no me gusta leer libros y eso pero cuando me hicieron leer este y otros mas me re gustaron son muy entretenidos.

    Es la típica y les pasa a todos, no queres leer y cuando lees te enganchas


  • Banned

    A mi no me lo hicieron leer, me hacen leer cosas como el Mio Cid, Martin Fierro, etc.

    Muy bien armado! Te robo la idea para mi próximo relato. ❤


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