La historia por escribir de un humano sin rumbo alguno.



  • Aclaraciones sobre el texto y su historia

    Cursiva= 1ra persona y diálogos Negrita= 3ra persona
    10 monedas de cobre = 1 de plata
    10 monedas de plata = 1 de oro
    El TH se actualizará todos los días (en lo posible) contando las situaciones que ocurran a este personaje

    ¡Hola gente, soy nuevo en el foro, espero les guste esta idea que tuve y que todos se copen y comenten!

    ¡Días/Capítulos en spoiler!

    Día uno.

    ! -Parece mentira, luego de tantos días y tantas noches dentro de esa barcaza de segunda mano… pisar tierra firme me parece tan extraño. El puerto no es gran cosa, aunque parece no faltarle nada... ohh la imponente Banderbill.
    Sus murallas, sus puertas enormes... ¡Sus entrenados soldados con esas relucientes armaduras no eran broma! Quizá pueda encontrar un lugar donde dormir, si pueden pagar esa guardia tendrán algún lugar donde dormir por algunas monedas de cobre-
    Caminó por el medio de la ciudad, notó el edificio de entrenamiento con algunos humanos luchando con espadas de maderas, y otros practicando reflejos con algunos animales… Encontró el banco, sus arcas llenas de monedas y lingotes de oro, y por fin un lugar donde dormir justo en frente de la sucursal de finanzas Goliath.
    -Buenos días, hay alguien? Un hombre gordo y sin pelo en la cabeza llegó con movimientos apurados.
    -¡Buenos días! ¿Eres un aventurero? Porque pareces uno… ¡Ahá, eres parte de la nueva milicia! Bien... si no es eso entonces eres... ¿Ayudante de herrero? ¡Vamos no te quedes ahí callado! -Er-er- ¡Vengo en busca de un lugar cómodo donde caerme! He viajado por mucho tiempo y estoy deseoso de descansar sin movimiento alguno!
    -Ahá… bien... ¡Tridente! ¡Tridente! ¡El hombre, a la de arriba!
    Un niño bien educado llegó, saludó con la cabeza y dijo -Señor, le acompaño a su habitación Una escalera caracol tuvieron que subir hasta llegar a un pasillo, dos puertas de madera robustas una al lado de la otra era todo lo que había en el corredor. -Aquí es, adiós señor.
    -Gracias pequeño.
    La habitación era pequeña pero tenia una ventana, una cama no muy bien cuidada y una silla con defectos a su lado. Junto al balcón, la mesa.
    Apoyó sus bolsas en la cama e hizo inventario.
    -Dos panes, un jugo de frutas, camisa, pantalones, botas, cinco monedas de cobre y uno, dos, tres, cuanto, cinco monedas de plata. Mmmm… ¡Ajá! ¡Te encontré! Que me falte todo menos mi tabaco...
    Tomó la silla y la colocó junto a la mesa, con pipa y tabaco en mano disfrutó de la vista en su balcón que daba al campo de tiro con arco, gustoso de su comodidad apoyó las piernas sobre la cama y se dejó llevar por el sueño…

    Haciendo amistades

    ! La mañana había llegado a Banderbill, desde afuera de la posada se escuchaban caballos, movimientos metálicos y algunos comerciantes ofreciendo sus productos.
    La pipa estaba apagada, había volcado el tabaco. Se arregló un poco los pantalones y la camisa y salió a caminar.
    Caminando hacia al sur de la ciudad divisó una gran construcción, supuso que era parte del Consejo de Banderbill… por el cartel que había en la puerta, já.
    Observó la estatua que hay ahí cerca, pero más le llamo la atención un comerciante que estaba a un lado.
    -Disculpe, sabe de alguien que necesite un muchacho como yo?
    -¡Buenos días! Mmmm, ahora que lo pienso el herrero necesitaba llevar algo a no se quién, pregúntale, está ahí dentro.
    Se acercó y llamaron a su atención las espadas en exhibición, las armaduras y cascos que había en la estantería.
    -Buenos días, hay alguien?
    -¡Un segundo! (Ruidos de martillo) Aaajá, dime muchacho que necesitas.
    -El hombre de aquí afuera, de camisa roja dijo que necesitabas alguien como yo, es así?
    -Mmm puede que así sea, como te llamas?
    -Soy Eluc Igdeh, recién llegado a Banderbill… estoy buscando algún trabajo...
    -Bien bien bien, llámame Baltas, soy tu nuevo amigo. ¿Crees poder llegar hasta Ullathorpe? Necesito enviar este martillo recién terminado, oh, pero no irás a defenderte con puño... toma esta espada, he hecho mejores pero creo que por ahora te servirá.
    -Gracias por la espada, y si, podré llevar el martillo... ¿Pero que sucede? ¿Hay peligro ahí fuera?
    -Si le quieres llamar peligro pues llamale peligro, los guardias de la ciudad les llaman "molestias". Como cuando tienes una piedra en el zapato, ¿sabes?.
    -Oh entiendo... bien no será problema, iré por los bosques con los ojos bien abiertos. ¿El hombre al que debo ent-
    -Búscalo en la herrería, lleva un delantal todo sucio, su nombre es Voic. ¡Ah y ten cuidado a la vuelta, pues no querrás quedaros sin recompensa!
    Eluc salió con su nueva espada en mano y el martillo agarrado del cinturón. De inmediato un guardia que pasaba avisó…
    -Ey tu, deja de blandir eso aquí si no quieres conocer la prisión.

    _**Guardó su arma de inmediato, pidió perdón y salió por la puerta sur de Banderbill. Había caballos, vacas, cerdos y granjeros. Vio el camino pero decidió bordear el agua..****_
    **Lucha de locos.

    ! El camino recién comenzaba y su espada en el costado derecho de su cinturón dejaba ver que este muchacho no se dejaría molestar fácilmente, el martillo al otro lado y su bolsa con algo de dinero y comida no pasaba desapercibida.
    En el camino encontró arañas, ratas, lobos y demás criaturas… pero para alguien con espada no es problema... o al menos eso parecía.

    Viendo el camino a lo lejos, mientras bordeaba la orilla del agua divisó una manada de lobos hambrientos, que comían y destruían un cartel con algunas señales para los viajeros. Eluc se escurrió por entre los árboles y se quedó quieto en uno que tenía un hueco bastante amplio. Los lobos que eran seis no se quedaron mucho tiempo más ahí, pues un guardia montado en dirección a Banderbill pasó por entre medio de la manada a fuerte galope y estos corrieron distraídos a buscarlo. Era el momento de aprovechar la distracción y seguir camino.
    Al momento de partir vio en el cartel que habían destruido los lobos lo siguiente "ULLATHORPE, BANDERBILL, DUNGEON MARABEL" con flechas acompañando cada palabra.
    El camino siguió sin sobresaltos, la hierba verde relucía al borde del sendero, no pasó mucho tiempo más hasta que pudo ver los carteles que avisaban que Ullathorpe estaba ahí. Los niños jugaban en la puerta y los inamovibles guardias con armaduras de cuero reian entre ellos, la ciudad lider del comercio estaba ahí. Las caravanas, los mercaderes, casas a la venta, la iglesia y el Gobernador de Ullathorpe. Eluc entró sin ser advertido, cerca de la entrada norte de la ciudad había una viejecita con sus gallinas, él fue y preguntó por Voic.
    _-Disculpe señora, podría decirme donde encuentro al herrero?
    -¿Herrero? ¿Donde podrías encontrarlo joven? ¿No crees que en la herrería?
    -Haha, es verdad lo que dice, quise referirme a la herrería no al herrero.
    -Pues pregúntale al herrero! Ahahaha
    **Eluc partió sin más, siguiendo el camino mientras los gritos de los mercaderes locos por vender ensordecían el ambiente. A lo lejos, cerca de la fuente de la ciudad se puede ver a un hombre robusto que mientras trabajaba un metal discutía con otra persona.
    -¡Que no hombre, he dicho que no dejarme trabajar en paz!
    -¡Pero la necesito, te he dado los materiales!
    -¿Materiales le llamas sólo a un lingote? ¿Como quieres que te haga una armadura sólo con eso?
    -¡No me hagas enloquecer herrero de segunda mano!
    Mientras Eluc se acercaba, un guardia también lo hizo y queriendo poner orden advirtió.
    -¡Ustedes dos, que sucede!
    -¡Este hombre está loco, quiere una armadura con sólo un lingote y no me deja en paz!
    -¡Maldito herrero!
    **El hombre que amenazaba al herrero sacó un cuchillo largo y lanzó una estocada al herrero, el guardia tomó su espada y rasguñó con su espada un brazo de este hombre. Eluc a un costado sólo desenfundó su espada y miró con atención.
    El revoltoso movió su brazo e incrustó el cuchillo en el pecho del guardia que cayó tumbado de inmediato y comenzó a sangrar.
    El herrero estaba atónito y sin poder defenderse corrió a un lado de la fragua y pidió por su vida.
    -¡Estás loco! ¡No me mates!
    Eluc se acercó desde atrás e incrustó su espada en la dorso del delincuente, quién cayó con la espada clavada boca abajo.
    La gente de la ciudad comenzó a llegar, los mercaderes, guardias y sacerdotes estaban en el lugar, mientras el herrero retomaba la calma.
    -¡Este loco asesinó al guardia y quiso asesinarme a mi!
    Guardia: ¿Quien mató a quien? ¿Esa espada es tuya forastero?
    -S-Si, él iba a matar al herrero pero su cuchillo terminó en el guardia…
    -Este hombre me ha salvado la vida, oh muchacho como es tu nombre.
    -Eluc. ¿Tu eres Voic? Tengo algo para tí.
    Mientras le explicaba al herrero la situación, por qué estaba allí y qué tenía que darle, la gente volvió a sus lugares, los sacerdotes santificaron el lugar y se retiraron mientras tanto los guardias tomaron el cadáver y lo llevaron quién sabe donde.
    -Ahhh el martillo de Baltas, él si que saber hacerlos… dime, ¿Como conoces a Baltas?
    -Llegué ayer al continente, desembarqué en Banderbill y estoy buscando asentarme, él me dijo que tenía un trabajo para mi y que yo era el indicado. Tu ya tienes tu martillo y yo debo ir a buscar mi recompensa.
    -Así que estas recién llegado, déjame decirte algo... Aquí tienes dos opciones, o haces las cosas bien o haces las cosas mal. Muchos eligen el camino rápido pero más difícil, se dedican a robar, asesinan por algo de oro... y algunos hasta por cobre. Pero puedes hacer las cosas bien y decidir tener un negocio, colocar un edificio de entrenamiento, hacerte monje si quieres o hasta ser un guardia! Dime, ¿ya habías matado un hombre?.
    -En realidad no... pero no se sintió tan mal, él se lo merecía hahaha!
    -Así se habla, tu tienes alma de guerrero hijo. Mira, la milicia no es broma, puedes trabajar custodiando las puertas de una tranquila ciudad, o defender a tu Rey en batalla. Algunos señores de los castillos cercanos buscan gente como tu para terminar con los bandidos de los bosques (que son muchos), si eres bueno con la espada podrías hasta tener un grupo de hombres a tu cargo. Déjame decirte algo... yo conozco a un vasallo del Rey Tancredo que nunca sale de su castillo... yo he hecho trabajos para él, las armaduras de sus soldados y equipamientos de ese tipo yo se los arreglo... el a cambio me paga buenas cantidades de monedas haha, ¡es muy generoso!.
    -Eres muy amable Voic, pero antes de decir que si quiero caminar un poco por aquí que no conozco todavía, volveré en algunas horas.
    -Que así sea muchacho y gracias de nuevo!

    ****
    __Eluc se apartó y caminó por la ciudad mirando a los demás… creo que es momento de compras...___
    ****_****_****La caravana

    ! **¿Quizá alguna capa? ¿Algo de beber? ¿Pociones mágicas? ¿Materiales de carpintero? Todo estaba a la venta, la gente levantaba la voz para hacer conocer sus ofertas en el medio de la ciudad, a un costado de la fuente.
    Eluc compró algunas porciones de pan y algo de jugo de frutas (su favorito) y se dirigió al herrero… ahí estaba lo que él necesitaba.
    -¡Buenas noches!
    -¡Ohh muchacho… Eluc! Veo que has vuelto.
    -Así es Voic, y necesito de tus conocimientos.
    -Ohh... creo que estás con quien debes. ¿Quieres ver la mercancía?
    -Adelante.
    Voic mostró tres tipos de guantes, de tela, de cuero y malla. También habíoa botas de cuero con detalles diferentes, algunas armaduras simples de cuero pero resistentes y lo que más le llamo la atención, las armas.
    Había hachas, espadas, sables, cimitarras, dagas, todo tipo de objetos cortantes y contundentes como lo son las mazas y martillos.
    -Bien muchacho, tu eliges… pero antes que nada, quiero ofreceros una armadura sin precio alguno, esta va por la casa... no todos los días te salvan la vida de un loco desquiciado haha!
    La pechera de cuero duro estaba en fantástico estado, prácticamente sin uso, no protegía las piernas y brazos… pero aún así era mejor que una camisa.
    _-Gracias Voic, esto es demasiado…
    -No es nada muchacho, ahora dime, que ibas a comprar?
    -Busco una espada, de buen balance y filo.
    -¡Esta! (Y toma una espada) Calidad y buen precio en el mismo lugar haha!
    -Mmm se ve bien...
    -Dos monedas de plata para los amigos de Voic!
    -¡Que así sea! ¡Ah casi me olvidaba! ¿Escudos?
    -De tortuga por el momento.
    -Me gustan las tortugas haha.
    -Hahaha, serán 5 de cobre.
    -Aquí tienes Voic... y creo que es momento de partir ya...
    -A donde te diriges?
    -A Banderbill, Baltas tiene mi recompensa por traerte el martillo.
    -Vas a pié?
    -Eso creo...
    -Nada de eso, la caravana parte en algunos minutos, ¿ves allí? ¿al lado de la puerta?, diles que vas a Banderbill y eres guardia, te creerán, mueren por quien los defienda haha.
    -Muchas gracias Voic, te debo un gran favor…
    -No es nada hijo, ve rápido que no salgan sin ti!
    Eluc se acercaba a la puerta donde estaba la caravana a punto de partir, con su armadura, espada y escudo nuevo él sentía una especie de superioridad frente a los demás. Llegando a la carreta de la caravana un hombre desde adentro gritó
    _-¡Ahí está el que falta, rápido soldado tenemos que llegar cuanto antes!
    Con rapidez saltó y se metió en la carreta, instantáneamente los caballos comenzaron a moverse.
    -¿Y quien eres tú? Preguntó el hombre que iba dentro.
    -Soy Eluc, guardia de Banderbill.
    -De Banderbill? Pero si esta caravana viene de Ullathorpe…
    -Si... es que estuve aquí de paso a ver a un viejo amigo, y vuelvo a servicio con esta caravana...
    -Oh entiendo, no hay problema.
    La caravana llevaba materiales de carpintero y provisiones para el Mesón Hostigado, cada lado de la caravana tenía un guardia que iba trotando al ritmo de la misma, detrás había uno más que iba montado. De un momento a otro la caravana pareció frenarse, y el sonido de alguien cayendo se escuchó sin más.
    Una flecha atravesó el cuello del conductor de la caravana que cayó muerto, el mercader vio el cadáver y se quedó inmóvil.
    -Aggg, emboscada!
    Cinco bandidos del bosque salieron de entre los árboles y se batieron en lucha con los guardias de los costados, el que iba montado sacó su espada y gritó
    -¡A ellos!
    **Eluc salió con su escudo y espada en mano, una flecha golpea su escudo de suerte y el bandido se le abalanzó contra él sin ánimos de entablar diálogo alguno.
    Los guardias de los costados que iban con armaduras de malla abatieron a dos de los cinco bandidos, mientras tanto el que iba montado siguió a todo galope a uno que estaba yéndose entre los árboles.
    Eluc lanzó su espada con fuerza contra el bandido que tenía encima y este lo rechazó con sus dos espadas cortas, de inmediato este lanza una estocada que no logra penetrar la armadura.
    Un golpe más lanzó e hirió al caballo de la derecha, lo cual éste se volvió loco y de una patada lanzó el escudo de Eluc por los aires. Cuando iba a golpear al bandido los demás guardias se acercaron y entre los tres terminaron con el que había atacado a Eluc.
    El último logró correr sin armas y se adentró en el bosque donde lo perdieron de vista. De inmediato llegó el guardia montado.
    -¿Todos bien?
    -Todos no… éste hombre por lo menos. **Señalando al primer caído por la flecha en el cuello.
    **El mercader se asomó por una ventana de la caravana y miró con miedo a los guardias. Al ver que todos estaban bien recuperó la calma.
    -Oh, Moloc… una flecha te ha enviado al otro lado... ¡Debemos cargarlo!
    -Imposible -dijo el guardia montado- no tenemos lugar y mucho menos quien conduzca los caballos.
    -Yo puedo conducirlos, avisó Eluc con timidez.
    -Entonces no perdamos tiempo, guardias en posición. Andando.
    La caravana siguió y llegó hasta Banderbill sin problemas, en la entrada los guardias revisaron la caravana y preguntaron por Eluc.
    -¿Y tu quien eres?
    -Eluc.. ehm… guardia de Ullathorpe.
    -¿De Ullathorpe? -Dijo el mercader de la caravana- ¿Acaso no eras de Banderbill?
    -No sé que habrá escuchado, mi hogar es Ullathorpe...
    Confundido el mercader asintió con la cabeza y agradeció a los guardias y a Eluc por defender su caravana en batalla.
    Cansado y luego de tantas emociones, Eluc fue hasta el Mesón Hostigado y bebió una cerveza esperando que termine el día…
    ****
    **
    __
    **Puñales y sospechas
    ! >! Terminando el trago, Eluc fue sorprendido por dos guardias de la ciudad que venían con humor para hablar. -¿Eluc?
    -Si, ¿quienes son ustedes?
    -Guardias del Castillo del Rey. ¿Conoces al herrero?
    -A Baltas?
    -El mismo, ¿eres su amigo?
    -Digamos que si… ¿que sucedió?
    -Lo encontramos en su herrería con un puñal en el pecho, sus materiales no están y varias cosas de su herrería tampoco. ¿Conoces a alguien que no lo quiera mucho?
    -¿¡Baltas!? El tenía que darme mi recompensa demonios.
    -¿Que recompensa?
    -Llevé un martillo a Voic ayer, u hoy ya no lo sé… me dijo que volviera por mi recompensa, maldición.
    -Escúchanos con atención, si sabes lo que sea, lo más mínimo… avisas en el Castillo del Rey.
    -¿En el Castillo? ¿Tan importante era Baltas?
    -Él es sobrino del Rey, bah era… ¿Como crees que un herrero conseguiría un edificio así en una ciudad como esta?
    -¿Pero porqué no era rico? Era un hombre humilde y de trabajo…
    -No compartía el mismo pensamiento que su tío… tampoco el de su padre que fue vasallo de nuestro Rey Tancredo.
    -¡Larga vida al Rey Tancredo! -exclamó el otro guardia-
    -En fin, si sabes algo nos avisas, andando.
    Los guardias se retiraron sin hacer ruido, mientras Eluc quedó un poco sorprendido por toda la conversación y la noticia.
    Yendo a la sucursal de finanzas Goliath, se cruzó con algunos luchadores que entrenaban en el edificio de maniquíes, nada fuera de lo normal, los guardias caminaban pensativos y son sus armas quietas en sus fundas sin causar ningún tipo de revoloteo. Caminando hacia la puerta sur, el mercader que había viajado con él apareció.
    -¡Ey tu! ¿Te acuerdas de mi? ¿Vienes a Nix?
    -¿Nix? ¿Donde es eso?
    -Pasando Ullathorpe varios árboles…
    -¿Crees que haya algo interesante ahí?
    -¿Sabes vender pescado? Haha es broma, vamos a fuerte galope tu y yo... no quiero ir solo hasta allí...
    -¿Tu caballo soportará a los dos?
    -Pero claro hombre, este caballo ha sido comprado con varios esclavos, el más fuerte del distrito.
    -Como digas.

    El mercader y Eluc partieron hacia Nix galopando como el viento, algunos lobos corrían pero desistían en el intento de atrapar al caballo, en verdad era veloz.
    Sin sobresaltos y habiendo pasado el cartel que indica Ullathorpe-Nix-Minas el mercader señaló a su derecha y avisó a Eluc que estaban frente a la mansión de Nix, que nunca más fue vendida a nadie por su alto valor en oro.
    Apenas entraron en la ciudad Eluc pidió al mercader que lo deje caminar la ciudad tranquilo, que se volverían a ver en el muelle en algunas horas.
    Caminando y observando a los lugares de la ciudad, se llevó una grata sorpresa al ver que la ciudad tenía buenas defensas en cuanto a hombres, un muelle funcional en su totalidad, mercaderes y bellas mujeres.
    Pasando el muelle casi antes de entrar en las catacumbas de Nix (que conectan esta ciudad con Ullathorpe) un muchacho con una capa en su cabeza y algo de sorpresa preguntó a Eluc si tenía algo de dinero para ayudarle.

    -No tengo con que ayudaros disculpe.
    -¿Y no quieres comprar nada? Quizá quieras ver que tengo para ofrecer…
    -Podría ser...
    -Sígueme -avisó el sujeto-

    Caminaron hacia el este bordeando la muralla y de un árbol sacó un bolsón con algunos objetos. Martillos, dos hachas, lingotes y dos escudos. Definitivamente llamó la atención de Eluc.
    Sin mostrar interés ni levantar sospechas avisó que no deseaba comprar nada y que iría a comprar algunos peces para comer. El hombre algo enfadado cerró el bolsón, lo cargó y se dirigió donde estaba cerca de la entrada a las catacumbas.
    Eluc un tanto nervioso fue hasta el muelle donde podría estar el mercader negociando y así era.

    -¡Peeeez espada, peeeeez espada, una eterna tradición, si quieres darte una panzada, prueba los de esta región!
    -Ey tu, maldición ni tu nombre sé ven aquí -Dijo Eluc un tanto nervioso-
    -¿Que quieres muchacho? Alejas mis clientes…

    -Creo que encontré al asesino de Baltas.
    ! La bendición.

    ! La bendición
    **El mercader quedó boquiabierto, de inmediato exclamó.
    _-¿Donde lo has visto?
    -Aquí cerca de las catacumbas, tenía muchas cosas de herrero y me pareció bastante sospechoso…
    -¡Vamos a buscarlo, quizá este ahí aún!
    **Se dirigieron a buscar al sospechoso y ahí estaba, a un costado de un árbol cerca de las catacumbas.
    -¡Ey tu! ¡Maldito asesino, tu mataste a Baltas! -exclamó Eluc-
    Con ojos de miedo y un poco temblando dijo.
    _-¡N-no yo sólo tengo estas cosas, yo no he matado a nadie!
    -¡Mentiras y mas mentiras! Vas a venir con nosotros, avisaremos a los guardias. -dijo el mercader-
    -No he matado a nadie en mi vida, lo juro! Fu- fue el herrero de aquí, no sé ni su nombre…
    -¿Que dices? ¿El herrero?
    -Si, él lo mató... ¡PERO NO DIGAN QUE YO LES DIJE POR FAVOR O ME CORTARAN LA CABEZA!
    -¿Porque querría él matar a un herrero en Banderbill?
    -¿Acaso crees que aquí en Nix se trabaja tanto como allí? ¡Aquí el herrero se moría de hambre... él sólo quería ocupar el edificio de herrería en la ciudad del Rey y ser el herrero del mismo!
    Tenía razón, él no había sido.
    _-Ey, y tu como te llamas? -dijo Eluc al mercader-
    -Noys, ¿de verdad no sabías mi nombre?
    -De verdad, bien, quédate con este muchacho, iré a buscar a los guardias y me dirigiré al herrero.
    Noys asintió con la cabeza y Eluc fué a la iglesia donde había dos guardias en la puerta.
    _-Caballeros, ¿están enterados del asesinato en Banderbill?
    -Así es muchacho, ¿tu como sabes?
    -Baltas era "amigo" mio, y he encontrado a su asesino.
    Los guardias se miraron entre sí y preguntaron.
    _-¿Estas seguro que lo sabes?
    -Si, y tengo mis fundamentos, un pillo de aquí cerca me lo contó, el herrero de aquí de Nix lo asesinó para ocupar su lugar en Banderbill…
    Los guardias y Eluc fueron hasta la herrería, mientras el herrero adentro trabajaba.
    _-¡Ey tu! ¡Asesinaste a Baltas! ¡Dinos la verdad! -dijo un guardia-
    -¿¡Que yo que!?
    _-Si, me lo contó el muchacho al que le diste esas hachas, los lingotes y demás materiales de herrería… ¿Así que querías ocupar el lugar de Baltas ahí en Banderbill eh?
    _-Están equivocados señores, no sé de que hablan y no conozco ningún Baltas.
    -El guardia se acercó con su espada en la mano y la colocó en el cuello del herrero, haciendo una última pregunta.
    _-¡Dime la verdad si no quieres que te saque la cabeza de cuajo!
    -Ahhh no me mates, está bien esta bien, fui yo pero él se lo merecía!
    -¿Por qué se lo merecía maldito? -dijo Eluc mientras le dio un golpe de puño-
    -¡Agg, el tenía el lugar perfecto, trabajaba para el Rey y yo aquí haciendo dagas para los ladrones de los bosques, maldita sea!
    -¡Basta de charla, te llevaremos a Banderbill y pasarás el resto de tu vida en una celda mugrosa!
    **Los guardias encadenaron al asesino y lo subieron a una carreta con cinco guardias más. Un clérigo de la iglesia de Nix se sumó. Noys se quedó en Nix para seguir con la venta de Pez Espada, mientras que Eluc subía a la carreta para ir hasta Banderbill.
    Sin problema alguno y a una velocidad record llegaron a Banderbill. La puerta levadiza bajó y la carreta se adentró. Fueron hasta el Castillo del Rey.
    Eluc se bajó y preguntó por los dos guardias que habían ido a verlo en el Mesón Hostigado, de inmediato llegaron.
    -Caballeros, he traído al asesino de Baltas.
    **Atónitos miraron a la carreta y vieron un hombre encadenado con guardias a sus costados.
    -¿Como sabes que es él?
    -El mismo lo confesó, envidiaba el lugar y el trabajo de Baltas.
    -Lo pagará caro.
    Los guardias entraron sin hacer ruido y salieron con un hombre viejo de gran porte y armadura reluciente, su capa con un águila en la espalda brillaba como el mar y su barba estaba tan cuidada como los jardines de su ciudad. Sin dudas era Tancredo el Rey de Banderbill.
    -Los guardias se agacharon con máximo respeto mientras el Rey llegaba, miró a Eluc con una sonrisa tímida y se acercó a la carreta.
    -Entonces fuiste tu…
    -S-señor lo sien- -La espada de plata del Rey se incrustó en el pecho del herrero, acto seguido la dio para que la limpie a un guardia agachado-
    Eluc, el clérigo y los guardias se quedaron inmóviles.
    -Perdone usted monje, no quería hacer esto frente a usted pero este hombre asesinó a mi sobrino y no iba a perdonarle la vida. -dijo el Rey-
    El clérigo asintió con la cabeza mientras recitaba algunas palabras en voz baja.
    Eluc se bajó y la carreta con algunos guardias y el cuerpo del herrero asesino siguieron camino hasta perderse detrás del Castillo.
    -¿Tu encontraste a este hombre? -dijo Tancredo-
    -Así es mi señor, conocí a Baltas hace poco tiempo y era un buen hombre.
    -Lo sé, lo sé… tendrás noticias mías pronto muchacho, que los Dioses te sonrían e iluminen tu camino.
    Eluc quedó perplejo luego de recibir la bendición de un Rey, los guardias lo miraron con un poco de envidia sana pero no más que eso.
    Los soldados que custodiaban el castillo se dispersaron en poco tiempo, dejando a Eluc sólo a un costado del mismo.
    No tardó en llegar la noche, y este muchacho decidió ir a la posada a descansar un poco, conocer al Rey lo había dejado en el aire.

    **
    __
    __
    _____****
    **Cita con el Rey

    ! Cita con el Rey
    A la mañana siguiente en la ciudad de Banderbill llovía fuertemente sin cesar, Eluc se vistió y fumó un poco de su pipa, luego salió a caminar por la ciudad. Conoció el negocio de magia donde un mago alto y con una gran y delicada barba conjuraba en silencio mientras el mercader vendía algunos hechizos a los transeúntes.
    Caminó y visitó el taller del alquimista, una bella mujer con aires oscuros mezclaba líquidos y vertía su contenido en una gran cacerola, al ver a Eluc que merodeaba por ahí preguntó.

    -¿Deseas algo en especial muchacho?
    -Oh no no, sólo estoy recorriendo la ciudad.

    La mañana pasó volando y la lluvia no terminaba de caer, caminando hacia el norte encontró el edificio de entrenamientos que desde la posada miraba a través de su ventana. Los pequeños aprendían a golpear con espadas de práctica a muñecos de entrenamiento, mientras algunos otros practicaban tiro al blanco.
    A Eluc llamó a su atención el invocador que con sólo algunas palabras invocaba lobos, goblins, serpientes y hasta escorpiones.

    -Disculpe caballero, ¿como es que invoca estas criaturas?
    -Oh no puedo decírtelo muchacho, pero si quieres luchar con alguna de ellas sólo debes pedírmelo.
    -Entonces que así sea, quiero luchar con un lobo.
    -¡Excelente!

    Dijo unas cortas palabras y el lobo temible apareció desde una nube, Eluc sin dudarlo lanzó un golpe con su espada que decapitó al lobo en un instante, acto seguido el cuerpo del mismo desapareció.
    -Vaya vaya, tenemos un gran luchador por aquí, ¿como te llamas?
    -Soy Eluc, hace poco tiempo que llegué a la ciudad, ¿como es tu nombre?
    -Bral el invocador me dicen algunos, pero sólo llámame Bral. ¿Y dime que haces por estas tierras?
    -Llegué en una barcaza al puerto de Banderbill hace algunos días, vine en busca de algunos trabajos y trato de poder asentarme aquí cerca.
    -Oh, es difícil asentarse aquí, deberías hacer favores al Rey o alguno de sus súbditos. No suelen otorgar viviendas a los forasteros.
    -Conocí al Rey ayer, fuí quien encontró al asesino de su sobrino.

    -¿¡Fuiste tu el que lo encontró!? Hubiéramos empezado por ahí muchacho, ya tienes un pié adentro, no todos los días encuentras un asesino de tal importancia, verás… como recomendación aléjate de la alquimista, no es una buena persona. Sólo está aquí porque hace buenas pociones, sólo por eso.
    -Bien, lo tendré en cuenta, ¿algo más que puedas decirme a cerca de este lugar?
    -Mmmm no, creo que nada más por ahora, los guardias son fieles, los sacerdotes tambien… mmmm... en magia está Vlus Nâsic, lo conocerás por su larga barba. Es un anciano que no dudará en ayudar a quien lo necesite y tiene tantos conocimientos como el que más. Es quien escribe los hechizos de Apocalipsis y Descarga Eléctrica... ¿o acaso crees que se hacen solos?
    -Vaya.. no sabía eso. Excelente información Bral, aunque debo dejarte pues no quiero que pase más tiempo sin conocer este bonito lugar.
    -¡Que así sea muchacho y felicitaciones por el logro! -guiña su ojo-
    Eluc salió del edificio de entrenamientos e invocaciones, cuando un guardia lo interceptó.
    -Caballero, el Rey quiere veros.
    -Oh, de inmediato.
    -¿Irás con esas pintas? Como sea, andando.

    El muchacho no podía creerlo, entrando al Castillo del Rey, una alfombra heráldica enorme que iba desde la entrada hasta el trono real era todo lo que veía. Columnas de mármol y candelabros con velas enormes iluminaban el lugar. Sacerdotes y fanáticos religiosos rondaban por las inmediaciones sin hacer más mínimo ruido.
    Caminó siguiendo la alfombra y llegó hasta una puerta de roble, los guardias que la custodiaban abrieron la puerta y acto seguido la cerraron sin hacer ruido. Un hombre con cabellos rubios y largos estaba sentado sobre una silla de hierro con detalles en plata y oro, su armadura era conocida como su capa… él era el Tancredo, el Rey de Banderbill.
    El muchacho agachándose se apoyó sobre su rodilla derecha y con la mirada al suelo dijo.

    -Mi señor.
    -Eluc, nos hemos vuelto a encontrar. ¡Bienvenido seas al Castillo Noy de Tancredo de Banderbill, mis bendiciones caigan sobre ti y que la luz os acompañe!

    ! Castillos y Vasallos

    ! Castillos y Vasallos
    ! Eluc no podía creer lo que sucedía, un Rey dándole sus bendiciones era más de lo que podía esperar.
    -Muchacho, te he citado porque creo que eres el indicado para esta clase de aventuras… o trabajo, dile como gustes. Namëan, vasallo de quien te habla, busca hombres fuertes y fornidos que estén dispuesto a todo (Mientras esté dentro de la ley). Su castillo ubicado al este del mio en las afueras de Banderbill es el lugar de encuentro. Podrás ir hasta allá y deciros que os he enviado, te dejarán entrar sin preguntar. Su castillo crece día a día, los aldeanos están felices y contentos... y yo también. Necesita estar listo para atacar la guarida de los ladrones que tanta riqueza nos han robado y dolores de cabeza creado. A pesar de que sus habilidades no son muchas y sus ropas son más bien harapos... saben usar el arco y conocen el bosque como pocos. Esta misión se la he pedido yo personalmente a Narmëan, y personalmente pido que os unáis a su castillo, él preguntó si conocía gente de confianza, y aunque poco tiempo hace que lo conozco, sé que harás un buen trabajo. Al traer frente a mi al asesino de mi sobrino Baltas... has ganado un gran aliado. No pierdas tiempo y dirígete donde os he dicho, el resto de la historia podrá contarla él.
    Sin mucho que decir, Eluc se inclinó ante el Rey nuevamente y sin palabra alguna salió del castillo en dirección al este.
    No pasaron algunos minutos y él ya veía el castillo del vasallo del Rey, se acercó y un guardia desde una torre de la entrada preguntó.

    -¿Necesitas algo forastero?
    -Vine a ver a Narmëan, el Rey Tancredo de Banderbill me ha enviado.
    -¿El Rey? Aléjate un poco muchacho ¡Abran la puerta!

    La puerta levadiza bajó lentamente y acto seguido se adentró. La gente del castillo lo miraba con atención sin perder detalle. Mientras tanto un guardia se acercó y dijo.
    -Caballero, lo acompaño hasta la sala del trono.
    -Que así sea.
    Caminaron y luego de subir una escalera con no muchos escalones los guardias que custodiaban la puerta abrieron la misma y dejaron entrar a Eluc. El salón estaba hecho de piedra, con algunas antorchas en sus paredes que iluminaban los bellos rostros de unas doncellas que había cerca divisó al Rey del Castillo, un elfo de gran contextura a pesar de su raza que con voz amigable dijo.
    -¿Quién eres muchacho?
    -Tancredo de Banderbill me ha enviado mi señor, estoy aquí para ofrecer mi espada.
    -¡Buenas noticias entonces! ¡Bienvenido a mi castillo colega! ¿Tancredo te ha contado algo?
    -Dijo que sería para terminar con los ladrones del bosque que tanto han causado molestias, ¿es así?
    -Lo es, y muchas molestias por cierto. Esos hombres no saben vivir del trabajo y mucho menos de batallas justas. Sólo se dedican a entorpecer las caravanas y asesinar a nuestros aldeanos que nada tienen que ver… en fin... muchos hombres y mujeres han muerto por las flechas de estos trogloditas, y el momento de poner fin a esto ha llegado. Elegí un grupo de treinta mercenarios, algunos fueron granjeros, otros grandes guerreros pero todos tienen el mismo objetivo, servir al Rey. Así que... ¿Que dices?

    -Mi señor, el filo de mi hoja os pertenece.
    -¡Ahhh eso quería escuchar!

    ! Una misión inesperada

    ! Una misión inesperada
    -Colega, ¿puedo llamarte colega? No perdamos más tiempo y recuerda que esta misión por pequeña que sea no será fácil, aunque irás acompañado de grandes personalidades.
    Preséntate como mi mercenario en la armería, te darán lo que necesitarás. ¡Ah! Y no te olvides de volver a verme cuando termines.

    Eluc salió volando de ahí y fue en busca de dicha armería, llegando vio un guardia que preguntó.
    -¿Deseas algo?
    -Vengo como mercenario de Namëan.
    -Excelentes noticias, sígueme y toma lo que necesites.

    Abrió la vieja y pequeña puerta de la armería con una llave bastante inusual, el guardia se adelantó en la oscuridad y encendió una antorcha que había colocada a un lado.
    Gracias al fuego se vieron armas de todo tipo colocadas en las paredes, algunos cascos, armaduras y escudos con insignias del Rey también estaban ahí.

    -¿Puedo tomar lo que deseé?
    -Claro muchacho, ahora somos compañeros.
    -Que así sea entonces.

    De inmediato tomó un escudo redondo con remaches que tenía un águila en el centro. Una espada larga de una mano bastante afilada brilló y llamó la atención de Eluc, que no dudó en tomarla y colocarla en su funda. Un casco completo de varios que había, estaba bastante nuevo y no tenía abolladuras, y por último lo mejor, una armadura pesada de placas que tenía una capa un poco rota en las puntas pero no dejaba pasar por alto un martillo en forma de cruz color dorado.
    Con un escudo fuerte, una espada afilada, un casco prácticamente nuevo y un armadura de ese tipo… su anterior equipo quedó obsoleto. Preguntó si podría dejar sus antiguas cosas ahí para servicio de los demás y el guardia asintió con la cabeza.
    Saliendo de ahí parecía un caballero de la mesa redonda misma, ja. Con una capa azul como la que tenía... era seguro que los mendigos y ladrones se le pegarían como mosca al estiércol.
    Volvió a la sala de Namëan y este lo recibió sorprendido por la vestimenta que había adquirido.

    -Vaya vaya vaya… ¿eres tu? Haha es broma, recuerdo ese equipamiento... era el reglamentario de hace algunos años, aunque aún siguen haciéndolo en Banderbill... bah, o lo hacían... Con Baltas muerto ese equipo es único, no creo que vuelvan a hacerlo.
    Eluc estaba sorprendido por demás, todo lo que tenía lo había hecho el buen Baltas…
    -Wow, me deja atónito mi señor, no sabía que esto lo había hecho él…
    -¡Nadie podría haberlo hecho de mejor manera, ese enano era un genio! ¡Él enseñó a los dioses sobre su arte…! A pesar que me encantaría poder seguir charlando sobre Baltas creo que será mejor que tomes un caballo del establo... es grande y hay caballos fuertes y modestos, ahí estará el resto de tu compañía.
    Eluc, desde este momento estás al servicio del Rey Tancredo de Banderbill y sus vasallos. Narmëan señor del Castillo de Trone os desea una próspera batalla, riqueza y futuro. ¡Por Inmar*!
    Caminando hacia el establo y rebosante de alegría divisó el grupo de hombres que lo acompañaría en este pedido del Rey. Algunos cantaban y otros se alejaban para estar solos, equipados hasta los dientes los soldados esperaban al número treinta para partir.
    Al llegar los soldados avisaron
    -¡El último está aquí!
    Cuando llegó al grupo se acercaron cerca de seis soldados de diferentes razas y con bebidas en las manos gritaron.

    -¡Torve!
    -¡Maldir!
    -¡Oros!
    -¡Nabaril!
    -¡Rurandil!
    -¡Mo Thar!
    -¡Eluc!
    -respondió-
    Notó que había un enano en el grupo, algunos elfos, también humanos y un orco.
    Los demás caballeros saludaron vagamente con la cabeza y sin mediar diálogo alguno fueron en busca de los caballos.
    Había veintidós caballos para los treinta, por lo tanto algunos fueron acompañados. Eluc sin decir palabra se subió a un caballo primero y justo después se subió el orco.

    -¡Yo Oros! ¿Tu Eluc?
    -Yo Eluc, tu Oros, así es.
    -¡Yo gustar mucho oro, comprar cosas bonitas!
    -Haha, a todos nos gusta el oro colega. ¿De ahí el nombre, cierto?
    -¡Tu adivinar hahaha!

    Entre los caballos había uno que sobresalía a la vista, era un corcel con una armadura un poco simple pero armadura al fin, montado iba un hombre mayor que no vestía armadura, sólo un hombre que en pleno galope pronunciaba unas palabras en un idioma que Eluc no conocía.
    Partieron desde el Este de Banderbill hacia el Sur que era la ubicación de los ladrones que debían encontrar.
    En pleno camino cruzando el bosque los treinta caballeros calmaron a los caballos para ir más lento y que hagan menos ruido, pues los bandidos en los bosques no son broma y menos cuando se va tan bien vestido.
    Silbidos y ruidos de pájaros se escuchaban, las ramas sonaban entre la oscuridad y la bruma de la noche, la luna llena alumbraba sin escatimar y los caballos terminaban de adornar la escena con ese sonido tan particular.
    El caballero montado que iba primero hizo una seña con la mano y todos quedaron quietos.

    -La guarida está ahí, ¿pueden verla?
    Estaba lejos pero se veía una entrada con algo de luz gracias a un fuego que había hecho.
    -¿Todos listos?
    -Listos! -dijeron todos en seguidilla y con rapidez-

    ! Espadas y cervezas

    ! Espadas y cerveza
    Cabalgando a gran velocidad los treinta caballeros desenfundaron sus armas y escudos para avanzar sobre la cueva, de inmediato un grito con voz masculina sonó entre los árboles y una lluvia de flechas se avecinó sobre los atacantes.
    Las armaduras y cascos eran fuertes contra las afiladas flechas de los bandidos, algunas no llegaban a traspasar y otras se rompían al contacto con las placas.
    Una segunda lluvia de flechas llegó y dos de los treinta cayeron de sus caballos con algunas heridas no muy graves.
    Entraron en la cueva con lo caballos chocando de frente a los varios hombres que había cerca del fuego, los gritos se oían y las armas chocaban con otras armas, sangre y caballos relinchando, caballeros caídos y ladrones muertos, flechas perdidas que burlaban las armaduras y escudos.
    Eluc estaba en medio del desastre, sus compañeros luchaban sin parar aún defendiéndose de las flechas que venían desde los árboles que rodeaban la cueva. Sin dudar corrió con su escudo de frente y abalanzó contra dos arqueros que estaban con sus arcos, la espada de Eluc atravesó una vez a cada uno y bastó para que caigan muertos en la hierba verde.
    Habían cinco arqueros escondidos más del otro lado de la caverna y viendo como sus colegas casi terminaban de matar a los ladrones que habían dado lucha cerca del fuego bordeó el centro de la batalla y se acercó furioso azotando con su escudo a otro tirador.
    Sin oportunidad el ladrón quiso lanzar una flecha a Eluc con rapidez pero éste ya tenia una espada clavada en su abdomen.
    El muchacho volteó y vio como sus compañeros terminaban de asesinar a los arqueros que quedaban. Los vencedores, la victoria.
    Algunos recogían flechas, virotes y piedras de afilar que tenían los bandidos, mientras Eluc se acercó a los demás y elogió las habilidades de lucha de varios.
    El anciano, que tenía su caballo con armadura se acercó y dijo.

    -La victoria está aquí caballeros.
    Le vitoreo de los combatientes cesó luego de algunos minutos mientras seguían revisando los cadáveres y los caídos. Eluc se adentró en la caverna y notó un pequeño saco con algunas monedas de oro. Sin dudarlo lo tomó con fuerza y lo metió en su bolsa.
    La vuelta al Castillo de Namëan fue tranquila, en orden ingresaron en dirección al salón de su Señor y éste salió a recibirlos con los brazos abiertos y de muy buen humor.

    -¡Ohhhhh esto sólo quiere decir una cosa!
    El anciano se acercó y dijo.
    -Mi señor, estos hombres lucharon como verdaderos guerreros.
    -¡Ya lo creo Mögas! ¡Ya lo creo! Estos ladrones no volverán a molestar a nuestras caravanas… y aquí está su paga.
    Hizo un chasquido con sus dedos y una señora avejentada se acercó con algunas ropas colgadas en sus brazos. Narmëan besó a la señora en la mejilla y tomó las ropas, efectivamente eran tabardos heráldicos. Se acercó y uno por uno fue entregado en mano a los combatientes. No todos eran iguales, algunos tenían dragones azules con fondo blanco y otros dragones dorados con fondos azules. Ninguno tenía más jerarquía ni mucho menos, sólo eran diseños diferentes.
    Eluc recibió uno con el dragón dorado y luego de ver como los demás recibían estos tabardos dijo.
    -Mi señor, esto es más de lo que puedo esperar.
    -¡Eluc! A parte de quedaros con lo que tomaron en la armería… ¡Esto no es nada! Daremos un banquete en el Mesón Hostigado.

    Risas y festejos se oían mientras algunos se dispersaban, Eluc volvió a dar las gracias y se dirigió a Banderbill, en dirección al banquete.
    La gente comenzó a llegar y nuestro muchacho ya había dejado su armadura y demás guardadas bajo llave, sólo llevaba un cuchillo afilado, pues nunca sabes cuando debes defenderte.
    Algunos guerrero que lucharon el él comenzaron a llegar, se sentaban, cantaban y disfrutaban de bebida gratis. Narmëan se hizo presente y festejaron durante horas, el cantinero atendía a los caballeros a mas no poder, casi haciendo más de lo que podía.
    Luego de varias cervezas y aguamiel, se sentaron todos en ronda con Narmëan incluido y comenzaron a presentarse cada uno y explicar de donde venía o que buscaba aquí.

    ! Relatos

    ! Relatos
    Contaban historias de familia, traiciones y riquezas, alianzas y batallas… pero todos aún así reían y bebían.
    Mientras la ronda seguía fue el turno de Torve, un humano de armas de contextura bastante grande que iba vestido con una camisa marrón, como su largo pelo. Este hombre de unos treinta y séis años terminó contando algo sobre su familia.

    -Eramos cuatro hermanos, vivíamos en una granja con mi padre y madre cerca de Ullathorpe, al sur-este para ser preciso. Allí vivimos gran cantidad de tiempo hasta que nuestros padres se volvieron viejos… y escaparon. Así es, huyeron por lo viejos que eran... siempre supimos que de alguna manera pasaría... no tenían planes de morir en una granja, quizá aún vivan de la naturaleza en algún lugar. Eran dos seres tan joviales...
    Con mis tres hermanos luego de la ida de nuestros padres comenzamos a buscar un camino que recorrer, algunos teníamos algunas monedas de oro guardadas para este momento, y así fue. Mi hermano mayor Neor se dedicó a la religión, es un sacerdote conocido al sur de estas tierras, tiene una iglesia en Nix aunque no siempre está ahí, a veces viaja por las catacumbas y bendice sus paredes con dos clérigos de la región...
    Narmëan interrumpe la narración y exclama.

    -¡Perdona Torve pero no puedo resistirme! ¿Conocen la historia de las catacumbas? ¿Saben porque las bendicen?
    -Los soldados, incluido quien estaba contando, negaron con la cabeza y escucharon atentamente.
    -Ohhh les contaré… Hace muchos años cuando en mis tierras había elfos debajo de cada árbol, una batalla se libró en la ciudad de Nix, o como le llamamos algunos "El Diamante de Sur". Todo comenzó cuando Tancredo II -padre de nuestro actual Rey- subió a su caballo para visitar su ciudad de nacimiento luego de varios años de no volverla a ver. En la casa número dos de Nix se dice que vivió el mismísimo Rey Tancredo en su niñez, es la casa única casa mantenida por las arcas del castillo... ups, eso no iba al caso pero en fin como iba contando... Cuando la ciudad entera supo que iría el señor de las tierras, arreglaron y dejaron la ciudad tan bella como hace años, la gente sonreía y los niños jugaban en la hierba verde que rodeaba la iglesia.
    Algunos dijeron que el Demonio tenía algunos espías y que la visita de Tancredo tendría problemas desde un principio, aunque no sé si tenían informantes o no, el rey llevó consigo un enorme grupo de hombres montados -incluyéndome- con caballos hermosos y bien cuidados, con sus pelos cepillados y limpios.
    Nuestras armaduras relucían con el sol, los ciudadanos veían nuestros cascos y capas heráldicas y se inundaban de emoción gritando. Cuando el Rey entró en la ciudad todos se inclinaron y luego se acercaban tímidamente para dejarle una flor en su caballo, una costumbre de por aquí verán...
    Mientas Tancredo y sus hombres paseaban cerca del muelle las campanas de invasión sonaron y soldados en su mayoría montados atacaban las puertas de la ciudad asesinando a la vaga guardia que había en las puertas, mientras se adentraban con velocidad y furia.
    Se podían oír las catapultas que arrasaban con las murallas, todo era un desastre, aunque al Demonio se le olvidó algo... mientras seguíamos el camino de Banderbill para llegar hasta Nix, antes de llegar, cerca de trescientos Heraldos* galopaban a gran velocidad desde las catacumbas de Ullathorpe a Nix para reforzar en caso de haber problemas, y así fue.
    La batalla se libró primeramente en el campo que está a un costado de la iglesia, las espadas y escudos resonaban y los ciudadanos corrían a las afueras de la ciudad mientras algunos se armaban y luchaban con nuestro rey.
    Tancredo estaba cerca del muelle con su élite, cuando la batalla llegó al sur de la ciudad arremetimos con todo lo que teníamos, nuestros soldados eran los mejores pero no todo siempre sale bien... una flecha se incrustó en el pecho del rey y quedamos perplejos. Ese momento duró muchos segundos, y ver caer a mi rey de su caballo fue terrible... aunque tuvo suerte de que un elfo actúe tan rápidamente y lo quite de batalla con rapidez.
    Así fue, lo subí a mi caballo y montamos al grito de "¡El Rey está herido!", que sirvió para que los heraldos hagan paso y luego suban a la superficie a luchar.
    Llegamos hasta Ullathorpe a gran velocidad la gente se corría y miraba con precaución, lo llevé de inmediato con el sacerdote y luego de algunas horas volvió a estar consciente gracias a una infusión de hierbas.
    Es por eso que hoy se sigue acostumbrando bendecir las paredes de las catacumbas cada ciertos años, pues fueron necesarias para el rey, su vida y la de su imperio.

    Luego de que Narmëan contase la historia ya nadie quería hablar, habían oído un buen relato y estaban listos para ir a dormir un poco ebrios. La ronda se extendió algunos minutos más pero pronto todos volvieron a sus lugares. Antes de irse Narmëan avisó.
    -¡A la noche los quiero en mi castillo caballeros! ¡Por Inmar!
    ! *Heraldos: Grupo de soldados campeones.

    ! No dejaremos a nadie
    ! No dejaremos a nadie
    ! La hora llegó pronto, la luna alumbraba desde lejos y las nubes viajaban rápidamente por el viento. Era una bonita noche con un clima agradable. Saliendo de la taberna, Eluc fue en busca de sus cosas para luego salir de la ciudad y dirigirse al castillo de Narmëan. Con su armadura puesta, pidió un caballo al establo que se lo otorgaron sin preguntar, cerca de veinte minutos después a pleno galope Eluc había llegado al castillo.
    Los guardias vieron sus vestiduras y dejaron entrar sin problemas, la puerta levadiza bajó e ingresó sin más.
    Dejó su caballo en el espacioso establo del castillo y pidió hablar con Narmëan a los guardias de la sala.
    Le dejaron entrar y estaban varios soldados con los que había compartido batalla y algunas copas, y podía notarse de lejos las caras que no traían nada bueno.

    -Eluc siéntate donde puedas, estoy explicando la misión.
    Se sentó tímidamente en una esquina mientras veía como todos prestaban su máximo atención.
    -¿Quienes de ustedes conocen el calabozo de Marabel?
    Levantó la mano uno de los caballeros.
    -¿Nadie más? Bien. La misión es simple, Tancredo pidió que mantengamos bajo el número de Ogros que rondan por los bosques de Marabel, están caminando más de lo debido y están llegando al camino. Una patrulla de soldados dijo que vio tres de ellos "jugando" con algunos lobos. ¿Habían luchado con Ogros antes?
    Los caballeros movieron sus cabezas de lado a lado como respuesta.
    -Bien, aunque sean grandes no deben temer, son torpes como perros, y estúpidos como… como... no sé, bien, pero debo decirles una cosa, tienen una fuerza muy superior a la vuestra. Nunca están solos, así que si ven uno rondando no se fíen, otros pueden estar cerca. Tú que sabes donde queda los guiarás -dijo a un caballero-, una vez en los bosques cuídense unos a los otros. ¡Buena suerte caballeros, y quiero una cabeza de Ogro por cada uno de ustedes hahaha!
    Se juntaron en la puerta de salida del castillo, una vez ahí quién sabía el camino dijo.
    -Mi nombre es Aganon compañeros, los guiaré hasta el lugar, una vez ahí sólo podre guiarlos para volver.
    Este hombre dio vuelta con su caballo y con una señal pidió que lo sigan.
    Algunos bosques luego los árboles habían cambiado su color, eran un poco más claros y las hojas eran más amarillas en su totalidad. Algunas tortugas gigantes veían el avanzar de los caballeros pero sin prestarle atención seguían comiendo hierbas.
    No pasó mucho tiempo hasta que llegaron a los bosques lindantes al calabozo de Marabel, juntos y firmes cambiaron rumbo en dirección a la puerta de entrada, aunque algo los detuvo.

    -¡Alto! ¡Enemigos!
    Cuatro ogros dieron vuelta y miraron a los caballeros, corriendo con garrotes en las manos llegaron y la batalla se libró.
    El primero se abalanzó y fue encerrado rápidamente por lo caballeros que le dieron muerte de inmediato, al instante llegó el segundo que lanzó un fuerte golpe e hirió al caballo de Eluc, que cayó rodando al suelo.
    Los demás caballeros atacaron al ogro pero este era uno duro y con un movimiento se quitó todos de encima. Mientras los caballeros volaban por el aire y sus equipos con ellos, los últimos dos llegaron y con un golpe en conjunto mataron a uno de los soldados que quedó desmembrado junto a un árbol yaciendo.
    El Ogro que era duro fue embestido por la espada de Eluc justo en el pecho, pero éste seguía en pié aunque un mar de sangre salía de su pecho.
    El resto de los caballeros decidieron atacar juntos de nuevo para no fallar y el ogro cayó con un brazo menos mientras gritaba desde sus adentros.
    Los últimos dos que quedaban al ver que los otros dos de ellos habían caído agarraron de un brazo a Torve y lo llevaron hacia adentro del lugar a la fuerza, los gritos del soldado se oyeron no por mucho hasta que los ogros y su compañero se perdieron en la oscuridad.
    Una baja y un raptado no era lo que esperaban, el soldado que cayó le faltaba parte de su cuerpo y quedó en el árbol apoyado, pues no podían perder tiempo… tenian que buscar a Torve.
    -Compañeros, no podemos dejarlo ahí, tenemos que ir a por él.
    -Sin duda Eluc, ¿quien está con nosotros?

    Todos los caballeros quedaron de acuerdo en ir a buscar al compañero desaparecido, aún seguía de noche y la visibilidad no era la mejor, tenían que entrar al calabozo.
    ! Calabozos y Dragones

    !
    Calabozos y Dragones
    ! Dejaron sus caballos afuera y decidieron entrar en bloque. Con sus escudos en la defensa sus espadas amenazaba muerte mientras las empuñaban con fuerza. El frío era devastador, las respiraciones tomaban color en el aire como si fuera humo. No había mucha luz aunque cada algunos pasos había una antorcha encendida, y el olor del lugar era asqueroso como el del excremento.
    Con la formación en bloque llegaron hasta un pasillo más angosto, que obligaba al grupo hacer tres filas.
    La mirada atenta de los caballeros era inquebrantable, prestando atención a cada detalle y ruido del lugar oyeron gritos… parecía Torve.

    Apuraron el paso dirección al norte y sin mirar, Maldir pisó sobre una baldosa falsa que automáticamente se corrió y lo dejó caer sobre un pozo con pinches, que lo dejaron atravesado por completo. El cuerpo sin vida yacía y sus compañeros gritaron.
    -¡Maldir! ¡Maldicióooon!
    -No podemos parar aquí muchachos, no es seguro. Miren donde pisan y procuren conservar sus vidas, con Maldir ya no podemos hacer nada…
    -dijo Rurandil-
    Siguieron en la misma dirección pero con el paso lento, cuando de repente dos Ogros sale de una puerta en un pasillo transversal.

    La batalla comenzó sin más, pues no había escapatoria alguna. Aunque el lugar no ayudaba por su corto espacio, los Ogros tampoco tenían mucha suerte por la baja altura del lugar.
    El primero en atacar fue Oros, el orco, que con su hacha doble cortó por completo la cabeza del primero haciendo un mar de sangre.
    Riendo y enceguecido por el hambre de lucha se acercó al otro Ogro y con fuerza cortó el abdomen de la criatura.
    Éste respondió con un garrotazo desde la izquierda que hizo golpear a Oros contra un costado. Mo Thar, el enano del grupo equipado con un hacha de mano lanzó e incrustó su arma en medio del pecho de su objetivo haciendo que éste caiga y el sonido retumbe en todo el lugar, levantando tanto polvo como una carreta en movimiento.
    Los soldados se miraron y cuando todo parecía estar calmo Nabaril dijo.

    -Haha, no sabía que teníamos a un luchador como tu en el grupo, Oros. Veo que tienes una gran fuerza.
    -¡Oros gustar luchar, ¡CRACK! ¡cabeza!.
    El grupo rió a carcajadas. Antes de seguir camino Mo Thar preguntó.
    -¿Y ahora donde quieren ir humanos?
    Nabaril y Rurandil se miraron y rieron vagamente, pues ellos son Elfos.
    -¿Que dicen de ir por aquí? -Dijo uno de los caballeros que conocían apenas, pues no todos tenían un diálogo fluido entre sí-
    -¿Por la puerta? -dijo Eluc-
    -Así es, de ahí salieron esos dos.

    Uno que estaba detrás de todo dijo.
    -¿No era nuestra misión matar algunos Ogros y volver a la ciudad?
    -¿Quieres volver? -dijo Eluc-
    -Demonios… si. Nadie dijo nada de buscar a un raptado, ¡quizá él no lo haría por nosotros!

    Los caballeros se miraron.
    -¡Los que quieran ir a buscar a Torve, siganme! El que no quiera conoce el camino de vuelta. -dijo Rurandil- y comenzó a caminar en dirección a la puerta.
    Los demás lo siguieron vagamente, hasta que dos del grupo se decidieron en volver.
    Al cruzar la puerta había otro pasillo bastante largo aunque más angosto aún, con lugar para dos filas de hombres. Increíblemente desde lejos se ve correr a gran velocidad a una persona en dirección a los caballeros, efectivamente era Torve.

    -¡Cooooooooorrrrrraaaaann!
    Detrás de él venía un dragón rojo pequeño, que con llamaradas desde su boca quemaban los talones del soldado que corría.
    Torve chocó a los caballeros y volvió a gritar.
    -¡Corran! ¡Corran!
    Dieron media vuelta y comenzaron a correr en dirección a la salida, entre todos se chocaban y algunos incluso caían en el camino pero rápidamente volvían a levantarse.
    Cuando el dragón estaba prácticamente cerca, de un costado aparecen cinco ogros que al ver al dragón y luego a los soldados arremeten contra la criatura milenaria y comienza una batalla épica. Los caballeros no pararon un segundo y aprovecharon la distracción para llegar hasta afuera.
    Una vez ahí nadie habló e intentaron perderse en el bosque ubicado al este de la entrada.
    Torve estaba muy agitado y asustado por demás.

    -Muchachos… ogros... muchos ogros... logré pasar entre los barrotes de la jaula y comencé a correr, no podía hacer otra cosa, iba a ser estofado.
    El grupo saludó a Torve con gran alegría y se dirigieron en dirección al castillo de Narmëan para avisar como les había ido.
    El señor del castillo salió a recibirlos desde la sala y antes que los muchachos pudiesen decir palabra dijo.

    -¡Lo sabía! ¡Ustedes son fuertes! ¡Lo son!
    Los caballeros posaban sus miradas los unos en los otros y reian.
    -Adelante guerreros quiero que me cuenten todo.
    Todo el grupo entró cansado a la sala y tomó asiento. Torve contó primero todo lo que sucedió mientras los demás escuchaban atentamente y bebían algo.
    ! ¡Sorpresa!
    !
    ! ¡Sorpresa!
    ! Luego de algunas copas y ya finalizado el encuentro partieron cada uno sin decir nada, algunos se fueron a la posada, otros simplemente fueron de compras, y algunos optaron por la pesca en el muelle.
    Narmëan avisó que podrían ir donde quisieran, en caso de necesitarlos el los enviaría a buscar. Necesitan un descanso luego de todo lo que sucedió en el calabozo de Marabel.
    Eluc decidió ir al muelle quizá a refrescarse un poco, pero antes de llegar cuatro hombres salieron de un callejón y sin mediar palabra lo atraparon y llevaron con los ojos tapados en alguna dirección de la ciudad. Lo golpearon un poco y lo metieron dentro de un bolso, Eluc no sabía ni entendía el porque pero estaba un poco asustado pues no tenía como defenderse ni salir de la situación, luego de unos momentos un golpe fortísimo en la cabeza lo dejó inconsciente.
    No sabía cuanto tiempo había pasado pero despertó en un cuarto bastante descuidado, un perro atado a la única puerta de salida lo miraba con atención y enseñando los dientes.
    Sus manos estaban atadas y aún tenía algo de dolor por los golpes, mayormente por el que recibió en su cabeza. La habitación no tenía ventanas pero entraban algunos rayos de luz entre agujeros en la pared y la puerta, quiso forzar su atadura pero no había caso.
    Pasaron algunas horas hasta que entró un bandido bastante sucio y con los dientes podridos en la habitación, acarició al perro y este movía la cola de alegría. Se paró en frente de Eluc y dijo escupiendo.

    -Amigo… vas a morir aquí ¿lo sabes?
    -¿Quien eres? ¿Que hago aquí maldito?
    -Oh, creo que deberías calmarte si no quieres perder cada una de tus uñas.

    Eluc cerró su boca.
    -Verás, tu le has dado muerte a un gran amigo de un cliente mio… ¿recuerdas el herrero de Nix? Resulta que era amigo de Bolok...
    -¿Bolok? ¡No conozco a ningún Bolok!

    -Oh pues ya lo conocerás… estará encantado de saber que estás aquí hahaha...
    Pasaron algunas horas más y Eluc seguía sentado con el perro de guardia. El bandido entró dos o tres veces más durante este tiempo y revisó que todo esté bien.
    El galopar de un caballo se escuchó hasta que éste se quedó quieto, un hombre hizo ruido al bajar y saludó levantando la voz al bandido que estaba fuera. El miserable y oloroso ser entró y rió, cuando la puerta se cerraba la abrió otro caballero vestido con una gran armadura y un largo pelo dorado.

    -¿Es este? -dijo el caballero-
    -Oh si si lo es, aquí lo tiene listo para lo que necesite… ahora le pediré que me pague si no es molestia.

    El caballero sacó una bolsa con varias monedas de oro de las que sólo dio diez al "empleado".
    -¡Diez monedas! ¡Jujuju! ¿puedo retirarme? ¡Si necesita algo más me avisa mi señor!
    El hombre se fue y quedó el caballero.
    -Así que fuiste tu…
    -¿Que he hecho? ¡Maldición!

    El caballero con su puño golpeó a Eluc en la cara varias veces.
    -¿Nunca pensaste que enviar a la muerte al herrero podría perjudicar a alguien, no?
    -Sólo hice lo que debía… el mandó a matar a Baltas...
    -¿Y acaso no pensaste que el herrero podría ser de gran ayuda para alguien más? Ese herrero debía conseguir su negocio en Banderbill para poder ejecutar la última parte de mi plan...
    -¿Plan? ¿De que hablas?

    -Asesinar a Tancredo, puaj… él no debería ser Rey. Yo señor del castillo de Thyran tendré el poder en cuanto terminemos con ese viejo. Y tu... que podría hacer contigo... ¿sabes minar?
    -¿Que?
    -Si sabes minar… pues lo harás hasta que mueras... matarte sería demasiado fácil muchacho y creo que más mineros podrían serme de gran ayuda.

    El caballero salió de la habitación y llamó a cuatro hombres, los mismos desataron a Eluc y lo vendaron para luego llevarlo en carreta hasta llegar a las minas de Dork, Eluc iba con más de seis hombres armados y la carreta iba más bien lento.
    Al llegar, cerca de una veintena de hombres con rostros pálidos y tristes picaban los yacimientos de hierro. Un bandido de la carreta se acercó y le entregó un pico de minería a Eluc.

    -Con esto minas, lo que juntas lo dejas ahí y si te escapas te encontramos y matamos.
    Las minas estaban aseguradas en la entrada por cinco hombres, dos de ellos con ballestas. Los esclavos estaban sudorosos y algunos caían sin fuerzas al suelo. Había enanos, elfos y también humanos, algunos de ellos eran mujeres.
    ! Las catacumbas
    !
    Entre minas y mineros
    Algunas horas después en plena minería, un niño comenzó a llorar y de inmediato puso de los pelos al guardia que deambulaba a lo largo del lugar.
    -¡Que cierre la boca! -gritó el hombre armado-
    El niño solo seguía gritando y llorando.
    -¡Si no lo callan lo haré yo!
    Caminando fuerte se dirigió hasta el niño y lo tomó de un brazo arrastrándolo al fondo de la mina, doblando en una bifurcación de la misma.
    La gente que minaba incluido Eluc miraron con temor y siguieron minando sin dejar lugar al cansancio.
    Las horas pasaban y nadie parecía ofrecerles algo de beber o quizá una manzana que pudiesen comer, en un instante un hombre minando se le acerca de a poco y le susurra.

    -Ey pssst, pareces fuerte quieres escapar? Somos tres contigo.
    El guardia pasó caminando y mirando a todos y a cada uno siguió su camino hasta la entrada a la mina.
    -¿Escapar? ¿Como quieres hacerlo?
    -Armarnos y correr al fondo de la mina, debe haber una salida ahí.
    -¿Y los hombres de armas? ¡Nos triplican en número!

    El guardia volvió y sin más caminó con su cara enfurecida hasta el otro extremo del lugar. Eluc y el otro hombre disimularon y nada pareció notarse.
    -¿Sabes pelear? Con nosotros no tendrás problema… y con suerte puedas conseguir algo de dinero. Me llamo Dango.
    -Eluc... bien, lo que sea. ¿Quién es el otro? ¿Que hacemos?

    Dango miró hacia su derecha e hizo un gesto a un hombre que estaba minando cerca de ahí, a unos veinte pasos. El compañero de Eluc miraba al guardia y lo medía sin disimulo, cuando éste pasó caminando Dango tiró el pico de minar a un lado y atrapó al guardia tirándolo a un lado y rompiéndole el cuello. Los demás mineros no entendían la situación, aunque todos estaban atentos. Tomó la espada del muerto y su escudo, mientras que los ballesteros de la puerta no tenían como ver lo sucedido.
    -Eluc, el próximo es tuyo. -giró y observó al otro compañero- ¡Fango apúrate!
    -¿Fango? -dijo Eluc mientras dejaba esbozar una pequeña sonrisa-
    -Hermano él es Eluc y Eluc es Fango.
    -No perdamos más tiempo, al fondo de la mina. -dijo Eluc-
    Corrieron hasta la bifurcación, los mineros viejos y las mujeres miraban a estos tres hombres correr luego de desnucar a un guardia… con pocas esperanzas. Estos seguían minando sin más.
    Al llegar a la esquina minuciosamente, una mesa y una silla podían verse; seguramente había alguien de guardia.
    Se acercaron y a un costado de la mesa estaba un hombre agachado de espalda revolviendo los bolsillos de un cadáver.
    Dango una vez más aproximó sin ruido alguno y rompió el cuello de la misma manera que al anterior.
    El hombre tenía una espada corta y nada más de valor encima, ésta fue a manos de Eluc.

    -Ey, quieres cambiar? Me sientan mejor las armas de una mano…
    -¿Me das tu escudo y espada?
    -Claro, ¡si así lo prefieres!

    El único que no tenía con que defenderse era Fango, pues de encontrar otra arma sería sin duda para él.
    Encima de la mesa no había más que una vela encendida y el cadáver estaba prácticamente vaciado.
    El hermano de Dango fue el primero en seguir el camino, pues sólo había un lugar por donde ir. Se acercó agachado espiando casi con un ojo divisó a dos hombres que venian caminando por un pasillo de las catacumbas, Fango se dió vuelta y con las manos señalo que venían dos caminando.

    -Son dos, están viniendo -dijo Dango a Eluc-
    Fango se quedó a un costado de la pared esperando que pasasen los dos caballeros; Eluc sin embargo esperaba para embestir con su escudo.
    Los hombres estaban por llegar y renegaban.

    -¡Bolok dijo que volvería con nuestra paga! ¡Dos días en esta mugrosa catacumba!
    -¡Shhh zopenco, si nos oyera nos cortaría la cabe-

    Fango sorprende al primer oponente con un golpe en la cara que lo deja tumbado, el otro es embestido por el escudo de Eluc, acto seguido éste lo ensarta con su espada en el abdomen.
    Dango saltó hacia adelante y con una estocada impecable terminó con la vida del otro. Fango ahora también estaba armado.

    -¡Listo caballeros! Antes que sigamos… ¿En que se destacan?
    -Soy un pícaro, de los mejores del condado muchacho... podría dejarte desnudo sin que os des cuenta haha.
    -dijo Dango-
    -¿Y tu Fango?
    -Pícaro, oh si, tomar prestado.

    Había un lugar más por donde seguir, pues era un pasillo largo y oscuro; no tenían otra opción.
    Caminaron en fila por un costado de la pared y al llegar al otro extremo algunos segundo después el olor putrefacto revolvió los estómagos de los tres y fueron obligados a volver; algo ahí no andaba bien.
    Dango se acercó un poco más con la nariz y la boca tapada y vio una pila de niños sin vida que estaba amontonada al final del pasillo, éste de inmediato horrorizado corrió hacia atrás.

    -¡Son niños!
    -¡Agggg! ¡Maldición! -dijo Eluc-
    -Sólo queda un camino, por donde entramos.
    Sin hacer un ruido caminaron por donde habían venido, pero Fango notó algo raro en la pared donde estaba la mesa anteriormente… tocó con su mano y comenzó a escarbar; había encontrado una salida secreta.
    Avisó a los demás que lo cubriesen y éste se introdujo para pasar hasta el otro lado. Había pastos altos y espesos, y cuando Fango volteó para mirar hacia atrás notó troncos de árboles como si fueran barrotes de la prisión y varios humanos dialogando con orcos.

    El intruso se volvió rápidamente y exclamó.
    -¡Es el Fuerte Orco!
    -¡Demonios! -dijo Dango- -No podemos salir, seguro haya una veintena de hombres ahí fuera. -dijo Eluc-
    -No por aquí… -y con un gesto sobrador señalo el camino a la entrada-
    -Es la única manera creo… que así sea, quizá algún minero quiera revelarse también.
    -¡Nooo nooo! Más gente no es necesario… somos el número exacto.
    -Como digas, andando.

    Los mineros se veían de nuevo cerca de la entrada picando las paredes, seguían mirándolos como si ya hubiesen perdido toda fe.
    -Eluc, esos dos de la entrada tienen ballestas y tu tienes el escudo, ve con el mismo en alto y cuando los tengas cerca estaremos ahí para con el segundo.
    -Lo sé lo sé, no tarden en terminar con el otro, ahí voy.
    Se acercó con el escudo tapando su tórax y parte de su cara, con rapidez movía sus piernas mientras que con su brazo derecho blandía la espada que daría muerte a lo guardianes de la entrada. Lo vieron correr y no tardaron en disparar; los virotes golpeando en el escudo era todo lo que sucedía, mientras Eluc se acercaba sin temor y velozmente.
    Movió su espada de lado a lado y rozó el brazo de uno de los ballesteros, el otro estaba colocando un virote más a su arma.
    Dango y Fango corrieron y se lanzaron encima de éste, dejándolo muerto con un corte en el cuello tan rápido como el viento.
    Había uno aún y estaba vivo, lanzó su ballesta al suelo y desenfundó su espada de dos manos, lanzó golpes que fueron en vano gracias al escudo de Eluc, los pícaros querían acercarse pero éste no se dejaba pues su arma tenía un alcance mayor al de ellos.

    -¡Inténtelo lacras! ¡Morirán por turnos! -movió su espada hacia arriba y la bajo con fuerza sobre Eluc y éste se salvó por un pelo-
    -¡Eluc a un costado!
    Dio la vuelta y observó que Fango estaba a un costado un poco alejado con la ballesta que había tirado el otro soldado, Eluc se corrió con rapidez y un virote se incrustó en la frente del último espadachín.
    -¡¿Estás loco?! -dijo Eluc-
    -Ohhhhhhh mi buen hermano, ¿eso buscabas no es así?
    Fango se acercó y retiró el virote de la cabeza del caído, volviéndolo a poner en la ballesta.
    -¡Ya me conoces, me gusta aventar cosas hahaha! Lo siento Eluc, pero rara vez fallo.
    Lo miró con una leve sonrisa.
    -¿Cuantos virotes? -dijo Dango- -Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ¡siete!.
    -Bien, ¿salimos?.
    -Andando.

    La luz de la mañana temprana lastimaba los ojos de éstos tres, se acercaron con paciencia al exterior y notaron que el puente para salir de las minas estaba ocupado por un puesto de avanzada, el mismo tenía una torre improvisada y cuatro soldados sentados.
    -Son cuatro, en la torre no hay nadie más. Es fácil -dijo Dango- -No podemos pelear aquí fuera, avisarían al Fuerte Orco y tendríamos a varios corriéndonos por los bosques.
    -Es cierto… ¿alguno sabe nadar?

    ! Caminos inciertos
    !
    ! Caminos inciertos
    ! Fango asintió con la cabeza pero Eluc no sabía como moverse en el agua.
    -Maldita sea, bien, coloca tu escudo hacia abajo en el agua y remas hasta llegar a la otra orilla, al norte. -dijo Dango-
    -¿Estás loco verdad?
    -Créeme, funcionará.
    -¿Y ustedes?

    -¡Nosotros te esperamos del otro lado haha! Se lanzaron al agua y comenzaron a nada rápidamente hacia la orilla próxima.
    Eluc agachado y sin ser visto colocó el escudo, se sentó encima y remó hasta el otro lado. Aunque costó un poco más de tiempo había llegado al otro lado intacto.
    El caballero miró a Dango con aires de confianza; éste no perdió el tiempo y dijo.

    -Será lo mejor que encontremos un lugar. ¿Donde demonios estamos?
    -No tengo idea, jamás había visto ese río… y menos esa catacumba... ¿al norte les parece?
    -dijo Eluc-
    -Siii vamos al norte siempre al norte, norte, norte!
    La vivaz figura de Fango hacía sonreír a Dango y Eluc.
    Caminaron entre los árboles cerca de dos horas, árboles de copas altas y troncos fuertes estaban en todo el lugar sin espacio para la visión. Caminando y sorteando las víboras y murciélagos encontraron un camino muy desgastado en el medio del bosque.

    -Sigamos el camino son paciencia, quizá podamos ocultarnos aquí cerca. -dijo Dango-
    Fango siempre era el primero en la fila, pues era bueno para moverse sigilosamente, aunque un detalle ocurrió en ese momento. Mientras caminaba pareció quedar suspendido en el aire, como si un fantasma lo atrapara. Una tela de araña casi invisible lo engañó por completo y dejó pegado entre dos árboles, uno a cada lado del camino.
    -¡Aggg! ¿Que es esto? -dijo Fango tranquilo-
    -Una tela de araña enorme… ven te sacaré de ahí.-respondió Eluc-
    Se acercó con su espada y cortó con ágiles movimientos la tela, Fango ya estaba como antes. Al hacer unos pasos hacia adelante notaron que el camino terminaba en una fosa.
    -¿Y esto? ¿Una fosa?
    -No lo sé Dango, parece más bien una trampa deshecha.
    Fango siempre despierto se agachó y bajó a la fosa. Notó mucha cantidad de hojas y alambres y algunos animales pequeños. Nada llamaba la atención.
    -Esta trampa ya no es trampa hermano mio-dijo Fango-
    -Así parece, ¿seguimos?
    -Que así sea.

    Mientras caminaban por entre los árboles bastante cansados por el viaje y el escape, Eluc necesitaba saber más sobre esos dos hermanos.
    -Y díganme, ¿de donde vienen ustedes?
    -¿Nosotros? Venimos de todos lados, estamos en todos lados, y no nos conoce nadie… ¡podrías considerarte un afortunado tú haha!

    -¿Y como se que no van a cortarme la cabeza?
    -Ya lo hubiéramos hecho
    -dijo Fango con una sonrisa perspicaz-
    -Como sea, me han sacado de allí a un muy bajo costo, estoy agradecido con vosotros; tienen mi respeto. -¿Y que hago con tu respeto yo muchacho? ¡Es broma es broma!, no nos pongamos sentimentales y miren al frente que esa cabaña podría servirnos.
    La cabaña podía verse no tan lejos y la tarde ya estaba terminando, pues debían encontrar un lugar donde refugiarse de las amenazas nocturnas.
    Los hermanos fueron los primeros en acercarse a la casa, se asomaron minuciosamente por las ventanas y no vieron nada, la puerta estaba abierta aunque entornada. No dudaron en meterse por un segundo y lo primero que vieron fueron cuatro camas y una mesa, a su lado la estufa.
    -Pssst, creo que encontramos el lugar.
    Eluc se acercó y entraron todos juntos, las camas se veían un poco sucias y la estufa estaba caliente.
    -Alguien vive aquí, debemos irnos. -dijo Eluc-
    -Espera un segundo quizá haya algo que nos pueda servir…
    -¡No no podemos esperar debemos irnos!

    En ese instante se escucharon risas y vozarrones, alguien estaba llegando.
    -¡Vienen hacia aquí, son 4! -dijo Dango- Yo me pondré de un lado de la puerta y tú Eluc del otro, tú hermano… al medio con virote listo.
    No tardaron en moverse y las posiciones ya estaban listas, cuando los cuatro hombres estaban por poner un pié en la puerta un ruido se oyó.
    Las paredes de la casa temblaron, los árboles dejaban caer sus hojas bruscamente y el polvo de la casa caía desde el techo; un troll de la montaña estaba cerca.

    ! El gran obstáculo

    !
    El gran obstáculo
    Los cuatro hombres cerraron la puerta y desenfundaron sus armas en posición de combate ante el troll que se acercaba, pues sus pisadas eran inconfundibles.
    Dango y Fango al enterarse de la situación al otro lado de la puerta abrieron la ventana y salieron con una simpleza magnífica, Eluc al verlos decidió optar por el mismo camino.
    Estaban en la parte de atrás de la casa, a resguardo de la visión del troll y los cuatro hombres, éstos eran bastante fornidos y no parecían oriundos de la zona.
    Cuando el troll se acercó los dos pícaros y el guerrero salieron de las sombras y dejaron verse sin más, los cuatro hombres cambiaron de posición apuntando hacia los tres individuos.

    -¡Quienes son ustedes! ¿Que hacen aquí? ¡Morirán!
    -¿Quieres pelear grandulon? ¡Entonces ven que aquí te espero idiota! -dijo Dango-
    -¡Aaaaalto! ¿Vamos a matarnos entre nosotros o terminar con esa inmunda criatura? -dijo Eluc-
    Los cuatro hombres se vieron confundidos, y con voz baja hablaban y decidían el futuro. Para todo esto el troll estaba a no más de veinte metros de la charla.
    -¡Bien lo que sea! ¿¡Pero luego terminamos eeeeeh!? -dijo uno de los cuatro hombres-
    La criatura llegó y estaba armada con un hacha enorme en cada mano, tenia un casco de cuernos y su piel parecía impenetrable. Sus pisadas hacían casi saltar a los dos pícaros.
    Fango fue el primero en atacar, pues su ballesta no da respiro alguno. Cuando el troll estaba llegando recibió el virote certero en su pierna derecha; aunque el dolor no pareció molestarle, éste se la quitó gritando y mirando con furia a los hombres.
    El próximo en atacar fue uno de los hombres de la cabaña, su hacha arrojadiza pasó rozando el hombro derecho del troll.
    Al instante que el hacha rozó a la criatura, Eluc con su espada larga ensartó una estocada en el abdomen del troll que rugía y se movía de lado a lado por el dolor que ésto le había causado.
    Inundado de ira esta criatura lanzó una de sus hachas y cortó al medio a uno de los hombres que aunque quiso rechazarla, la fuerza de ésta era mucha.
    Los otros tres miraron con temor el cuerpo de su amigo y arremetieron contra la criatura en conjunto. Cortaban y apuñalaban al troll, mientras Fango con su ballesta y Dango con sus espadas cortas no dejaban respirar a la amenaza.
    Algunos segundos después de un certero corte por parte de uno de los desconocidos dejó al gigante sin aire y quieto como si fuese a caerse, todos corrieron a un costado pero con la desgracia de su lado el troll cayó de panza encima de uno de los tres forasteros.

    El resto del grupo intentó mover la criatura pero era demasiado pesada, su amigo había muerto por asfixia…
    -¡Miren lo que han hecho! ¡Dos hermanos muertos! ¡Malditos! -dijo uno de los hombres-
    Al terminar de pronunciar lanzó un golpe con su espada a Eluc pero éste lo rechazó con el escudo hábilmente devolviendo el ataque por el flanco contrario, que hizo un corte en el brazo del atacante.
    Fango no tardó en disparar uno de sus virotes para incrustarlo en el otro muchacho; éste cae muerto hacia atrás, mientras que el herido mira con desesperación al pícaro.

    -P-pero… p-pero...
    Y Dango terminó lo que habían empezado.
    La noche había llegado y los cinco cadáveres contando al troll comenzaban a apestar el ambiente. A los hombres los enterraron cerca de la cabaña y la criatura fué cubierta con paja y lodo.
    Decidieron que lo mejor sería usar ese pequeño hogar con cuatro camas que habían conseguido.

    -Muchachos ha sido una excelente batalla, pero ¿!DE DONDE DEMONIOS SALIO ESE ENORME MONSTRUO¡?.
    -¿El troll? Haha ¿es el primero que ves? -dijo Dango- -El primero y espero que único…
    -Con mi hermano hemos matado muchos de estos, caen fácil si sabes donde apuntar hahaha! ¡Trolls trolls trolls! -dijo Fango-
    -Así es hermano haha. Fuera de eso, ¿pasaremos la noche aquí?
    -Creo que será lo mejor, ¿quién hace la primer guardia?

    Las miradas de Dango y Fango decían todo.
    -Bien bien… yo lo haré. -dijo Eluc-
    ! Volver a encontrarse

    !
    Volver a encontrarse
    ! La mañana había llegado y Eluc tenía las ojeras más grandes que hayáis visto, Fango y Dango dormían plácidamente en dos de las cuatro camas mientras que nuestro amigo paseaba y deambulaba por afuera de la cabaña, en busca de algo interesante. No tuvo suerte pues sólo se encontró con árboles y algunos frutos no muy sabrosos, Eluc buscaba la manera de orientarse y encontrar de donde salió el Troll que habían dado le muerte.

    -Haaaaaaaaaaaaaaa -bostezó Dango- Hermano, ¿y el otro?
    Fango miró confundido y con algo de sueño aún, cuando entró el tercero.
    -Ey ahí estás, ¿te fuiste y nos dejaste aquí sólos y desprevenidos?
    -Oh no no, sólo fui a buscar algunas frutas pero ninguna es comestible… parece que tendremos que cazar.
    -¿Cazar? ¿Cuanto tiempo esperas que sigamos así?
    -dijo Dango-
    -No sé, lo que sea necesario… ¿alguno sabe donde estamos parados?
    -Bien, al sur están las minas custodiadas por humanos y orcos, al norte nosotros. Podríamos bordear el río hacia el Sur y ver que podemos encontrar...

    -¡Siiiii! ¡El río, a refrescarse! -dijo Fango con gran entusiasmo-
    El grupo alistó sus cosas y sin perder tiempo comenzaron a caminar hacia el sur. Encontraron aquella trampa que habían visto desactivada, pues seguía de la misma manera.
    Caminando algunos metros más notaron el río y algunos hombres armados caminando al borde en dirección a las minas.

    Fango se acercó con gran sigilo y en minutos volvió.
    -Psst, Dango, son seis hombres y uno de ellos montado, van en dirección a las minas.
    -Bien, seguiemos al este y bordearemos sin ser vistos, ¿les parece bien?
    -Sin duda alguna Dango.
    -dijo Eluc-
    La mañana era agradable aunque había cerca algunos enemigos, víboras de todo tipo paseaban entre los pastos crecidos y huían al notar la presencia de los tres.
    Cerca de ahí notaron un puente de madera y a su lado una casa.

    -Fango, esto es para ti. ¿Podrás ver si hay gente dentro?-dijo Eluc-
    -¡Sin problemas!
    Minuciosamente y sin hacer mínimo ruido se acercó y miró por una grieta de la casa, asustado volvió y exclamó.
    -Debemos irnos, son cinco y están fuertemente armados, los cinco orcos y muy grandes.
    -¿Orcos grandes y fuertemente armados? ¿Que hacen aquí? ¿Custodian el puente?
    -Por lo visto parece que si… -dijo Dango-
    Cuando terminaban de hablar salieron los orcos de la casa y llamó a su atención un ruido que venía del borde del río. Los cinco orcos de gran contextura sacaron sus espadas mal afiladas y con sangre y se acercaron avisando a todos los demás con algunos sonidos extraños.
    El grupo de tres estaba inmóvil detrás de lo que parecía ser una mínima cueva, recostados esperaron que todo termine pronto… pero no fue así.
    Los orcos habían visto de lejos uno de los pies de Eluc, y se avalanzaron sin más.
    Tomaron a Eluc de su pie y éste no podía defenderse pues no había desenfundado, Dango y Fango corrieron con la misma suerte y fueron llevados al interior de la casa.
    -¡Quiten esas sogas de nosotros orcos apestosos! -gritó Eluc enfurecido-
    -¡Será mejor que nos liberen si no quieren perder sus cabezas criaturas horribles! -dijo Dango-
    Los orcos reían y sabían que tendrían un buen banquete con los tres capturados, aunque con la llegada de un orco más grande y fuerte que los demás, éstos se apartaban y tenían gran respeto por el mismo.
    -Inmundicias, yo Uluk. Morirán.
    -¿Acaso sives para Bolok? ¿Eres su mascota, orco? -dijo Dango-
    El orco se enfurece.
    -¡ULUK NO ES MASCOTA! Pero conocer Bolok.
    -Ahh entonces lo conoces… y dime ¿cuanto te paga? -dijo Dango-
    Los tres reían.
    -Lo que agarra Uluk es de Uluk. Así pagar.
    Seguían riendo.
    -¡NO REIR MAS!
    El orco salió hacia afuera de la casa e hizo un grito extraño, cuando dio media vuelta para volver a entrar un ejército con cerca de treinta hombres montados pasó a todo galope y uno de ellos arrancó de cuajo la cabeza de Uluk
    Dango y Fango se asustaron y comenzaron a quitase las sogas, una vez escaparon ellos ayudaron a Eluc.

    -Muchachos, no deben temer… son... ¡son mis comañeros!
    Los tres salieron de la casa y Eluc comenzó a gritar a sus compañeros que luchaban contra decenas de orcos mal preparados.
    -¡Dango, Fango, a luchar! -dijo Eluc-
    Aunque los dos hermanos aún no tenían ni idea de que estaba sucediendo y como fue que terminaron secuestrados y ahora salvados… arremetieron contra los orcos que quedaban vivos.
    La compañía de caballeros montados terminó con los orcos de las cercanías de la casa y siguió a toda velocidad contra el Fuerte Orco.

    -¡Eluuuuuuuc! -grito Narmëan-*
    -¡Mi señor! ¡He estado preso aquí cerca, al sur, en las minas! Estaban a punto de…
    -¡Luego me cuentas Eluc, ahora a terminar con estos sucios orcos!

    Dango y Fango luchaban contra los orcos y una vez llegaron al fuerte con sus ballestas asesinaron a los que se asomaban por los costados de los troncos.
    La batalla era cruda, orcos resistiendo dentro del fuerte y flechas ensangrentadas que rozaban los caballos era todo lo que se veía. No iban a poder ingresar montados.

    -¡Caballeros, todos adentro! -dijo Narmëan-
    Los compañeros de Eluc del castillo de Thyran con sus escudos en formación avanzaron y destrozaron todas las defensas orcas que quedaban dentro.
    Papeles e información valiosa encontraron y fueron llevados de inmediato a Narmëan.
    Éste miró los papeles y dijo…

    -¡A las minas! ¡Hay esclavos ahí!
    Eluc, Dango y Fango se subieron a los caballos de algunos caballeros y partieron hacia las minas ahí cerca.
    La torre de avanzada que había en la entrada estaba vacía y eso llamó la atención de todos, aunque sin dudarlo bajaron de sus caballos y en formación ingresaron de la misma manera que al fuerte.
    Con un pié dentro los virotes se dispararon y se incrustaron en los escudos de los soldados que al grito de ¡Por el Rey! cortaban y destrozaban a los débiles ballesteros que quedaban.
    Había un centenar de personas en las minas, todos niños, mujeres y hombres que antes eran fuertes… En caravana partieron hacia la gran Banderbill para avisar a su Rey de la nueva victoria, y comentar que habían encontrado al guerrero que faltaba sano y salvo, oh, y con dos pequeños amigos.

    ! Narmëan: Rey del Castillo de Thyran, Vasallo del Reino de Tancredo de Banderbill. Revisar capítulos anteriores.
    ! Ahora o nunca

    !
    ! Ahora o nunca
    ! Al llegar a Banderbill todos se felicitaban por una excelente batalla, pero había algo que Tancredo debía saber; el vasallo corrupto, Bolok.
    -¡Eluc! Me gustaría charlar contigo… que ha sucedido todo este tiempo? -dijo Narmëan-
    -Verá señor… fuera del castillo de Tancredo unos bandidos me atraparon y llevaron a un lugar que no pude ver, pues tenia un costal en la cabeza. Me golpearon un poco y finalmente llegó Bolok.
    -¿BOLOK?
    -Así es. ¿No es él Vasallo de Tancredo y Señor de Thyran? -dijo Eluc-
    -Lo es lo es… oh... en que lío nos hemos metido. Será mejor que cuentes todo al Rey antes que a mi, esto desatará un infierno...
    Narmëan llamó a sus hombres un poco preocupado, pidió que se alisten y en minutos no más partió hacia el Castillo de Tancredo junto a Eluc.
    Al llegar los guardias de la puerta observaron la compañía de hombres que estaba armada y pidió explicaciones al jefe Elfo de esos hombres, Narmëan.
    -¿Que sucede aquí Narmëan?
    -Mis hombres esperarán afuera si es necesario, tengo que avisarle al Rey de algo de máxima importancia. ¡Eluc ven aquí!.
    Eluc se acercó tímido y se paró a un lado de su jefe.
    -Bien, sólo ustedes dos.
    Entraron al salón principal y Tancredo observaba desde un balcón interno, miró a Narmëan y preocupado se metió en la sala del trono.
    Al llegar al trono, los dos se arrodillaron en alabanza al Rey.
    -Mi señor Tancredo, debemos explicarle algo que no puede esperar.
    -Lo noté en tu mirada elfo… cuéntame.
    -Eluc lo hará mi señor...

    El Rey cambió de posición en su trono y observó a Eluc fijamente.
    -Mi señor Tancredo, he sido víctima de un secuestro en que ha estado involucrado Bolok, Señor de Thyran, donde fui avisado que él planeó el asesinato de Baltas, aquí en Banderbill. El trabaja con los orcos tomando prisioneros a niños, hombres y mujeres de su reino, mi señor.
    Tancredo estaba anonadado, su mirada se había perdido y su ira comenzaba lentamente a incomodar.
    -¡Miiiiiiii reeeeeeeeino! ¿¡COMO PUDE HACERLE ESTO!? ¡QUIERO SU CABEZA! ¡LA QUIERO AHORAAA!
    -Mi señor, tendrá su cabeza de inmediato. -dijo Narmëan y Eluc asentía con la cabeza-
    Salieron a rajatabla de ahí, cuando el jefe elfo gritó ¡Todos a sus caballos, a Thyran!.
    Los hombres montaron a la velocidad de la luz y se dirigieron al Castillo de Bolok, al sur-este de Banderbill. Mientras montaban Narmëan daba instrucciones.
    -¡El Rey quiere la cabeza de Bolok, Señor de Thyran! ¡Soldado que lo defienda deberá morir!
    Thyran estaba cerca, sus altas torres indicaban que la batalla era próxima y los hombres poco a poco comenzaban a notar el éxtasis de la batalla.
    En las puertas del castillo había algo raro que se veía de lejos… parecían hileras de soldados en posición defensiva rodeando las paredes del lugar.
    Llegando, los soldados que defendían el lugar apretaban con fuerza sus lanzas y escudos mientras éstos se acercaban furiosos.

    -¡Venimos en nombre de Tancredo de Banderbill Rey y Señor de estas tierras! ¡Hemos sido avisados que Bolok señor de Thyran es un traidor y exijimos su cabeza de inmediato! ¡Todo aquel que quiera entorpecer será enemigo del Castillo de Banderbill! -dijo Narmëan-
    Los soldados confundidos comenzaron a mirarse entre sí y parecía que todos estaban de acuerdo en dejar pasar a los soldados. -¡Eleven las puertas! -gritó un soldado raso-
    Los caballeros montados ingresaron con fuerza y se acercaron hasta la sala del Señor, una vez ahí dejaron sus caballos y se colocaron detrás de su jefe.
    -¡Escudos! -grito Narmëan-
    Las puertas de la sala se abrieron y cerca de quince arqueros dispararon sus arcos desde adentro mientras que las flechas chocaban con fuerza contra las defensas de los guerreros, Bolok al final de la sala estaba en posición con su espada y escudo.
    Los soldados arremetieron contra los arqueros que poco podían hacer en un lugar tan cerrado. En cuestión de minutos en el lugar sólo quedaba Bolok y la compañía de Narmëan.

    -Bolok, estamos aquí para recoger tu cabeza, dudo que la entregues sin más así que te daré el honor… de luchar conmigo sólo.
    -¿¡Tu y yo eh!? ¿¡Y tus hombres regresaran sin más!? ¡Tancredo mandaría más y más hombres hasta encontrarme!
    -Bien.. lo que sea… ¡Muchachos a él!

    Y la cabeza de Bolok se levantaba de a poco entre el tumulto de gente con los gritos y el vitoreo de sus hombres por una victoria más.
    Los ciudadanos que vivían en el castillo poco entendían y se veían un poco asustados, Narmëan no tardó en explicar en voz alta que el castillo tendrá un nuevo señor en pocas horas.
    Al salir, los soldados que hacían guardia en las puertas fueron avisados que mantengan sus posiciones dentro del castillo hasta que un nuevo señor sea asignado al mismo.
    Montaron cerca de una hora hasta que Banderbill se veía cerca, la cabeza de Bolok en un bolso de Narmëan dejaba un rastro de sangre por donde era llevada.

    ! Una vela en la oscuridad

    !
    ! Una vela en el bosque
    ! Al llegar a Banderbill, una ceremonio se montó en el Castillo Real pues el nuevo vasallo del ex Castillo de Bolok iba a ser Narmëan.
    El Rey hizo el ritual con su espada, el elfo miraba hacia abajo de cuclillas y asentía con la cabeza. La ceremonia casi terminaba y Narmëan ya había sido asignado a su nuevo Castillo, aunque aún no tenía nuevo nombre.
    Luego de varias cervezas y unas horas de juerga, el señor de Thyran con sus hombres se dirigió a su nuevo castillo en busca de orden. Al llegar, los soldados de la puerta los recibieron felices y con esperanza mientras los caballeros del Elfo jefe se dirigían a la sala del trono. El elfo se sentó y sonreía con sus hombres.
    -Hermanos, éste castillo no es sólo mio, sinó de todos nosotros, y por eso necesito que vuelva a ser lo que era antes. Los ladrones los expulsaremos, los asesinos los mataremos y quien se oponga… ¡Puede intentarlo! Hahahaha
    Las risas contagiaron la treintena de soldados.
    -Pueden irse colegas, bandidos y asesinos los quiero fuera!
    Los soldados salieron como hormigas en direcciones separadas, algunos tomaron de sus vestiduras a hombres sospechosos y los largaron por la puerta principal, mientras que algunos más prácticos optaron por darle muerte sin más a quien robe o mate, preguntaron dentro del castillo a los aldeanos sobre bandidos conocidos y éstos abrian la boca rápido pues todos colaboraban.
    Eluc de un lado a otro buscando pillos no encontraba a nadie, hasta que su jefe lo llamo desde la puerta de la sala del trono.

    -¡Eluc! ¡Ven aquí!
    -Si mi señor.

    Se acerco subiendo unos cuatro escalones y apoyado en un pilar de la entrada preguntó.
    -¿Que sucede Narmëan?
    -Verás mi amigo, las minas de hierro y plata quedaron sin gente, los esclavos fueron liberados pero ahora no hay nadie que explote las mismas. Necesitamos mineros.
    -¿Mineros? ¿Pero no hay a montones?
    -Si los hay, pero nadie quiere trabajar allí desde lo que sucedió con Bolok, no creen que les daremos seguridad. Y por eso te necesito, hazles saber que tú y varios más velarán por la vida de esos mineros, tendrán comida, agua y lo que necesiten, levantaremos un asentamiento cerca y acortaremos distancias, pero necesitamos brazos para levantarlo.
    -No es problema mi señor, lo haré sin problema… aunque tengo una duda. ¿Quién me acompañará de mis compañeros?
    -Pues… todos, preferiría que sean menos pero no podemos arriesgarnos. Tomen carretas y vayan en caravana, si es posible que algunos vayan montados y no olvides... ¡los ojos bien abiertos!.
    -Así será mi señor.
    Eluc salió por la puerta y fue uno por uno avisando a sus compañeros del nuevo destino. Se juntarían en la puerta de entrada al castillo y avisó que se necesitaban trabajadores que colaboren con la reconstrucción del lugar.
    En la entrada, Eluc en voz alta dijo.
    -¡Narmëan nuevo señor del castillo necesita trabajadores! ¡Picarán las paredes de las minas que tomamos recientemente! ¡Oro, comida, agua, y seguridad no faltarán, somos treinta soldados velando por su vosotros! ¡Partimos en minutos, no traigan picos que hay de sobra!
    El pópulo se iba acercando tímidamente y preguntaba por la paga, quince monedas de oro para cada uno era la oferta del nuevo Señor.
    La caravana partió en la hora siguiente y la mitad de los soldados iban montados, mientras el resto iba en la carreta que transportaba los picos.
    El camino fue tranquilo, llegaron hasta el puente que bordea la casa debajo del Fuerte Orco y los trabajadores quedaron impactados al ver los caídos de otra raza que largaban un olor putrefacto y vomitivo; aunque ninguno se atrevió a preguntar, todos se habían dado cuenta lo que había sucedido.
    El Fuerte Orco se veía teñido de rojo y los pájaros con la llegada de los caballeros partían apresurados, el olor seguía el camino del viento a favor de la caravana.
    Al llegar a la minas, el puesto de avanzada orco colocado en la entrada a las mismas estaba intacto, pues no hubo mejor momento para comenzar a desmontar la caravana y comenzar el trabajo.
    No había jefes, pero los caballeros eran quienes mandaban.

    -Modifiquen la torre, somos humanos no orcos inmundos. Cuelguen los estandartes del Rey. -decía un soldado experimentado-
    -Ustedes dos, ayúdenme a entrar estos picos.
    Cuatro caballeros estaban de guardia, dos colocados en la entrada a pié de las minas y dos que merodeaban por el borde a favor de las agujas del reloj.
    Luego de terminar el puesto de avanzada algunos de los trabajadores se empeñaron en conseguir leña; bordearon el río y fueron a buscar árboles gruesos al Bosque Dork.

    -Eyy ¿no pensaran ir solos no es así? -gritó Eluc de lejos-
    -¿Hay peligro cerca señor? -exclamó uno de los tres trabajadores-
    -Eso no lo sabemos, iré con ustedes. ¿Oros nos acompañas?
    -¡Oros gustar bosque!*
    Se acercaron a los trabajadores y comenzaron a caminar hacia Dork. Estaba tranquilo el viento no parecía llegar y los árboles creaban un clima excelente, aunque algo pareció inquietarles.
    -¿ESE ARBOL SE MOVIO? -dijo un trabajador mientras caminaba con su hacha en mano-
    -¿Moverse? Alucinas. -dijo Eluc-
    Siguieron caminando y encontraron cuatro árboles en excelente estado, los taladores comenzaron rápidamente a mover sus hachas y un sonido los dejó helados.
    -¿Queeee haceeen en nueeestro booosque humanooos?
    Eluc y Oros desenfundaron al instante y se colocaron en posición de batalla.
    -¿Quién dijo eso? -exclamó Eluc-
    -¿Quiéeen dijooo quée?
    Un árbol extraño y enorme dió un increible paso hacia adelante y tomó con su mano a Oros, dejando caer su hacha doble.
    -¡Agggg árbol malo tu dejarme!
    -¡Un momento! ¡No le hagas daño! ¿¡Quién eres!?
    -Soooy Heeeerboool y usssteeedes estan en miii boooosqueee.
    El Ent enojado zamarreó al semi-orco y éste gritaba mientras pedía que lo dejasen ir.
    -Herbol, perdón pues no sabíamos de su existencia, en realidad lo sentimos y dejaremos tranquilos.
    -¿Noo sabían dee mi eexisteenciaa? Soy el Eeeent más antiiiguo dee eestas tieeerrrasss…

    Los trabajadores estaban congelados y no expresaban emoción alguna.
    -Nossssoootros looos Eeent noo moleestammmos a usteeedes humaanooss… debeeríaaan dejarrr de llegaaar coon sus haachasss...
    -Los que buscaban madera aquí ya no están, y nosotros no lo haremos. Somos soldados del Rey Tancredo de Banderbill.
    -¿Taaanncreedo? No heee oíiido de éeellll…
    Un ruido se escuchó cruzando el río y eran el resto de compañeros de Eluc que llegaban salvajemente a liberar a Oros. Las flechas de sus arcos se incrustaron en todo el cuerpo de madera de ésta criatura, dejándo caer al semi-orco duramente.
    Éste tomó su hacha doble y destruyó la pierna derecha del Ent, haciendo que éste caiga mientras miraba con sus ojos a los soldados.
    El resto llegó y con sus espadas terminaron con la vida del árbol viviente.

    -¿PERO QUE HACEN? ¡EL NO IBA A HACER NADA! -exclamó Eluc exaltado-
    Torve llegó con su arco y avisó a Eluc.
    -Mi amigo, éste no era un Ent, era un Ucorno.
    -¿U que?

    -Ucorno, son similares a los Ent, sólo que éstos son mentirosos y atacan sin previo aviso. Un Ent jamás te haría daño.
    -¿Y como supiste que era un Ucorno y no un Ent?
    -Fácil compañero Eluc, su madera es hueca -golpeó la cabeza del Ucorno para demostrar el sonido hueco-
    -Vaya… gracias mi amigo, no sabía de todo esto.
    -No es nada, ustedes trabajadores, dejen de mirar y comiencen a cortar ese árbol, con eso alcanzará.

    Al volver a las minas, el resto de trabajadores estaban picando las paredes con tranquilidad, no había verdugos ni mucho menos.
    Cuando llegó la noche, una gran fogata se inició en la entrada de los yacimientos, algunos bebían y reían mientras otros aún seguían trabajando sin parar.
    Una luz entre los árboles se notaba de lejos… y llamó la atención de Eluc y sus compañeros.

    -¡Apaguen la fogata! -exclamó Torve-
    -¡Quienes no luchen vayan adentro! -gritó Eluc-
    Los trabajadores se metieron en las minas rápidamente, mientras algunas seguían afuera armados con picos de minero para apoyar a lo soldados.
    La luz parecía multiplicarse, pues de la misma salian varias luces más que se movían entre los árboles.
    El sonido de un cuerno se oyó a los lejos y las luces se acercaron rápidamente; eran flechas incendiarias.

    ! Oros*: Compañero semi-orco de Eluc en la compañía de hombres del Rey. Debe su nombre por su gran pasión a los objetos de oro.
    ! Ent*:
    Un ent es un guardián de los bosques, híbrido entre hombre y árbol.
    ! Sus brazos están formados por ramas y sus pies encajan como un tronco de árbol. Tienen también largas hojas que cambian de color durante el invierno, aunque rara vez se caen. Miden entre 4 y 5 metros. Su piel es una gruesa corteza marrón que lo hace casi indistinguible de los árboles.
    ! Un Ent es un ser inteligente que habla varios lenguajes a parte del suyo propio, además tiene otras habilidades como la de “animar” a los árboles cercanos y mantenerlos bajo su control. Generalmente usan los Ucornos que son árboles más rápidos.
    ! Los ent viven en comunidades pequeñas entre bosques, y no suelen revelarse mientras se hallan en un bosque, aunque se enfurecen si se enciende fuego cerca de ellos o, simplemente, alguien pasa con un hacha. Temen al fuego debido a su piel de corteza tanto como lo haría un Ucorno.
    ! A pesar de este hecho, un Ent tiene un carácter amigable y tranquilo, y realiza su misión de guardabosques de manera apacible. Sus principales aliados para llevar a cabo esta tarea son los elfos del bosque._****_____**___********__**_****_____**____******_****_********_****__********



  • Día 2

    La mañana había llegado a Banderbill, desde afuera de la posada se escuchaban caballos, movimientos metálicos y algunos comerciantes ofreciendo sus productos.
    La pipa estaba apagada, había volcado el tabaco. Se arregló un poco los pantalones y la camisa y salió a caminar.
    Caminando hacia al sur de la ciudad divisó una gran construcción, supuso que era parte del Consejo de Banderbill… por el cartel que había en la puerta, já.
    Observó la estatua que hay ahí cerca, pero más le llamo la atención un comerciante que estaba a un lado.

    -Disculpe, sabe de alguien que necesite un muchacho como yo?
    -¡Buenos días! Mmmm, ahora que lo pienso el herrero necesitaba llevar algo a no se quién, pregúntale, está ahí dentro.
    Se acercó y llamaron a su atención las espadas en exhibición, las armaduras y cascos que había en la estantería.
    -Buenos días, hay alguien?
    -¡Un segundo! (Ruidos de martillo) Aaajá, dime muchacho que necesitas.
    -El hombre de aquí afuera, de camisa roja dijo que necesitabas alguien como yo, es así?
    -Mmm puede que así sea, como te llamas?
    -Soy Eluc Igdeh, recién llegado a Banderbill… estoy buscando algún trabajo...
    -Bien bien bien, llámame Baltas, soy tu nuevo amigo. ¿Crees poder llegar hasta Ullathorpe? Necesito enviar este martillo recién terminado, oh, pero no irás a defenderte con puño... toma esta espada, he hecho mejores pero creo que por ahora te servirá.
    -Gracias por la espada, y si, podré llevar el martillo... ¿Pero que sucede? ¿Hay peligro ahí fuera?
    -Si le quieres llamar peligro pues llamale peligro, los guardias de la ciudad les llaman "molestias". Como cuando tienes una piedra en el zapato, ¿sabes?.
    -Oh entiendo... bien no será problema, iré por los bosques con los ojos bien abiertos. ¿El hombre al que debo ent-
    -Búscalo en la herrería, lleva un delantal todo sucio, su nombre es Voic. ¡Ah y ten cuidado a la vuelta, pues no querrás quedaros sin recompensa!

    Eluc salió con su nueva espada en mano y el martillo agarrado del cinturón. De inmediato un guardia que pasaba avisó…
    -Ey tu, deja de blandir eso aquí si no quieres conocer la prisión.
    Guardó su arma de inmediato, pidió perdón y salió por la puerta sur de Banderbill. Había caballos, vacas, cerdos y granjeros. Vio el camino pero decidió bordear el agua..



  • **Felicitaciones y gracias por el aporte ! !

    Puedo destacar en tu relato la amplia variedad de descripciones de todo tipo que ayudan a ambientar y acompañar la historia con mayor detenimiento en cada detalle.

    Muchas gracias espero la continuación ansioso.

    Seguí así ! !**



  • @Zarommir:

    **Felicitaciones y gracias por el aporte ! !

    Puedo destacar en tu relato la amplia variedad de descripciones de todo tipo que ayudan a ambientar y acompañar la historia con mayor detenimiento en cada detalle.

    Muchas gracias espero la continuación ansioso.

    Seguí así ! !**

    Me encanta que te guste loco, gracias!



  • Día 2 Continuación.

    El camino recién comenzaba y su espada en el costado derecho de su cinturón dejaba ver que este muchacho no se dejaría molestar fácilmente, el martillo al otro lado y su bolsa con algo de dinero y comida no pasaba desapercibida.
    En el camino encontró arañas, ratas, lobos y demás criaturas… pero para alguien con espada no es problema... o al menos eso parecía.

    Viendo el camino a lo lejos, mientras bordeaba la orilla del agua divisó una manada de lobos hambrientos, que comían y destruían un cartel con algunas señales para los viajeros. Eluc se escurrió por entre los árboles y se quedó quieto en uno que tenía un hueco bastante amplio. Los lobos que eran seis no se quedaron mucho tiempo más ahí, pues un guardia montado en dirección a Banderbill pasó por entre medio de la manada a fuerte galope y estos corrieron distraídos a buscarlo. Era el momento de aprovechar la distracción y seguir camino.
    Al momento de partir vio en el cartel que habían destruido los lobos lo siguiente "ULLATHORPE, BANDERBILL, DUNGEON MARABEL" con flechas acompañando cada palabra.
    El camino siguió sin sobresaltos, la hierba verde relucía al borde del sendero, no pasó mucho tiempo más hasta que pudo ver los carteles que avisaban que Ullathorpe estaba ahí. Los niños jugaban en la puerta y los inamovibles guardias con armaduras de cuero reian entre ellos, la ciudad lider del comercio estaba ahí. Las caravanas, los mercaderes, casas a la venta, la iglesia y el Gobernador de Ullathorpe. Eluc entró sin ser advertido, cerca de la entrada norte de la ciudad había una viejecita con sus gallinas, él fue y preguntó por Voic.

    -Disculpe señora, podría decirme donde encuentro al herrero?
    -¿Herrero? ¿Donde podrías encontrarlo joven? ¿No crees que en la herrería?
    -Haha, es verdad lo que dice, quise referirme a la herrería no al herrero.
    -Pues pregúntale al herrero! Ahahaha

    Eluc partió sin más, siguiendo el camino mientras los gritos de los mercaderes locos por vender ensordecían el ambiente. A lo lejos, cerca de la fuente de la ciudad se puede ver a un hombre robusto que mientras trabajaba un metal discutía con otra persona.
    -¡Que no hombre, he dicho que no dejarme trabajar en paz!
    -¡Pero la necesito, te he dado los materiales!
    -¿Materiales le llamas sólo a un lingote? ¿Como quieres que te haga una armadura sólo con eso?
    -¡No me hagas enloquecer herrero de segunda mano!

    Mientras Eluc se acercaba, un guardia también lo hizo y queriendo poner orden advirtió.
    -¡Ustedes dos, que sucede!
    -¡Este hombre está loco, quiere una armadura con sólo un lingote y no me deja en paz!
    -¡Maldito herrero!

    El hombre que amenazaba al herrero sacó un cuchillo largo y lanzó una estocada al herrero, el guardia tomó su espada y rasguñó con la misma un brazo de este hombre. Eluc a un costado sólo desenfundó su espada y miró con atención.
    El revoltoso movió su brazo e incrustó el cuchillo en el pecho del guardia que cayó tumbado de inmediato y comenzó a sangrar.

    El herrero estaba atónito y sin poder defenderse corrió a un lado de la fragua y pidió por su vida.
    -¡Estás loco! ¡No me mates!
    Eluc se acercó desde atrás e incrustó su espada en la dorso del delincuente, quién cayó con la espada clavada boca abajo.
    La gente de la ciudad comenzó a llegar, los mercaderes, guardias y sacerdotes estaban en el lugar, mientras el herrero retomaba la calma.
    -¡Este loco asesinó al guardia y quiso asesinarme a mi!
    Guardia: ¿Quien mató a quien? ¿Esa espada es tuya forastero?
    -S-Si, él iba a matar al herrero pero su cuchillo terminó en el guardia…
    -Este hombre me ha salvado la vida, oh muchacho como es tu nombre.
    -Eluc. ¿Tu eres Voic? Tengo algo para tí.

    Mientras le explicaba al herrero la situación, por qué estaba allí y qué tenía que darle, la gente volvió a sus lugares, los sacerdotes santificaron el lugar y se retiraron mientras tanto los guardias tomaron el cadáver y lo llevaron quién sabe donde.
    -Ahhh el martillo de Baltas, él si que saber hacerlos… dime, ¿Como conoces a Baltas?
    -Llegué ayer al continente, desembarqué en Banderbill y estoy buscando asentarme, él me dijo que tenía un trabajo para mi y que yo era el indicado. Tu ya tienes tu martillo y yo debo ir a buscar mi recompensa.
    -Así que estas recién llegado, déjame decirte algo... Aquí tienes dos opciones, o haces las cosas bien o haces las cosas mal. Muchos eligen el camino rápido pero más difícil, se dedican a robar, asesinan por algo de oro... y algunos hasta por cobre. Pero puedes hacer las cosas bien y decidir tener un negocio, colocar un edificio de entrenamiento, hacerte monje si quieres o hasta ser un guardia! Dime, ¿ya habías matado un hombre?.
    -En realidad no... pero no se sintió tan mal, él se lo merecía hahaha!
    -Así se habla, tu tienes alma de guerrero hijo. Mira, la milicia no es broma, puedes trabajar custodiando las puertas de una tranquila ciudad, o defender a tu Rey en batalla. Algunos señores de los castillos cercanos buscan gente como tu para terminar con los bandidos de los bosques (que son muchos), si eres bueno con la espada podrías hasta tener un grupo de hombres a tu cargo. Déjame decirte algo... yo conozco a un vasallo del Rey Tancredo que nunca sale de su castillo... yo he hecho trabajos para él, las armaduras de sus soldados y equipamientos de ese tipo yo se los arreglo... el a cambio me paga buenas cantidades de monedas haha, ¡es muy generoso!.
    -Eres muy amable Voic, pero antes de decir que si quiero caminar un poco por aquí que no conozco todavía, volveré en algunas horas.
    -Que así sea muchacho y gracias de nuevo!

    Eluc se apartó y caminó por la ciudad mirando a los demás… creo que es momento de compras...

    attachment_p_1845119_0_220px-heubach_wolf.jpg



  • Realmente un estupenda crónica nunca vi en el foro un relato de este estilo. Escribis muy bien, y tenes un amplio vocabulario, la verdad que te felicito.

    Me tomo el atrevimiento de darte un consejo para que el relato te quede más prolijo; no pongas cada capitulo, día, o como lo quieras llamar en un nuevo mensaje, dado que a medida que te comenten en el th se va a perder organización. La propuesta que te hago, es que a medida que vallas escribiendo más capítulos edites el th principal, en el cual podes poner los capítulos viejos con Spoilers (abajo de te dejo mas información de estos). Para avisar que agregaste otro capitulo a tu crónica, podes poner un comentario denominado "Uppeo" que son los que sirven para que tu TH aparezca primero en la pagina principal.

    Los spoilers se utilizar para "ocultar información".

    Ejemplo :

    Capitulo uno :

    ! El relámpago ilumino la sala…

    Para colocar los spoilers tenes que tipiar lo siguiente.

    Para abrirlos :

    ! (Escribís lo que queres que este dentro del mismo)
    Para Cerrarlos : (Luego de a ver escrito lo que decías) [*spoiler]
    ! En lugar de poner el "" tenes que poner una /, yo lo puse así dado que si no se hubiera activado.



  • @Hellequin:

    Realmente un estupenda crónica nunca vi en el foro un relato de este estilo. Escribis muy bien, y tenes un amplio vocabulario, la verdad que te felicito.

    Me tomo el atrevimiento de darte un consejo para que el relato te quede más prolijo; no pongas cada capitulo, día, o como lo quieras llamar en un nuevo mensaje, dado que a medida que te comenten en el th se va a perder organización. La propuesta que te hago, es que a medida que vallas escribiendo más capítulos edites el th principal, en el cual podes poner los capítulos viejos con Spoilers (abajo de te dejo mas información de estos). Para avisar que agregaste otro capitulo a tu crónica, podes poner un comentario denominado "Uppeo" que son los que sirven para que tu TH aparezca primero en la pagina principal.

    Los spoilers se utilizar para "ocultar información".

    Ejemplo :

    Capitulo uno :

    ! El relámpago ilumino la sala…

    Para colocar los spoilers tenes que tipiar lo siguiente.

    Para abrirlos :

    ! (Escribís lo que queres que este dentro del mismo)
    Para Cerrarlos : (Luego de a ver escrito lo que decías) [*spoiler]
    ! En lugar de poner el "" tenes que poner una /, yo lo puse así dado que si no se hubiera activado.
    ! Muchas gracias por la buena onda y más todavía por la crítica. Estuve viendo lo de poner los spoilers pero me dí cuenta que no se vería cuando actualizo el TH… Habría que ver, capaz que si lo hago así me terminan cagando a pedos y termino metiendole los spoilers jajaa!
    ! Ahora que lo pienso, podría hacer las dos jajjaja!



  • La caravana
    ¿Quizá alguna capa? ¿Algo de beber? ¿Pociones mágicas? ¿Materiales de carpintero? Todo estaba a la venta, la gente levantaba la voz para hacer conocer sus ofertas en el medio de la ciudad, a un costado de la fuente.
    Eluc compró algunas porciones de pan y algo de jugo de frutas (su favorito) y se dirigió al herrero… ahí estaba lo que él necesitaba.

    -¡Buenas noches!
    -¡Ohh muchacho… Eluc! Veo que has vuelto.
    -Así es Voic, y necesito de tus conocimientos.
    -Ohh... creo que estás con quien debes. ¿Quieres ver la mercancía?
    -Adelante.

    Voic mostró tres tipos de guantes, de tela, de cuero y malla. También habíoa botas de cuero con detalles diferentes, algunas armaduras simples de cuero pero resistentes y lo que más le llamo la atención, las armas.
    Había hachas, espadas, sables, cimitarras, dagas, todo tipo de objetos cortantes y contundentes como lo son las mazas y martillos.

    -Bien muchacho, tu eliges… pero antes que nada, quiero ofreceros una armadura sin precio alguno, esta va por la casa... no todos los días te salvan la vida de un loco desquiciado haha!
    La pechera de cuero duro estaba en fantástico estado, prácticamente sin uso, no protegía las piernas y brazos… pero aún así era mejor que una camisa.
    -Gracias Voic, esto es demasiado…
    -No es nada muchacho, ahora dime, que ibas a comprar?
    -Busco una espada, de buen balance y filo.
    -¡Esta! (Y toma una espada) Calidad y buen precio en el mismo lugar haha!
    -Mmm se ve bien...
    -Dos monedas de plata para los amigos de Voic!
    -¡Que así sea! ¡Ah casi me olvidaba! ¿Escudos?
    -De tortuga por el momento.
    -Me gustan las tortugas haha.
    -Hahaha, serán 5 de cobre.
    -Aquí tienes Voic... y creo que es momento de partir ya...
    -A donde te diriges?
    -A Banderbill, Baltas tiene mi recompensa por traerte el martillo.
    -Vas a pié?
    -Eso creo...

    -Nada de eso, la caravana parte en algunos minutos, ¿ves allí? ¿al lado de la puerta?, diles que vas a Banderbill y eres guardia, te creerán, mueren por quien los defienda haha.
    -Muchas gracias Voic, te debo un gran favor…
    -No es nada hijo, ve rápido que no salgan sin ti!

    Eluc se acercaba a la puerta donde estaba la caravana a punto de partir, con su armadura, espada y escudo nuevo él sentía una especie de superioridad frente a los demás. Llegando a la carreta de la caravana un hombre desde adentro gritó
    -¡Ahí está el que falta, rápido soldado tenemos que llegar cuanto antes!
    Con rapidez saltó y se metió en la carreta, instantáneamente los caballos comenzaron a moverse.
    -¿Y quien eres tú? Preguntó el hombre que iba dentro.
    -Soy Eluc, guardia de Banderbill.
    -De Banderbill? Pero si esta caravana viene de Ullathorpe…
    -Si... es que estuve aquí de paso a ver a un viejo amigo, y vuelvo a servicio con esta caravana...
    -Oh entiendo, no hay problema.

    La caravana llevaba materiales de carpintero y provisiones para el Mesón Hostigado, cada lado de la caravana tenía un guardia que iba trotando al ritmo de la misma, detrás había uno más que iba montado. De un momento a otro la caravana pareció frenarse, y el sonido de alguien cayendo se escuchó sin más.
    Una flecha atravesó el cuello del conductor de la caravana que cayó muerto, el mercader vio el cadáver y se quedó inmóvil.

    -Aggg, emboscada!
    Cinco bandidos del bosque salieron de entre los árboles y se batieron en lucha con los guardias de los costados, el que iba montado sacó su espada y gritó
    -¡A ellos!
    Eluc salió con su escudo y espada en mano, una flecha golpea su escudo de suerte y el bandido se le abalanzó contra él sin ánimos de entablar diálogo alguno.
    Los guardias de los costados que iban con armaduras de malla abatieron a dos de los cinco bandidos, mientras tanto el que iba montado siguió a todo galope a uno que estaba yéndose entre los árboles.
    Eluc lanzó su espada con fuerza contra el bandido que tenía encima y este lo rechazó con sus dos espadas cortas, de inmediato este lanza una estocada que no logra penetrar la armadura.
    Un golpe más lanzó e hirió al caballo de la derecha, lo cual éste se volvió loco y de una patada lanzó el escudo de Eluc por los aires. Cuando iba a golpear al bandido los demás guardias se acercaron y entre los tres terminaron con el que había atacado a Eluc.
    El último logró correr sin armas y se adentró en el bosque donde lo perdieron de vista. De inmediato llegó el guardia montado.

    -¿Todos bien?
    -Todos no… éste hombre por lo menos.
    Señalando al primer caído por la flecha en el cuello.
    El mercader se asomó por una ventana de la caravana y miró con miedo a los guardias. Al ver que todos estaban bien recuperó la calma.
    -Oh, Moloc… una flecha te ha enviado al otro lado... ¡Debemos cargarlo!
    -Imposible -dijo el guardia montado- no tenemos lugar y mucho menos quien conduzca los caballos.
    -Yo puedo conducirlos, avisó Eluc con timidez.
    -Entonces no perdamos tiempo, guardias en posición. Andando.

    La caravana siguió y llegó hasta Banderbill sin problemas, en la entrada los guardias revisaron la caravana y preguntaron por Eluc.
    -¿Y tu quien eres?
    -Eluc.. ehm… guardia de Ullathorpe.
    -¿De Ullathorpe? -Dijo el mercader de la caravana- ¿Acaso no eras de Banderbill?
    -No sé que habrá escuchado, mi hogar es Ullathorpe...

    Confundido el mercader asintió con la cabeza y agradeció a los guardias y a Eluc por defender su caravana en batalla.
    Cansado y luego de tantas emociones, Eluc fue hasta el Mesón Hostigado y bebió una cerveza esperando que termine el día…



  • **Tus cronicas son grandiosas estimado MO MO, realmente espero tenerte con nosotros mucho tiempo.

    Gracias por los aportes, este es genial.**


  • Banned

    _Me hisiste enganchar mucho con los relatos! Realmente estan muy buenos, buen vocabulario y tenes mucha facilidad para exprestqarte! Espero que sigas escribiendo muchos más. Cuidado con los puntos y las comas nada mas, que te pisaste un poco, fuera de eso estuvo genial!

    PD: Tenes 10 puntos para empezar a hacer retos de Relatos! Te recomiendo pasar por la sección y leer de que se trata todo, seguramente te va a interesar.
    http://foro.tierrasdelsur.cc/foro/forumdisplay.php?219-Retos-de-Relatos_



  • @Josema~:

    _Me hisiste enganchar mucho con los relatos! Realmente estan muy buenos, buen vocabulario y tenes mucha facilidad para exprestqarte! Espero que sigas escribiendo muchos más. Cuidado con los puntos y las comas nada mas, que te pisaste un poco, fuera de eso estuvo genial!

    PD: Tenes 10 puntos para empezar a hacer retos de Relatos! Te recomiendo pasar por la sección y leer de que se trata todo, seguramente te va a interesar.
    http://foro.tierrasdelsur.cc/foro/forumdisplay.php?219-Retos-de-Relatos_

    Gracias Josema por la crítica y la buena onda. Las comas sinceramente las pongo apropósito, para que el lector haga una pausa mientras lee cuando yo lo diga. Así lo lee como yo lo escribo realmente jaja!
    Un abrazo y me voy a pegar una vueltita por los retos.



  • La sospecha Terminando el trago, Eluc fue sorprendido por dos guardias de la ciudad que venían con humor para hablar. -¿Eluc?
    -Si, ¿quienes son ustedes?
    -Guardias del Castillo del Rey. ¿Conoces al herrero?
    -A Baltas?
    -El mismo, ¿eres su amigo?
    -Digamos que si… ¿que sucedió?
    -Lo encontramos en su herrería con un puñal en el pecho, sus materiales no están y varias cosas de su herrería tampoco. ¿Conoces a alguien que no lo quiera mucho?
    -¿¡Baltas!? El tenía que darme mi recompensa demonios.
    -¿Que recompensa?
    -Llevé un martillo a Voic ayer, u hoy ya no lo sé… me dijo que volviera por mi recompensa, maldición.
    -Escúchanos con atención, si sabes lo que sea, lo más mínimo… avisas en el Castillo del Rey.
    -¿En el Castillo? ¿Tan importante era Baltas?
    -Él es sobrino del Rey, bah era… ¿Como crees que un herrero conseguiría un edificio así en una ciudad como esta?
    -¿Pero porqué no era rico? Era un hombre humilde y de trabajo…
    -No compartía el mismo pensamiento que su tío… tampoco el de su padre que fue vasallo de nuestro Rey Tancredo.
    -¡Larga vida al Rey Tancredo! -exclamó el otro guardia-
    -En fin, si sabes algo nos avisas, andando.
    Los guardias se retiraron sin hacer ruido, mientras Eluc quedó un poco sorprendido por toda la conversación y la noticia.
    Yendo a la sucursal de finanzas Goliath, se cruzó con algunos luchadores que entrenaban en el edificio de maniquíes, nada fuera de lo normal, los guardias caminaban pensativos y son sus armas quietas en sus fundas sin causar ningún tipo de revoloteo. Caminando hacia la puerta sur, el mercader que había viajado con él apareció.
    -¡Ey tu! ¿Te acuerdas de mi? ¿Vienes a Nix?
    -¿Nix? ¿Donde es eso?
    -Pasando Ullathorpe varios árboles…
    -¿Crees que haya algo interesante ahí?
    -¿Sabes vender pescado? Haha es broma, vamos a fuerte galope tu y yo... no quiero ir solo hasta allí...
    -¿Tu caballo soportará a los dos?
    -Pero claro hombre, este caballo ha sido comprado con varios esclavos, el más fuerte del distrito.
    -Como digas.

    El mercader y Eluc partieron hacia Nix galopando como el viento, algunos lobos corrían pero desistían en el intento de atrapar al caballo, en verdad era veloz.
    Sin sobresaltos y habiendo pasado el cartel que indica Ullathorpe-Nix-Minas el mercader señaló a su derecha y avisó a Eluc que estaban frente a la mansión de Nix, que nunca más fue vendida a nadie por su alto valor en oro.
    Apenas entraron en la ciudad Eluc pidió al mercader que lo deje caminar la ciudad tranquilo, que se volverían a ver en el muelle en algunas horas.
    Caminando y observando a los lugares de la ciudad, se llevó una grata sorpresa al ver que la ciudad tenía buenas defensas en cuanto a hombres, un muelle funcional en su totalidad, mercaderes y bellas mujeres.
    Pasando el muelle casi antes de entrar en las catacumbas de Nix (que conectan esta ciudad con Ullathorpe) un muchacho con una capa en su cabeza y algo de sorpresa preguntó a Eluc si tenía algo de dinero para ayudarle.

    -No tengo con que ayudaros disculpe.
    -¿Y no quieres comprar nada? Quizá quieras ver que tengo para ofrecer…
    -Podría ser...
    -Sígueme -avisó el sujeto-

    Caminaron hacia el este bordeando la muralla y de un árbol sacó un bolsón con algunos objetos. Martillos, dos hachas, lingotes y dos escudos. Definitivamente llamó la atención de Eluc.
    Sin mostrar interés ni levantar sospechas avisó que no deseaba comprar nada y que iría a comprar algunos peces para comer. El hombre algo enfadado cerró el bolsón, lo cargó y se dirigió donde estaba cerca de la entrada a las catacumbas.
    Eluc un tanto nervioso fue hasta el muelle donde podría estar el mercader negociando y así era.

    -¡Peeeez espada, peeeeez espada, una eterna tradición, si quieres darte una panzada, prueba los de esta región!
    -Ey tu, maldición ni tu nombre sé ven aquí -Dijo Eluc un tanto nervioso-
    -¿Que quieres muchacho? Alejas mis clientes…

    -Creo que encontré al asesino de Baltas.



  • La bendición del Rey
    El mercader quedó boquiabierto, de inmediato exclamó.
    -¿Donde lo has visto?
    -Aquí cerca de las catacumbas, tenía muchas cosas de herrero y me pareció bastante sospechoso…
    -¡Vamos a buscarlo, quizá este ahí aún!

    Se dirigieron a buscar al sospechoso y ahí estaba, a un costado de un árbol cerca de las catacumbas.
    -¡Ey tu! ¡Maldito asesino, tu mataste a Baltas! -exclamó Eluc-
    Con ojos de miedo y un poco temblando dijo.
    -¡N-no yo sólo tengo estas cosas, yo no he matado a nadie!
    -¡Mentiras y mas mentiras! Vas a venir con nosotros, avisaremos a los guardias. -dijo el mercader-
    -No he matado a nadie en mi vida, lo juro! Fu- fue el herrero de aquí, no sé ni su nombre…
    -¿Que dices? ¿El herrero?
    -Si, él lo mató... ¡PERO NO DIGAN QUE YO LES DIJE POR FAVOR O ME CORTARAN LA CABEZA!
    -¿Porque querría él matar a un herrero en Banderbill?
    -¿Acaso crees que aquí en Nix se trabaja tanto como allí? ¡Aquí el herrero se moría de hambre... él sólo quería ocupar el edificio de herrería en la ciudad del Rey y ser el herrero del mismo!

    Tenía razón, él no había sido.
    -Ey, y tu como te llamas? -dijo Eluc al mercader-
    -Noys, ¿de verdad no sabías mi nombre?

    -De verdad, bien, quédate con este muchacho, iré a buscar a los guardias y me dirigiré al herrero.
    Noys asintió con la cabeza y Eluc fué a la iglesia donde había dos guardias en la puerta.
    -Caballeros, ¿están enterados del asesinato en Banderbill?
    -Así es muchacho, ¿tu como sabes?
    -Baltas era "amigo" mio, y he encontrado a su asesino.

    Los guardias se miraron entre sí y preguntaron.
    -¿Estas seguro que lo sabes?
    -Si, y tengo mis fundamentos, un pillo de aquí cerca me lo contó, el herrero de aquí de Nix lo asesinó para ocupar su lugar en Banderbill…

    Los guardias y Eluc fueron hasta la herrería, mientras el herrero adentro trabajaba.
    -¡Ey tu! ¡Asesinaste a Baltas! ¡Dinos la verdad! -dijo un guardia-
    -¿¡Que yo que!?

    -Si, me lo contó el muchacho al que le diste esas hachas, los lingotes y demás materiales de herrería… ¿Así que querías ocupar el lugar de Baltas ahí en Banderbill eh?
    -Están equivocados señores, no sé de que hablan y no conozco ningún Baltas.
    -El guardia se acercó con su espada en la mano y la colocó en el cuello del herrero, haciendo una última pregunta.

    -¡Dime la verdad si no quieres que te saque la cabeza de cuajo!
    -Ahhh no me mates, está bien esta bien, fui yo pero él se lo merecía!
    -¿Por qué se lo merecía maldito? -dijo Eluc mientras le dio un golpe de puño-
    -¡Agg, el tenía el lugar perfecto, trabajaba para el Rey y yo aquí haciendo dagas para los ladrones de los bosques, maldita sea!

    -¡Basta de charla, te llevaremos a Banderbill y pasarás el resto de tu vida en una celda mugrosa!
    Los guardias encadenaron al asesino y lo subieron a una carreta con cinco guardias más. Un clérigo de la iglesia de Nix se sumó. Noys se quedó en Nix para seguir con la venta de Pez Espada, mientras que Eluc subía a la carreta para ir hasta Banderbill.
    Sin problema alguno y a una velocidad record llegaron a Banderbill. La puerta levadiza bajó y la carreta se adentró. Fueron hasta el Castillo del Rey.

    Eluc se bajó y preguntó por los dos guardias que habían ido a verlo en el Mesón Hostigado, de inmediato llegaron.
    -Caballeros, he traído al asesino de Baltas.
    Atónitos miraron a la carreta y vieron un hombre encadenado con guardias a sus costados.
    -¿Como sabes que es él?
    -El mismo lo confesó, envidiaba el lugar y el trabajo de Baltas.
    -Lo pagará caro.

    Los guardias entraron sin hacer ruido y salieron con un hombre viejo de gran porte y armadura reluciente, su capa con un águila en la espalda brillaba como el mar y su barba estaba tan cuidada como los jardines de su ciudad. Sin dudas era Tancredo el Rey de Banderbill.
    -Los guardias se agacharon con máximo respeto mientras el Rey llegaba, miró a Eluc con una sonrisa tímida y se acercó a la carreta.
    -Entonces fuiste tu…
    -S-señor lo sien- -La espada de plata del Rey se incrustó en el pecho del herrero, acto seguido la dio para que la limpie a un guardia agachado-
    Eluc, el clérigo y los guardias se quedaron inmóviles.
    -Perdone usted monje, no quería hacer esto frente a usted pero este hombre asesinó a mi sobrino y no iba a perdonarle la vida. -dijo el Rey-

    El clérigo asintió con la cabeza mientras recitaba algunas palabras en voz baja.
    Eluc se bajó y la carreta con algunos guardias y el cuerpo del herrero asesino siguieron camino hasta perderse detrás del Castillo.

    -¿Tu encontraste a este hombre? -dijo Tancredo-
    -Así es mi señor, conocí a Baltas hace poco tiempo y era un buen hombre.
    -Lo sé, lo sé… tendrás noticias mías pronto muchacho, que los Dioses te sonrían e iluminen tu camino.

    Eluc quedó perplejo luego de recibir la bendición de un Rey, los guardias lo miraron con un poco de envidia sana pero no más que eso.
    Los soldados que custodiaban el castillo se dispersaron en poco tiempo, dejando a Eluc sólo a un costado del mismo.
    No tardó en llegar la noche, y este muchacho decidió ir a la posada a descansar un poco, conocer al Rey lo había dejado en el aire.



  • Mi viejo amigo Moen….Ambos game master en otras tierras, lindos eventos hacias con tu roll master 😉 , buenos tiempos los nuestros, que bueno reencontrarnos en estas tierras, muy buena tu historia, que gane el mejor en el torneo de relatos!!!



  • Gracias compañero, no quería jugar reto de relatos porque que se yo… no lo veo como un reto escribir para ganarle a otro, si escribo es por diversión, pero no niego que me gustó el tema y bueno ahí estamos. Jajaja tres horas después de que Josema dio el tema, ya la había mandado! jaja que fanático.



  • @MO:

    Gracias compañero, no quería jugar reto de relatos porque que se yo… no lo veo como un reto escribir para ganarle a otro, si escribo es por diversión, pero no niego que me gustó el tema y bueno ahí estamos. Jajaja tres horas después de que Josema dio el tema, ya la había mandado! jaja que fanático.

    Jajaja ¿A las 3 horas? Jajaja que inspiración bien ahí, yo estoy armando la historia en mi cabesa cuando me aburro en el cole y después la plasmo jaja.
    Buena suerte ^^ , se viene el choque de titanes ?)



  • Cita con el Rey
    A la mañana siguiente en la ciudad de Banderbill llovía fuertemente sin cesar, Eluc se vistió y fumó un poco de su pipa, luego salió a caminar por la ciudad. Conoció el negocio de magia donde un mago alto y con una gran y delicada barba conjuraba en silencio mientras el mercader vendía algunos hechizos a los transeúntes.
    Caminó y visitó el taller del alquimista, una bella mujer con aires oscuros mezclaba líquidos y vertía su contenido en una gran cacerola, al ver a Eluc que merodeaba por ahí preguntó.

    -¿Deseas algo en especial muchacho?
    -Oh no no, sólo estoy recorriendo la ciudad.

    La mañana pasó volando y la lluvia no terminaba de caer, caminando hacia el norte encontró el edificio de entrenamientos que desde la posada miraba a través de su ventana. Los pequeños aprendían a golpear con espadas de práctica a muñecos de entrenamiento, mientras algunos otros practicaban tiro al blanco.
    A Eluc llamó a su atención el invocador que con sólo algunas palabras invocaba lobos, goblins, serpientes y hasta escorpiones.

    -Disculpe caballero, ¿como es que invoca estas criaturas?
    -Oh no puedo decírtelo muchacho, pero si quieres luchar con alguna de ellas sólo debes pedírmelo.
    -Entonces que así sea, quiero luchar con un lobo.
    -¡Excelente!

    Dijo unas cortas palabras y el lobo temible apareció desde una nube, Eluc sin dudarlo lanzó un golpe con su espada que decapitó al lobo en un instante, acto seguido el cuerpo del mismo desapareció.
    -Vaya vaya, tenemos un gran luchador por aquí, ¿como te llamas?
    -Soy Eluc, hace poco tiempo que llegué a la ciudad, ¿como es tu nombre?
    -Bral el invocador me dicen algunos, pero sólo llámame Bral. ¿Y dime que haces por estas tierras?
    -Llegué en una barcaza al puerto de Banderbill hace algunos días, vine en busca de algunos trabajos y trato de poder asentarme aquí cerca.
    -Oh, es difícil asentarse aquí, deberías hacer favores al Rey o alguno de sus súbditos. No suelen otorgar viviendas a los forasteros.
    -Conocí al Rey ayer, fuí quien encontró al asesino de su sobrino.

    -¿¡Fuiste tu el que lo encontró!? Hubiéramos empezado por ahí muchacho, ya tienes un pié adentro, no todos los días encuentras un asesino de tal importancia, verás… como recomendación aléjate de la alquimista, no es una buena persona. Sólo está aquí porque hace buenas pociones, sólo por eso.
    -Bien, lo tendré en cuenta, ¿algo más que puedas decirme a cerca de este lugar?
    -Mmmm no, creo que nada más por ahora, los guardias son fieles, los sacerdotes tambien… mmmm... en magia está Vlus Nâsic, lo conocerás por su larga barba. Es un anciano que no dudará en ayudar a quien lo necesite y tiene tantos conocimientos como el que más. Es quien escribe los hechizos de Apocalipsis y Descarga Eléctrica... ¿o acaso crees que se hacen solos?
    -Vaya.. no sabía eso. Excelente información Bral, aunque debo dejarte pues no quiero que pase más tiempo sin conocer este bonito lugar.
    -¡Que así sea muchacho y felicitaciones por el logro! -guiña su ojo-
    Eluc salió del edificio de entrenamientos e invocaciones, cuando un guardia lo interceptó.
    -Caballero, el Rey quiere veros.
    -Oh, de inmediato.
    -¿Irás con esas pintas? Como sea, andando.

    El muchacho no podía creerlo, entrando al Castillo del Rey, una alfombra heráldica enorme que iba desde la entrada hasta el trono real era todo lo que veía. Columnas de mármol y candelabros con velas enormes iluminaban el lugar. Sacerdotes y fanáticos religiosos rondaban por las inmediaciones sin hacer más mínimo ruido.
    Caminó siguiendo la alfombra y llegó hasta una puerta de roble, los guardias que la custodiaban abrieron la puerta y acto seguido la cerraron sin hacer ruido. Un hombre con cabellos rubios y largos estaba sentado sobre una silla de hierro con detalles en plata y oro, su armadura era conocida como su capa… él era el Tancredo, el Rey de Banderbill.
    El muchacho agachándose se apoyó sobre su rodilla derecha y con la mirada al suelo dijo.

    -Mi señor.
    -Eluc, nos hemos vuelto a encontrar. ¡Bienvenido seas al Castillo Noy de Tancredo de Banderbill, mis bendiciones caigan sobre ti y que la luz os acompañe!

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  • Castillos y Vasallos

    Eluc no podía creer lo que sucedía, un Rey dándole sus bendiciones era más de lo que podía esperar.
    -Muchacho, te he citado porque creo que eres el indicado para esta clase de aventuras… o trabajo, dile como gustes. Namëan, vasallo de quien te habla, busca hombres fuertes y fornidos que estén dispuesto a todo (Mientras esté dentro de la ley). Su castillo ubicado al este del mio en las afueras de Banderbill es el lugar de encuentro. Podrás ir hasta allá y deciros que os he enviado, te dejarán entrar sin preguntar. Su castillo crece día a día, los aldeanos están felices y contentos... y yo también. Necesita estar listo para atacar la guarida de los ladrones que tanta riqueza nos han robado y dolores de cabeza creado. A pesar de que sus habilidades no son muchas y sus ropas son más bien harapos... saben usar el arco y conocen el bosque como pocos. Esta misión se la he pedido yo personalmente a Narmëan, y personalmente pido que os unáis a su castillo, él preguntó si conocía gente de confianza, y aunque poco tiempo hace que lo conozco, sé que harás un buen trabajo. Al traer frente a mi al asesino de mi sobrino Baltas... has ganado un gran aliado. No pierdas tiempo y dirígete donde os he dicho, el resto de la historia podrá contarla él.
    Sin mucho que decir, Eluc se inclinó ante el Rey nuevamente y sin palabra alguna salió del castillo en dirección al este.
    No pasaron algunos minutos y él ya veía el castillo del vasallo del Rey, se acercó y un guardia desde una torre de la entrada preguntó.

    -¿Necesitas algo forastero?
    -Vine a ver a Narmëan, el Rey Tancredo de Banderbill me ha enviado.
    -¿El Rey? Aléjate un poco muchacho ¡Abran la puerta!

    La puerta levadiza bajó lentamente y acto seguido se adentró. La gente del castillo lo miraba con atención sin perder detalle. Mientras tanto un guardia se acercó y dijo.
    -Caballero, lo acompaño hasta la sala del trono.
    -Que así sea.
    Caminaron y luego de subir una escalera con no muchos escalones los guardias que custodiaban la puerta abrieron la misma y dejaron entrar a Eluc. El salón estaba hecho de piedra, con algunas antorchas en sus paredes que iluminaban los bellos rostros de unas doncellas que había cerca divisó al Rey del Castillo, un elfo de gran contextura a pesar de su raza que con voz amigable dijo.
    -¿Quién eres muchacho?
    -Tancredo de Banderbill me ha enviado mi señor, estoy aquí para ofrecer mi espada.
    -¡Buenas noticias entonces! ¡Bienvenido a mi castillo colega! ¿Tancredo te ha contado algo?
    -Dijo que sería para terminar con los ladrones del bosque que tanto han causado molestias, ¿es así?
    -Lo es, y muchas molestias por cierto. Esos hombres no saben vivir del trabajo y mucho menos de batallas justas. Sólo se dedican a entorpecer las caravanas y asesinar a nuestros aldeanos que nada tienen que ver… en fin... muchos hombres y mujeres han muerto por las flechas de estos trogloditas, y el momento de poner fin a esto ha llegado. Elegí un grupo de treinta mercenarios, algunos fueron granjeros, otros grandes guerreros pero todos tienen el mismo objetivo, servir al Rey. Así que... ¿Que dices?

    -Mi señor, el filo de mi hoja os pertenece.
    -¡Ahhh eso quería escuchar!



  • _Una misión inesperada

    -Colega, ¿puedo llamarte colega? No perdamos más tiempo y recuerda que esta misión por pequeña que sea no será fácil, aunque irás acompañado de grandes personalidades.
    Preséntate como mi mercenario en la armería, te darán lo que necesitarás. ¡Ah! Y no te olvides de volver a verme cuando termines._
    Eluc salió volando de ahí y fue en busca de dicha armería, llegando vio un guardia que preguntó.
    -¿Deseas algo?
    -Vengo como mercenario de Namëan.
    -Excelentes noticias, sígueme y toma lo que necesites.

    Abrió la vieja y pequeña puerta de la armería con una llave bastante inusual, el guardia se adelantó en la oscuridad y encendió una antorcha que había colocada a un lado.
    Gracias al fuego se vieron armas de todo tipo colocadas en las paredes, algunos cascos, armaduras y escudos con insignias del Rey también estaban ahí.

    -¿Puedo tomar lo que deseé?
    -Claro muchacho, ahora somos compañeros.
    -Que así sea entonces.

    De inmediato tomó un escudo redondo con remaches que tenía un águila en el centro. Una espada larga de una mano bastante afilada brilló y llamó la atención de Eluc, que no dudó en tomarla y colocarla en su funda. Un casco completo de varios que había, estaba bastante nuevo y no tenía abolladuras, y por último lo mejor, una armadura pesada de placas que tenía una capa un poco rota en las puntas pero no dejaba pasar por alto un martillo en forma de cruz color dorado.
    Con un escudo fuerte, una espada afilada, un casco prácticamente nuevo y un armadura de ese tipo… su anterior equipo quedó obsoleto. Preguntó si podría dejar sus antiguas cosas ahí para servicio de los demás y el guardia asintió con la cabeza.
    Saliendo de ahí parecía un caballero de la mesa redonda misma, ja. Con una capa azul como la que tenía... era seguro que los mendigos y ladrones se le pegarían como mosca al estiércol.
    Volvió a la sala de Namëan y este lo recibió sorprendido por la vestimenta que había adquirido.

    -Vaya vaya vaya… ¿eres tu? Haha es broma, recuerdo ese equipamiento... era el reglamentario de hace algunos años, aunque aún siguen haciéndolo en Banderbill... bah, o lo hacían... Con Baltas muerto ese equipo es único, no creo que vuelvan a hacerlo.
    Eluc estaba sorprendido por demás, todo lo que tenía lo había hecho el buen Baltas…
    -Wow, me deja atónito mi señor, no sabía que esto lo había hecho él…
    -¡Nadie podría haberlo hecho de mejor manera, ese enano era un genio! ¡Él enseñó a los dioses sobre su arte…! A pesar que me encantaría poder seguir charlando sobre Baltas creo que será mejor que tomes un caballo del establo... es grande y hay caballos fuertes y modestos, ahí estará el resto de tu compañía.
    Eluc, desde este momento estás al servicio del Rey Tancredo de Banderbill y sus vasallos. Narmëan señor del Castillo de Trone os desea una próspera batalla, riqueza y futuro. ¡Por Inmar*!
    Caminando hacia el establo y rebosante de alegría divisó el grupo de hombres que lo acompañaría en este pedido del Rey. Algunos cantaban y otros se alejaban para estar solos, equipados hasta los dientes los soldados esperaban al número treinta para partir.
    Al llegar los soldados avisaron
    -¡El último está aquí!
    Cuando llegó al grupo se acercaron cerca de seis soldados de diferentes razas y con bebidas en las manos gritaron.

    -¡Torve!
    -¡Maldir!
    -¡Oros!
    -¡Nabaril!
    -¡Rurandil!
    -¡Mo Thar!
    -¡Eluc!
    -respondió-
    Notó que había un enano en el grupo, algunos elfos, también humanos y un orco.
    Los demás caballeros saludaron vagamente con la cabeza y sin mediar diálogo alguno fueron en busca de los caballos.
    Había veintidós caballos para los treinta, por lo tanto algunos fueron acompañados. Eluc sin decir palabra se subió a un caballo primero y justo después se subió el orco.

    -¡Yo Oros! ¿Tu Eluc?
    -Yo Eluc, tu Oros, así es.
    -¡Yo gustar mucho oro, comprar cosas bonitas!
    -Haha, a todos nos gusta el oro colega. ¿De ahí el nombre, cierto?
    -¡Tu adivinar hahaha!

    Entre los caballos había uno que sobresalía a la vista, era un corcel con una armadura un poco simple pero armadura al fin, montado iba un hombre mayor que no vestía armadura, sólo un hombre que en pleno galope pronunciaba unas palabras en un idioma que Eluc no conocía.
    Partieron desde el Este de Banderbill hacia el Sur que era la ubicación de los ladrones que debían encontrar.
    En pleno camino cruzando el bosque los treinta caballeros calmaron a los caballos para ir más lento y que hagan menos ruido, pues los bandidos en los bosques no son broma y menos cuando se va tan bien vestido.
    Silbidos y ruidos de pájaros se escuchaban, las ramas sonaban entre la oscuridad y la bruma de la noche, la luna llena alumbraba sin escatimar y los caballos terminaban de adornar la escena con ese sonido tan particular.
    El caballero montado que iba primero hizo una seña con la mano y todos quedaron quietos.

    -La guarida está ahí, ¿pueden verla?
    Estaba lejos pero se veía una entrada con algo de luz gracias a un fuego que había hecho.
    -¿Todos listos?
    -Listos! -dijeron todos en seguidilla y con rapidez-



  • Espadas y cerveza

    Cabalgando a gran velocidad los treinta caballeros desenfundaron sus armas y escudos para avanzar sobre la cueva, de inmediato un grito con voz masculina sonó entre los árboles y una lluvia de flechas se avecinó sobre los atacantes.
    Las armaduras y cascos eran fuertes contra las afiladas flechas de los bandidos, algunas no llegaban a traspasar y otras se rompían al contacto con las placas.
    Una segunda lluvia de flechas llegó y dos de los treinta cayeron de sus caballos con algunas heridas no muy graves.
    Entraron en la cueva con lo caballos chocando de frente a los varios hombres que había cerca del fuego, los gritos se oían y las armas chocaban con otras armas, sangre y caballos relinchando, caballeros caídos y ladrones muertos, flechas perdidas que burlaban las armaduras y escudos.
    Eluc estaba en medio del desastre, sus compañeros luchaban sin parar aún defendiéndose de las flechas que venían desde los árboles que rodeaban la cueva. Sin dudar corrió con su escudo de frente y abalanzó contra dos arqueros que estaban con sus arcos, la espada de Eluc atravesó una vez a cada uno y bastó para que caigan muertos en la hierba verde.
    Habían cinco arqueros escondidos más del otro lado de la caverna y viendo como sus colegas casi terminaban de matar a los ladrones que habían dado lucha cerca del fuego bordeó el centro de la batalla y se acercó furioso azotando con su escudo a otro tirador.
    Sin oportunidad el ladrón quiso lanzar una flecha a Eluc con rapidez pero éste ya tenia una espada clavada en su abdomen.
    El muchacho volteó y vio como sus compañeros terminaban de asesinar a los arqueros que quedaban. Los vencedores, la victoria.
    Algunos recogían flechas, virotes y piedras de afilar que tenían los bandidos, mientras Eluc se acercó a los demás y elogió las habilidades de lucha de varios.
    El anciano, que tenía su caballo con armadura se acercó y dijo.

    -La victoria está aquí caballeros.
    Le vitoreo de los combatientes cesó luego de algunos minutos mientras seguían revisando los cadáveres y los caídos. Eluc se adentró en la caverna y notó un pequeño saco con algunas monedas de oro. Sin dudarlo lo tomó con fuerza y lo metió en su bolsa.
    La vuelta al Castillo de Namëan fue tranquila, en orden ingresaron en dirección al salón de su Señor y éste salió a recibirlos con los brazos abiertos y de muy buen humor.

    -¡Ohhhhh esto sólo quiere decir una cosa!
    El anciano se acercó y dijo.
    -Mi señor, estos hombres lucharon como verdaderos guerreros.
    -¡Ya lo creo Mögas! ¡Ya lo creo! Estos ladrones no volverán a molestar a nuestras caravanas… y aquí está su paga.
    Hizo un chasquido con sus dedos y una señora avejentada se acercó con algunas ropas colgadas en sus brazos. Narmëan besó a la señora en la mejilla y tomó las ropas, efectivamente eran tabardos heráldicos. Se acercó y uno por uno fue entregado en mano a los combatientes. No todos eran iguales, algunos tenían dragones azules con fondo blanco y otros dragones dorados con fondos azules. Ninguno tenía más jerarquía ni mucho menos, sólo eran diseños diferentes.
    Eluc recibió uno con el dragón dorado y luego de ver como los demás recibían estos tabardos dijo.
    -Mi señor, esto es más de lo que puedo esperar.
    -¡Eluc! A parte de quedaros con lo que tomaron en la armería… ¡Esto no es nada! Daremos un banquete en el Mesón Hostigado.

    Risas y festejos se oían mientras algunos se dispersaban, Eluc volvió a dar las gracias y se dirigió a Banderbill, en dirección al banquete.
    La gente comenzó a llegar y nuestro muchacho ya había dejado su armadura y demás guardadas bajo llave, sólo llevaba un cuchillo afilado, pues nunca sabes cuando debes defenderte.
    Algunos guerrero que lucharon el él comenzaron a llegar, se sentaban, cantaban y disfrutaban de bebida gratis. Narmëan se hizo presente y festejaron durante horas, el cantinero atendía a los caballeros a mas no poder, casi haciendo más de lo que podía.
    Luego de varias cervezas y aguamiel, se sentaron todos en ronda con Narmëan incluido y comenzaron a presentarse cada uno y explicar de donde venía o que buscaba aquí.


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