Historia de un rufián.


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    Bueno, espero les guste.. Es algo extensa, todas las críticas serán bien recibidas.

    Historia de un rufián.

    Las sombras son mi vestimenta y la noche mi compañera.. Mi nombre es Edmund Lefferin, pero puedes llamarme Thalef..
    ¿Que puedo decir acerca de mí?. Solo soy un viajero anciano con algunas artimañas, je je.. Alguna vez he trabajado junto a mi padre en su modesta finca, en un principio solo me dedicaba a espantar a aquellas aves y otras alimañas que acechaban nuestras cosechas y a recoger los huevos que nuestras escazas gallinas empollaban. Cuando la pubertad alcanzó mi cuerpo y éste evidenció muestras de cierto desarrollo, mi padre me encomendó las tareas del arado.
    Si bien la fuerza es una característica que jamás habría de manifestarse en mí. He sido dotado de una agilidad considerable. Y mi madre se ha encargado de cultivar la astucia y la picardía en mi esencia. Tal era mi confianza, que a veces dejaba escapar a las crías del ganado, para capturarlos sin ayuda de caballo alguno. Lo hacía una y otra vez, mi familia congregada en las puertas del corral reía y aplaudía ante mis hazañas.
    Nuestra pequeña finca, quedaba en las afueras de una pequeña aldea. Los centros urbanos eran mitos de los que oíamos cuando algún que otro juglar llegaba al pueblo a relatar las recientes novedades en otras partes del mundo. Si bien la distancia nos mantenía alejados de las grandes novedades, no escapábamos a las cargas impositivas del magnánimo soberano y sus deseos de ensanchar las arcas reales..
    Con frecuencia (demasiada) acudía a nuestra finca, el poco agradable recaudador de impuestos Salvatore, con una sonrisa burlona y escasos modales, escoltado por dos guardias provistos de corazas, espadas y un látigo para obtener la obediencia. Acosaba a mis padres con la exigencia del pago del tributo y amenazaba con grabar el sello real en nuestra carne con la ayuda de un hierro candente. Mi padre debía pagar un tributo en monedas de oro que obtenía a través de la venta de las cosechas en el mercado de la aldea, y otro tributo en porciones de lo cosechado. Por lo tanto, poco quedaba para alimentar nuestras flácidas y débiles carnes. Hace una estación debimos vender nuestros dos viejos bueyes para obtener algunas monedas y saciar así, la sed de riquezas de nuestro soberano y su poco agraciado recaudador.

    Poco a poco, los tiempos se tornaron difíciles, la natura no ha sido generosa con nosotros ni el resto de la aldea. La prolongada sequía y nuestras rudimentarias herramientas no han contribuido a mejorar la situación, obteniendo por resultado pobres cosechas, mi padre ha obtenido muy poco dinero y ni siquiera podríamos pagar el tributo. Hemos recurrido a la venta de nuestras gallinas y a vender algunas de nuestras pertenencias, pero sin embargo nuestra modesta condición no fue de gran ayuda.

    El recaudador no tardó en llegar. Pronto se bajó de su caballo, con su tradicional escolta, una pequeña gracia del señor imperial.
    Atravesó la cerca y pronto se dirigió a través del huerto hasta la entrada de nuestra morada. Sacudiendo la puerta a golpes logró que ésta cediera. Pronto agachando su cabeza sin dificultad alguna ingresó a nuestro hogar. Hizo su habitual presentación y exigió el pago del tributo. Mi padre, observó sorprendido. No lo esperaba tan pronto, con la sorpresa aún en el rostro, se vio obligado a solicitar una prórroga.

    -¿Acaso estás sugiriendo que no tienes el dinero para pagar al todopoderoso?.-Sonrió Salvatore

    -Las constantes sequías, y la falta de animales han afectado nuestras cosechas. Te lo pido Salvatore, pronto se lo pagaremos.
    El látigo resonó sobre el hombro de mi padre, dejando ver debajo de su vestimenta, una delgada línea de color carmesí, haciendo que la tela de su hombro se pegase a su cuerpo lesionado.. Mi padre guardó silencio, mientras Salvatore vociferaba.

    -¡El señor no tolera holgazanes, ni tampoco acepta una ofensa de este tipo!.. ¿No quieres ser malagradecido con nuestro señor, no es verdad Raymond?.¿ No quisieras que él se enfurezca no?.

    -Por supuesto que no, Salvatore. No quisiéramos ofender a nuestro señor.

    -Entonces, paga el dinero que debes insolente!- Vociferó, descargando un azote que dio en su pecho, esta vez la sangre saltó y se dispersó en el aire en un pequeño rocío. Observamos aterrorizados ese espectáculo mientras el silencio colmaba el ambiente. Podía sentir sollozar a mi madre, quien observaba fijamente con pequeños temblores en sus manos.
    Pronto la mirada de Salvatore se detuvo en ella y la contempló en su plenitud. Pude ver como la observaba, lo vi desearla. Sus rizos dorados que caían en pequeñas ondas sobre sus hombros. Aunque llevaba una vestimenta sencilla, su belleza sobresalía. Él podía ver sus ojos, como la miel más dulce del panal, protegidos por una bella y bien nutrida capa de pestañas. Sus perfectas facciones, su pequeña nariz respingada, mejillas ruborizadas , labios perfectamente delineados y carnosos con un tono rosado como flores del bosque, que sobresalían en contraste con su blanca piel característica de aquellas gentes del norte, donde el frío es tan común como las aves en el cielo y su piel es blanca como la nieve.
    Salvatore por un segundo olvidó el flagelo hacia mi padre y se acercó a ella.. Pronto la tomó del brazo y la puso de pie.

    Quizás…-Dijo, saboreándola con la mirada, relamiéndose- Si puedas pagarme después de todo, Raymond.
    Acercó sus labios al rostro de mi madre, ella agachó el suyo en un intento de esquivar ese atrevimiento.
    Pronto mi padre reaccionó furioso.
    -Gusano!.. Maldita rata, pasional!.. No serías capaz!.

    -Calla!- Dijo, descargó nuevamente sobre el su látigo y ordenó a los guardias que lo retuvieran.
    Concentrándose nuevamente en aquella mujer que tenía en sus brazos dijo relamiéndose:

    -Después de todo Raymond, ésta paga vale mucho más que tus monedas y tus estúpidas cosechas.
    Pronto deslizó su mano y abrazo la cintura de aquella mujer que sostenía en sus brazos. Ésta gimió y forcejeó, pero era inútil, él la retenía fuertemente con sus brazos, como si se tratara de grilletes sumamente reforzados.

    Intentó cumplir con su cometido nuevamente. Pero fue interrumpido por un impacto seco en su cráneo, el tiro dio en el blanco. Desde el otro lado de la habitación, lancé una de los enceres de mi madre e impactó justo donde deseaba. Salvatore retrocedió torpemente y cayó al suelo, con la sangre corriendo sobre su frente sudorosa.

    -Mocoso estúpido!! ¿Que haces?!.- Pronto se puso de pie tambaleándose y cargó hacia mí.
    Me escabullí debajo de sus piernas y escapé de su alcance. El dio la vuelta, como si se tratase de una bestia furiosa y miró a sus guardias, podía notar que una gran vena en su frente se hinchaba y palpitaba con fuerza.

    -¿Que hacen idiotas?! Atrápenlo!. ¡Lo azotaremos hasta el cansancio, luego imprimiremos el sello real en su frente, para que no olvide a quien pertenece!
    Ambos guardias soltaron a mi padre y salieron en mi búsqueda. Dada mi posición, decidí huir hacia la cerca y obligar a las autoridades reales a seguirme. Los guardias desenvainaron sus espadas y pronto corrieron tras de mi. No fue sencillo, pero tuve que utilizar todo mi ingenio para burlarlos. A toda velocidad, con el impulso trepé a uno de los grandes árboles que se erguían próximos a la entrada y los observé desde allí. Uno de los guardias se acercó al árbol, mientras el otro aguardaba las órdenes de Salvatore.

    Desde el árbol, me arrojé sobre uno de los guardias. Caímos juntos al suelo, pero rodé con algo de ligereza y me apoderé de su espada. Pronto el guardia se veía desprovisto de su arma y se encontraba completamente indefenso.

    -Devuélvemela joven. Y prometo ser indulgente contigo-Dijo el desarmado soldado.

    Nunca antes me había desempeñado con una espada, y sería poco inteligente trabarme en combate con hombres que han sido instruidos en el arte de matar a sus semejantes.

    El recaudador se aproximó tomando su látigo y dijo -Estás en problemas mocoso… Pensándolo bien, creo que tu cabeza junto a la de tu familia en una estaca, decorando la entrada de la ciudad de Banderbill sería un grato presente para el soberano..
    Pronto me postré, agaché mi cabeza y clavé la espada en el suelo, como signo de capitulación. Salvatore sonrió aproximándose, no se había molestado en detener la hemorragia que manaba de su cráneo.

    -Bien pequeño.. Veo que eres inteligente después de todo.. Sabes lo que es conveniente para ti-.

    Allí estaba el, aproximándose, desenrollando su extenso látigo de cuero con pequeños trozos de hueso en sus extremos, que desgarraban la carne al azotarla, garantizando que el acto punitivo sea un verdadero festín.
    El recaudador se aproximó lo suficiente. Podía sentir su respiración agitada. Extendió su brazo como para azotarme, cuando tomé un puñado de tierra y lo arrojé a su rostro.
    Salvatore bramó desenfrenadamente llevándose las manos al rostro y sacudiéndose de un lado a otro. -¡¿Que has hecho imbécil?! ¡Maldito diablo!

    Tomé la espada fijamente sostenida en el suelo y me deslicé con velocidad, no fue difícil hacerme con su extenso látigo de cuero reforzado. El guardia me miró atónito y cargó contra mí. Pero frenó abruptamente cuando sacudí violentamente el látigo contra él. Era evidente que mis conocimientos en el combate eran muy pobres, pero no me resultaba complicado manipular aquel objeto extraído del desafortunado recaudador que se debatía por calmar el malestar que instantes atrás le causé.

    Pronto, ambos comenzamos a caminar en círculos, el guardia empuñaba su espada mirándome fijamente. Yo sostenía el látigo en una mano, y en la otra empuñaba la espada robada al indefenso guardia que nos rodeaba. Tras una serie de movimientos, el guardia decidió atacar. Lanzó una serie de ataques sucesivos que fueron difíciles de esquivar, sin embargo lo único que podía hacer para mantenerme con vida, era moverme y evitar la hoja de aquella espada, puesto que medir nuestras fuerzas me colocaría en una clara desventaja. Pronto extendí el látigo y éste se enrolló en su espada, dejándola inutilizada, sin embargo, el guardia se rehusaba a soltarla. Con la espada extendida, el guardia se aferraba fuertemente a la empuñadura. Fue allí cuando improvisé una estocada con la espada, en un torpe intento de incrustar el extremo en el pectoral del soldado.
    Un hombre, entrenado en el combate sabría claramente que un ataque tan básico como ese no representa peligro alguno. El soldado, sin desprenderse de la empuñadura de su espada se hizo a un lado y esquivó con facilidad la estocada. Con algo de esfuerzo, improvisé otro ataque tras mi intento fallido, pero el guardia volvió a esquivarlo. Debía utilizar mi astucia, el guardia sonreía bajo su yelmo. Creo que casi se deleitaba ante este absurdo oponente. Pronto, tensé el brazo que sostenía el látigo envuelto en la espada y lo atraje hacia mí.. El guardia sintió la tensión y opuso resistencia, sosteniendo con firmeza la empuñadura de su espada inutilizada. Bien.. Era el momento, lancé un ataque vertical. Si no cortaba su torso, al menos cortaría su brazo. El oponente abrió sus grandes ojos marrones y soltó la empuñadura dando un salto hacia atrás.
    Sonreí triunfal, mientras dejaba a un lado el látigo y tomaba ambas espadas con mis manos. Los guardias observaron circunspectos y me rodearon.

    Una vez Salvatore se deshizo de su malestar, gruñó y se dio media vuelta. Dio un golpe a uno de sus escoltas y le ordenó que se retire. Éste se sobresaltó, y miró a su compañero con claros signos de vergüenza y resignación.
    Salvatore montó su caballo, me miró con ojos centelleantes y dijo:

    • Volveré por ti rata escurridiza.

    Pronto ambos se retiraron a todo galope.
    Arrojé ambas espadas al suelo y me derrumbé jadeando.. El corazón palpitaba en mi pecho como si fuese a estallar. Luchaba por Respirar grandes y extensas bocanadas de oxígeno, mientras miraba el cielo. Miré hacia mi hogar, y mi madre observaba desde la puerta.
    Desde aquel entonces, he sido proclamado enemigo del imperio. He sido conocido como un criminal y hereje. Los pregoneros imperiales ofrecen 15.000 Drents de oro por mi cabeza. Hemos tenido que abandonar la pequeña finca y dedicarnos a una vida errante. Abandonar el hogar resulta triste, pero no tardamos en acostumbrarnos a ella. Vivimos de la caza, la pesca y de la recolección de frutos, pasamos algún tiempo asentados en algún bosque profundo. Pronto emprendemos el viaje hacia tierras al Este.
    Yo, he decidido explotar al máximo mis habilidades. Con alguna frecuencia, visitábamos algunas ciudades y condados. Me escabullía entre las multitudes y me apoderaba de los pequeños sacos de oro de pobres desprevenidos. La vida errante es dura, ellos podrán entenderlo..

    Años después:

    Me encontraba posado en las altas ramas de un árbol a la vera de un amplio sendero. Pronto pude divisar un carro que se desplazaba con mucha pompa y a un lento galopar, por la belleza, el cuidado de sus corceles y los delicados detalles de la carrocería, debía tratarse de algún funcionario imperial, iba escoltado por cuatro guardias montados.
    Sonreí y me dije suspirando.

    -Ahhhhh.. En marcha.

    Tomé algunas flechas con sus puntas cubiertas de cuero de jabalí. De esa manera, el veneno de culebra se mantenía fresco, una pequeña dosis no mataría a un hombre con facilidad, pero al menos lo dejaría postrado y débil por un tiempo. Tensé el arco y aguardé paciente. Contuve mi respiración por un instante para obtener mayor precisión. Las plumas del proyectil rozaban mis labios, y mi brazo temblaba a causa del esfuerzo por mantener la tensión del arco. La primera flecha salió disparada y atravesó el aire con un silbido apenas perceptible, seguido por un grito ahogado y un golpe seco. Un jinete cayó inerte al suelo…...............................

    Tiempo después, me encontraba deleitándome frente a una pequeña fogata con el opulento botín.
    -Después de todo…-Me dije-Ésta vida no está tan mal-. Sonreí y guardé los preciados objetos en un saco de cuero, mientras me disponía a devorar un trozo de jabalí asado acompañado por un buen jarro de vino.



  • **Fué entretenido y dinámico, me gustó el desarrollo de la batalla. Thalef comia el jabali, espero que no lo halla cazado con las flechas envenenadas 😮 se va a descomponer xD

    PD:Elto editor debiste tener….

    PDD:Sabes que quiero preguntar eso no??? No lo pregunto porq seguro lo van a hacer Sebita :P.**


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    Sin dudas este es uno de mis relatos favoritos (de los que escribí)..

    Muchas Gracias Franco… Veo si saco un relato más breve.


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    Le hice alguna que otra corrección.. Obviamente la tengo que trabajar, pero no me gustaría que quede en el olvido.



  • Muy buen relato, me encantó. El dinamismo que tiene es genial. Espero otro más de tus relatos 🙂
    PD: Muy buena ortografía.


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    @TENkHiD.~:

    Muy buen relato, me encantó. El dinamismo que tiene es genial. Espero otro más de tus relatos 🙂
    PD: Muy buena ortografía.

    Te agradezco que te hayas tomado el tiempo de leer el relato. Sé que es algo extenso, es por eso que no escribo mucho. Por ahí no sé hacer relatos breves que me dejen satisfecho.

    Muchas gracias de nuevo!



  • **Excelente ,esta muy buena la verdad que me encanto.

    soy re inútil para escribir pero soy muy bueno leyendo y la verdad me entretuvo.
    si fue algo muy extenso como vos decís, pero en si esta muy buena ,y buena la ortografía.

    No soy mucho de entrar a chusmear rol,pero vi el titulo que decía rufián y me mande haber que era.Obvio algo de rol pero bueno la leí y me gusto mucho

    felicitaciones**


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