La voz.



  • Esta mañana cuando desperté sentí muchas ganas de mirar el mar, unas ganas incontenibles de relajarme y oír los bellos sonidos que produce mi laúd. Fue entonces que decidí ir a la costa de Arghâl
    , ciudad en la que actualmente vivo y comenzar a mirar el mar mientras escuchaba mis melodías.
    ¡Qué paz sentí, cuanto tiempo ha pasado desde que disfrute tanto un momento como este!. Mientras me relajaba en mi gran felicidad, muchos recuerdos invadieron mi cabeza, muchos sentimientos lejanos
    se me presentaron ¿Qué es esto?, ¿qué es esta melodía?, es una canción que nunca antes había tocado y que tampoco recuerdo haber escuchado, ¿Qué soy? Me pregunto sin sentido alguno.
    Al principio no entendí que me ocurría, pero como bien todos saben, el mar trae recuerdos, recuerdos de bellas épocas, duras batallas y muestra tu presente en donde muchos amigos del pasado ya no están
    , comencé a preguntarme qué es lo que debería hacer, cuál era mi propósito, mi razón de pelear y muchas preguntas qué llenaron mi cabeza de dudas. En ese preciso momento una voz me susurra:

    Voz: Kumelén.

    Kumelén: Creo que ya comencé a perder la razón..

    Voz: Estás muy cuerdo, no es tu cabeza.

    Kumelén: ¿Quién eres? ¡Muestrate!

    Voz: No importa quién soy, como tampoco importa mostrarme.

    Kumelén: Solo conozco unos seres capaces de hacer esto, y son los Dioses.. ¡Dime quién eres!

    Voz: ¿Vas a estar toda la mañana suponiendo tonterías? ¿O prefieres oír algo interesante?

    Kumelén: No confío en ti, ¿por qué debería de oír algo de un desconocido?

    Voz: Está bien, entonces me iré si es lo que deseas.

    Kumelén: Veo que va en serio, ¿Qué quieres?

    Voz: Tus preguntas.

    Kumelén: Cómo sabes que.. un momento, ¿acaso pudiste leer mis pensamientos?

    Voz: Sí, pude verlo todo, tus dudas, tus preguntas y tus inquietudes.

    Kumelén: ..

    Voz: ¿Por qué callas?

    Kumelén: ¿Soy un asesino?

    Voz: Solo tu sabes eso.

    Kumelén: Yo… yo defiendo el reino de todo criminal por mi justicia.

    Voz: Entonces, ¿por qué ha de ser un asesino?

    Kumelén: Maté una gran cantidad de ciudadanos, aunque pagé mi fianza siento culpa.

    Voz: Ya veo, ciudadanos complotados con criminales, ciudadanos de mal corazón, ¿a eso se debió tu furia Kumelén?

    Kumelén: … Si..

    Voz: Entonces eres un asesino, manchaste tu nombre con sangre inocente.

    Kumelén: No.. ¡yo soy un ciudadano, protejo y defiendo a los ciudadanos a costa de mi vida!

    Voz: Seré simple contigo, tus preguntas y dudas provienen de tu culpa, no sabés si eres un asesino o un justiciero, pero realmente eres un asesino.
    Dime, ¿por qué te empeñas en defender a gente que solo te alaba cuando te necesita?, ¿por qué arriesgas tu vida para defender a alguien que mañana no pensará en traicionarte para vivir?

    No sabía que contestar, se generó un derrumbe dentro de mi, como si toda la felicidad de mi corazón fuese asesinada.

    Kumelén: Yo.. yo solo…

    Voz: Ahora entiendes.. debes actuar para tu beneficio, un ser como tú Kumelén ya no entra en este reino.

    Kumelén: ¿¡Por qué!? Yo siempre cuidé de todos, siempre defendí a los inocentes, ¿¡Por qué me pagan con esto!?

    Voz: La gente esta llena de odió, y un corazón tan noble es apuñalado facilmente. Piensa y recapacita que harás a partir de ahora.

    Kumelén: ¡Espera! ¿estás ahí? ¿¡Qué debo hacer!?

    Voz: Nos volveremos a encontrar.

    Me desplomo en el suelo con mis rostro lleno de lagrimas y una tristeza que invadió todo mi cuerpo, una impotencia que desprendía angustia.

    Kumelen: Será la última vez que observe actos injustos y pasaran sin juicio, ¡YA NO DUDARÉ DE NADA!

    Cegado por el llanto y la tristeza tomé mi daga, ajusté mi escudo y me dirigí hacia los Bosques de Banderbill. Llege por fin, miré hacia todas las direcciones cuando logro avistar a un joven
    hechicero junto a un druida del Ejército del Rey, me oculto para observarlos, algo no andaba bien.

    Druida: Por favor joven, estoy tratando de aprender el conjuro apocalípsis para fortalecerme ¡ya no me moleste mas!

    Hechicero: No es mi problema mula del Rey, ¡haré lo que me plazca!

    Al escuchar eso, sentí una furia que nunca antes había sentido, un odio incontenible de ver sangre derramada por lo que hice presencia ante estos dos y les dije.

    Kumelen: Un ciudadano que se esconde en multitudes y no le importa pisar a los demas para su beneficio.

    Hechicero: ¿Quién eres? ¿No estás bien verdad?

    Kumelen: Un verdugo del Rey que no tiene la mínima idea de sus ideales y no sabe lo que defiende.

    Druida: ¿Disculpe? ¿Por qué esa falta de respeto hacia mi?

    Kumelen: Ahora mismo te lo diré.

    Dicho esto, concentre toda mi fuerza mágica sobre mi laúd y canté el hechizo apocalípsis, el hechicero se desplomo muerto en el suelo.

    Druida: ¡Maldito Asesino! ¡Ahora verás mi poder, ni tu vida será suficiente para pagar tu crimen!

    Kumelen: No toleraré mas actos impuros, morirán todos aquellos que sean guardianes de la injusticia.

    El druida intenta atacarme rápidamente, pero mi velocidad era mucho mas alta que la suya por lo que logro apartarme y preparar un ataque devastador. Me coloque delante de el sin que puede
    darse cuenta y clave mi daga en su pecho generando una parálisis momentánea, seguido a esto conjuré el hechizo apocalípsis.

    Druida: ¿Po..por.. qq qué?

    Kumelen: Qué los dioses se apiaden de tí, a partir de hoy asesinaré a cada uno de los impuros que dicen ser Justicieros.

    El druida con sus ultimas fuerzas levanta la cabeza para mirarme y cae muerto finalmente. Terminado mi trabajo, me fui en busca de mas sangre y prometí que vengaría cada acto malvado que
    presenciara, pero aún no me explico… ¿Qué fue esa voz?


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